Después de todo, era verdad: las sensaciones son sólo sensaciones. No se trata de que estén o no justificadas, de que haya o no causa, de que la causa sea esta o tal otra. Se trata de las sensaciones en sí, del sentir, y de lo que ellas significan.
Por ejemplo, el miedo; ¿qué es el miedo? ¿Alguien sabe qué es lo que verdaderamente provoca el miedo? Usualmente se dice o se supone que el miedo es morir: que el miedo es a morir. Entonces, se supone que el miedo es la sensación de desesperación causada o referida a la Muerte. Esto es hasta incoherente: el miedo es una sensación de vivos, y los vivos no han probado la Muerte. La muerte no puede ser causa de nada en ellos.
El miedo es, ante todo, miedo. Se define por sí mismo en tanto reconocemos algo como miedo. Pero, ¿qué, entonces, es el motivo que nos lleva a temer? Nada en particular: aquello que nos parece temible. Aquello que está asociado con el miedo, aquello que creemos que nos debe dar miedo. Aquello que tal vez incluso nos han enseñado o hemos aprendido por cuenta propia que debemos temer. No importa el origen. Hay personas que enfrentan la Muerte, el peor de los males piensan unos, sin resabio de temor. Y algunos piensan que esto es por Locura, por incapacidad de ver la Realidad tal como es, diciendo entonces que la Realidad de quien va a morir es por definición terrorífica. Llaman locos a todos aquellos que creen en esperanza más allá de la Muerte, y que por tanto no la temen. Bien, el temor puede desaparecer por lo que llamáramos "Locura", pero sea como sea, el temor en sí a desaparecido. No era tan inevitable como preconizaba ser. Resultó ser abatible, descartable - añadido.
¿Qué es el temor entonces? No hemos hallado una respuesta, ni la hallaremos de esta manera. ¿Acaso el temor tiene realmente causas? Si nosotros podemos decir que tememos y qué no; si el hombre puede temer su bien y enfrentar su mal sin reservas de miedo; ¿cómo podemos decir que el miedo está en su causa? "Es lógico que tengas temor" - es más una frase de comprensión y consuelo que estricta verdad. Lo lógico de tener temor es si nuestro temor es de algo que creemos temible. El hecho de creer algo temible ¡lo hace temible! - pero esto no es así porque nosotros seamos todopoderosos y controlemos nuestro temor: es así ¡por la naturaleza misma del temor!
El temor es una sensación - una sensación es el miedo. La sensación no es la Realidad. Es una forma de ella. "Esto o aquello son temibles, maravillosos, amables..." pero eso es nada más que un aspecto de "esto o aquello". "Esto o aquello" son algo más que temibles o amables o lo que sea que nos produzcan según nuestros juicios: esto o aquello son en sí lo que son. Los juicios proceden de un agregado, nuestra mente: y si proceden, viven, nacen y mueren en nuestra mente, es nuestra mente la que los crea, la que los mantiene, la que los ama o los destruye. Y no porque la mente sea todopoderosa y alcance con sus construcciones a los objetos: sino porque los objetos mentales, los sentimientos, viven en la mente, y la mente tiene dominio sobre sí misma.
También la alegría es una sensación, y nada más que una sensación; cuando digo nada más, quiero decir "no es un objeto". No es algo externo, algo que viene a nosotros; ni tampoco es algo que sale de nosotros. Es algo que nace, crece, se reproduce y muere adentro nuestro, porque allí es el único lugar donde puede vivir. Cuando sale de nosotros, necesita de ángeles - mensajeros - que las cuiden, y aún así rara vez llegan bien a destino. Hemos creado muchos caminos para hacerlo, muchos ductos por los que vuelan los ángeles diciendo nuestras sensaciones: como las palabras habladas, gestos, letras, imágenes. Pero todas esas sensaciones siguen viviendo en el interior de la Mente, de cada una de las mentes. Y no provienen de afuera: son internas.
¿Por qué, entonces, no sentir siempre alegría? Es la que, entre todas las sensaciones, preferimos; y yo suelo decir que vivo para ser feliz: o que eso es lo que quiero alcanzar en la vida. ¿Por qué no soy feliz, entonces, si la felicidad es sólo una sensación, en el sentido de que vive en mi mente, de que la creo yo? He descubierto que muchas veces no quiero crear esa felicidad, ni creo en absoluto en ella.
Odio esa paz ficticia que me creo cuando creo que la merezco a modo de "descanso". Odio esa paz cuando la sensación que me domina es estar cansado, agotado de la Realidad, sin saber porqué, buscando, todo el tiempo buscando, justificación. Y la verdad es que yerro en el lugar donde voy a buscar la justificación, porque el motivo que llama a buscarla, es la excusa, el miedo, ¡la huida! "El exilio" lo llamo cuando huí: el exilio al que me ha condenado mi propia alma. ¿Por qué? Esto es, lo más asombroso de todo:
Porque sí.
Pero... sí, pero puedo elegir.
Aún tengo vida.
Aún tengo alma.
Aún tengo fé.
Aún tengo esperanza.
Voy a ser feliz.
Soy libre.