miércoles, abril 19, 2006

Swastika

Primero que nada: ¡Qué no cunda el pánico! Los visitantes habituales saben que soy una criatura particularmente enemiga del racismo y de cualquier forma de violencia (es más, particularmente enemiga de toda forma de violencia) pero para los extranjeros, aviso que no soy nazi. Quizás soy tan nazi como es posible serlo sin ser aria ni gustar del racismo ni de la división de clases ni de la guerra, y es por eso que vengo a hablar del asunto. Comparto con los nazis los ideales de defensa de la propia cultura, más la importancia de los lazos de sangre (en mi caso, no por ser de sangre pero por algo muy similar) y en la importancia en general del significado de las cosas, de las figuras y mitos ancestrales, de nuestras raíces y sus creencias, de la magia, y en definitiva, de toda arte, estética y misticismo, cosas que, reunidas en mi opinión bajo la acepción de magia, conforman todo el sueño romántico germano.


Se trata de este caso del símbolo adoptado por Hitler y sus amigos para Alemania en el Tercer Imperio: la cruz esvástica, o gamada. Gamada es por la letra griega Gamma, Γ, cuya forma se repite al final de cada uno de los rayos. Sin embargo, este nombre la relaciona con la tradición del Sur, con la que poco y nada tiene que ver.


La Swastika es el símbolo más sagrado de los antiguos Anglosajones, y en general de toda la europa del Norte precristiana. No por nada la eligieron, claro. Es un símbolo mágico que representa el poder del fuego, y la grababan en armas y herramientas para llevar con ellos el poder del dios del trueno, Thor. No es Thor la designación bajo la cual aparece, pero es el mismo dios, portador del martillo y forjador de rayos. Estaba asociada también con el Sol.


Mi interés particular en ella es por ser, precisamente, el símbolo del poder mágico del fuego, elemento que admiro y amo por sobre todos: pues tiene la capacidad de disolver, de quitar la forma para dar otra nueva, de fundir y purgar para convertir en algo más puro, de convertir el sedimento en granito y el carbón en diamante. Lo que se templará primero debe pasar por fuego para después pasar por el hielo. El fuego es el principio y la necesidad de la vida, así como el agua su vehículo. El fuego es la mejor imagen del alma y del impulso, de la magia y del poder: de los círculos y corrientes de fuerzas dando forma a las cosas en sus choques. Revela que la realidad no es esa cosa firme que parece al tocar las paredes sino que se puede parecer más bien a lo que sucede cuando, llenos de energía, no sentimos que nada pueda detenernos, y nuestra fuerza es más grande que de corriente, y hacemos cosas de las que después nos admiramos y fascinamos. El fuego, además, es hermoso, y puro, purificador. Asesino es solo consecuencia de la voluntad de invertir su símbolo, y usar el principio de la vida para su destrucción. Pero ni el fuego salvaje carece de propósito ni deja al final de producir más vida con su arder y consumir.


Ahora mismo somos consumidos por una llama en nuestra alma que nos empuja hacia un destino ardiente y esplendoroso, pero que duele ver como duele quemarse en él. Tememos acabar convertidos en humo. Como dicen los germanos, tenemos una vela, y si se apaga, adios. Pero el temor de consumirla puede hacer que se apague cuando aún tiene parafina por arder.


Existe, desde luego, el símbolo del hielo, que si mi ánimo me lleva a él reproduciré. Es la runa Hagal, o Hagalaz, que ha sido tomada también como simbología nazi. Pero es hora de que se separe de ella.


Y aquí pongo mi versión del símbolo nordico del fuego, que tanto amo. He de confesar, al margen de eso, que siempre me gustó mucho la Swatika, como el pentagrama invertido, y no sé si es porque son verdaderamente bellos y fascinantes, o porque vino inserto en mi cultura, casi en mi sangre. Aunque también adoro el Dragón Rojo, que poco y nada tiene que ver, y unas cuantas cosas por el estilo...



PD: Los brazos algo torcidos son producto de errores de inspiración. Y algo de bibliografía, de acá

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