Novedad
Las cosas son nuevas en el mismo momento de manifestarse. Así, cada vez que alguien siente amor, su amor es tan nuevo, universal y absoluto como el primer amor en el sentido temporal, ya que la esencia del amor se manifiesta entera en ese sentimiento. También cada vez que es evocada una palabra, o a través de ella una cosa o una emoción, es nueva esa palabra. En ese caso la emoción llamada no parece necesariamente ser nueva, porque aunque la palabra pretenda evocarla, no es más que una flecha, que si no evoca nada, si es un nombre vacío de una amada nunca conocida, no existe, y por lo tanto, no tiene novedad. Si una emoción dejara completamente de existir en el mundo, cosa que creo imposible, se comprendería decir que es vieja, con lo que más bien se pretende decir "inexistente". Porque lo único existente y absoluto es lo real ahora, sea en recuerdo, en presencia o en potencia. El amor eterno es ya. Porque si no hay amor ya, tampoco hay amor en la eternidad.
Esa es la maravilla de las verdaderas emociones. Cuando decir "te amo" evoca un sentimiento que no existe, es un amor viejo. La vejez es una construcción mental. Viejo es lo muerto, no lo pasado: porque si ese pasado es presente, es nuevo, esta vivo, y late, fluye, crea, construye, ama, vive.
Esa es la maravilla en verdad del mundo, porque basta abrir los ojos para descubrir que es nuevo, porque nuevamente sigue ahí. No hay vejez sino para lo muerto. Solo eso es la marca de la decadencia.
No sé como impedir que nosotros muramos. Siento que la muerte es un daño terrible, pues solo perder el amor me haría desearla. Pero sé que podemos hacer vivir lo que reside en nosotros y nuestro alrededor, mientras el tiempo que tengamos vida.
Lo nuevo es siempre asombroso: el mundo es siempre una maravilla. Me gusta contemplarlo todo el tiempo con ojos de recién nacido, abiertos y fijos, perdidos en todo y en nada, fascinados. Muchas cosas en el me desagradan, tan incomprensiblemente como cuando era pequeño, y por eso lloro, también como cuando era pequeño: y realmente no siento diferencia entre ese entonces y ahora, excepto que ahora sé lo que necesito saber para sobrevivir a esta edad y con las necesidades que le corresponden al aumento en mi poder. Sé que mis sentimientos cambiaron levemente, y de emocionarme hasta la desesperación al pensar en mis padres paso a sorprenderme en lágrimas al mirar niños pequeños, o al recordar a mi amada y desvariar con futuros posibles. Esas cosas cambiaron: pero nada más. Sigo siendo un niño asombrado, sigo llorando cuando no comprendo algo, y sigo amando con toda el alma lo que inexplicablemente me hace amar, y me llama a vivir.
Esa es la maravilla de las verdaderas emociones. Cuando decir "te amo" evoca un sentimiento que no existe, es un amor viejo. La vejez es una construcción mental. Viejo es lo muerto, no lo pasado: porque si ese pasado es presente, es nuevo, esta vivo, y late, fluye, crea, construye, ama, vive.
Esa es la maravilla en verdad del mundo, porque basta abrir los ojos para descubrir que es nuevo, porque nuevamente sigue ahí. No hay vejez sino para lo muerto. Solo eso es la marca de la decadencia.
No sé como impedir que nosotros muramos. Siento que la muerte es un daño terrible, pues solo perder el amor me haría desearla. Pero sé que podemos hacer vivir lo que reside en nosotros y nuestro alrededor, mientras el tiempo que tengamos vida.
Lo nuevo es siempre asombroso: el mundo es siempre una maravilla. Me gusta contemplarlo todo el tiempo con ojos de recién nacido, abiertos y fijos, perdidos en todo y en nada, fascinados. Muchas cosas en el me desagradan, tan incomprensiblemente como cuando era pequeño, y por eso lloro, también como cuando era pequeño: y realmente no siento diferencia entre ese entonces y ahora, excepto que ahora sé lo que necesito saber para sobrevivir a esta edad y con las necesidades que le corresponden al aumento en mi poder. Sé que mis sentimientos cambiaron levemente, y de emocionarme hasta la desesperación al pensar en mis padres paso a sorprenderme en lágrimas al mirar niños pequeños, o al recordar a mi amada y desvariar con futuros posibles. Esas cosas cambiaron: pero nada más. Sigo siendo un niño asombrado, sigo llorando cuando no comprendo algo, y sigo amando con toda el alma lo que inexplicablemente me hace amar, y me llama a vivir.