martes, mayo 24, 2005

Estoy considerando cambiar el nombre de este blog, y llamarlo Milay, para poder, por fin, dedicarselo sólo a ella.

Imagino luego de la vida que no vamos a compartir, volviendo a los campos soleados, a las praderas verdes, a donde sólo pudiera mirar sus ojos. Las playas y el rugido del mar. Su cabello rubio al viento, largo. El viento soplando y alargando en nuestros oídos los llantos de los pájaros. Los rayos del sol filtrándose violentos entre las nubes, ¡brillando en su iris dorado! ¡Nunca lo veré!

¿Cuantas vidas tendré que entregar para eso? ¿Todo mi trabajo, me acercará algo al destino?

lunes, mayo 09, 2005

Como ven, reordené mi vida. De eso formaba parte, abandonar este simpático blog de oscuridad.

Y aquí estoy, pero no me trae la oscuridad, sino la sencilla felicidad. Y quiero mantener mis crónicas al día.
Esta semana pasada no estudié. Eso está muy mal.
Hoy fui a la feria del libro a ver si me había ganado algo en el concurso de poesía de Baobab... nada.
Dibujé en los individuales de la Continental, cuando mis abuelos me llevaron a comer... es que estoy empezando el sistema de signos del paganismo roán. Todavía no logro darles significado.
Estuve muy mal: no escribí mensajes en las servilletas ni revisé por si encontraba uno del Conde.
Tampoco intenté redactar mejor este mensaje, ni convertir mi diario en un diario auténtico, consignando hechos verdaderamente importantes de mi vida. Tal vez, claro, no los haya... Pero si debería anotar las cosas que me permitan conocer el tiempo que viví, cuantas cosas pasaron y en que lo empleé... Que el jucio me agarre con este blog repleto de argumentos, y no se huecos. ¡Ojalá! Ni a mi mismo me puedo ser fiel. Pero tal vez esto no sea tan extraño, y lo más difícil sea sernos fieles a nosotros mismos...

¡Ah! Debo contar algo antes de hablar de ella. Mariana se bautizó a si misma Milay, sin saberlo: pues me dijo que a Ella debíamos llamarla de algún modo para no perdernos. Resulta que de un cuento que le gustó mucho de su infancia extrajo ese nombre, y se lo puso a mi amada imposible. Le pegó en la M. Dice que, por el cuento, le pondría ese nombre a su hija: y aseguro que, si su hija llega a ser también mía, se va a llamar así. Obvio. ¿Alguien lo duda? ¡Atrás!

Pues Milay ya abandonó su chat. Posiblemente haya recostado su suave cabeza de cascado y rubio cabello sobre la cálida almohada: e inspira beatitud sólo imaginarlo. Pero ahora, en este instante, no puedo aún desesperarme por verlo, pues tengo la esperanza de verlo algún día.

Hablé con ella de todo un poco: prometió enseñarme portugués, me recordó porque no puedo alegrarme de que haga frío.
Y ahora sigo en el chat de Tolkien, supongo que un largo rato más. No tengo sueño, no tengo ansias: sólo una paz. Podría continuar así por siempre.

Si algo me gustaría, es mañana por la mañana tener ánimos: caminar hasta alguna Iglesia gótica, y arrodillarme ante el Santísimo. Y allí, silencio y paz, y meditación.