Regreso y nueva partida
Ya estoy en casa de vuelta. La apestosa esquina sigue infernalmente igual que siempre, y realmente me reinstalé tan rápido que apenas noto que pasó algo en el medio. El veraneo una vez pisado este suelo siempre amargo, gris y doloroso, se esfuma como si nunca hubiera existido, como amanecer de un sueño luminoso a la perpetua negra realidad.
Pero esta vez hay algo que más allá de toda cuestión, y no solo por recuerdos, hace que haya pasado tiempo: la fecha indica el lapso y se parece cada vez más a la del absolutamente real pasaje que me asegura un asiento en un ómnibus que sale de Retiro el jueves 2 de febrero a las 18:30 horas, para un largo viaje hacia el Sur, hasta las ocho cuarenta del día siguiente.
Siento una enorme excitación que me revuelve el estómago, nervios ansiosos y vivos. Creo que no tiene sentido hacerme el duro y voy a admitir que tengo mucho miedo, no de fracaso ni de nada malo, sino simplemente miedo a lo desconocido, porque siento que me voy a enfrentar a cosas que realmente no conozco, y objetivamente puedo decir que es así. Más allá de eso, siento un enorme entusiasmo, una premura por partir y que pasen estos dos días: pero no, estos dos días los voy a pasar ocupado preparando y controlando. Entonces, más que nada, me van a impactar los nervios y la excitación.
Solo dos días... solo dos días... dentro de 48 horas ya voy a haber subido al ómnibus. Es difícil que puedan entender lo que siento ahora, aunque tal vez si lo entienda quien me espera...
Pero esta vez hay algo que más allá de toda cuestión, y no solo por recuerdos, hace que haya pasado tiempo: la fecha indica el lapso y se parece cada vez más a la del absolutamente real pasaje que me asegura un asiento en un ómnibus que sale de Retiro el jueves 2 de febrero a las 18:30 horas, para un largo viaje hacia el Sur, hasta las ocho cuarenta del día siguiente.
Siento una enorme excitación que me revuelve el estómago, nervios ansiosos y vivos. Creo que no tiene sentido hacerme el duro y voy a admitir que tengo mucho miedo, no de fracaso ni de nada malo, sino simplemente miedo a lo desconocido, porque siento que me voy a enfrentar a cosas que realmente no conozco, y objetivamente puedo decir que es así. Más allá de eso, siento un enorme entusiasmo, una premura por partir y que pasen estos dos días: pero no, estos dos días los voy a pasar ocupado preparando y controlando. Entonces, más que nada, me van a impactar los nervios y la excitación.
Solo dos días... solo dos días... dentro de 48 horas ya voy a haber subido al ómnibus. Es difícil que puedan entender lo que siento ahora, aunque tal vez si lo entienda quien me espera...