Aseir
Estando en la sala mi abuelo, mi primo y mi mamá, mi abuelo comentaba:
- Sí, ahora hay guardavidas, tiene un "gran lomo", como dicen. Estuvimos al lado de su puestito.
El día anterior me había metido yo al mar agitado con viento frío, nadie en el agu y ningún bañero a la vista. Desprecio, un poco insensatamente, es verdad, la necesidad de tener a alguien cuidando.
Acoté mordazmente desde el baño, donde estaba tirando la yerba del mate:
- Je, me da más seguridad Thor que el guardavidas.
El silencio que recibí como respuesta me heló el aliento. Nadie entendió ni asumió mi chiste, pero me perturbó la impresión de que tal vez vieron el insulto que lo subyacía, el insulto contra sus dioses y contra sus temores. O incluso más allá, tal vez vieron el filo de la daga que amenaza, aunque yo creí que estaba perfectamente oculta.
Mi abuelo respondió algo vacilante, pero con un tono que reconocí como el que pone cuando no me entiende por el llamado "choque de generaciones".
- Thor... ¿el vikingo?
Más allá del error de rigor (no es un vikingo, es un dios nórdico), la pregunta me dejó desnudo: no era ni en broma mi punto expresar confianza y admiración al dios del trueno, sino más bien defenestar al guardavidas al acusarlo de más ineficaz que un ídolo supersticioso. Que mal que me salió, me hace pensar que en el fondo, mi intención era alabar a Thor, y que advirtiéndolo, se alarmaron. O quizás simplemente no pueden bajar al guardavidas del altar, de manera tal que al alabar al dios por sobre el hombre, interpretaron que le hice un gran halago.
- Sí, el vikingo... si, no, quiero decir que es lo mismo, porque yo ayer me metí en... - explicación de circunstancias.
- Ah - dijo sin interés mi abuelo, mi único interlocutor.
Ahí murió el tema en un silencio familiar, que dice "No entendimos que pasó, mejor tapémoslo".
Lo escribo antes de que quede en el olvido.
¿Es posible que yo sea, efectivamente, un Mazoku, un ser de "oscuridad"?
Disfruto de reir, soy feliz en la felicidad, pero le temo a la alegría por estar tan cerca de esa espantosa mentira, la euforia, que simula alegría y en realidad es una patética fachada que oculta una cueva de podredumbre.
Y puedo decir, o al menos eso creía, que disfruto de la felicidad por sobre todo. Sí, es verdad, disfruto por sobre todo de la felicidad, del entusiasmo romántico, del amor. Es lo más maravilloso que hay, pero no se da todos lo´s días y a toda hora... Entonces, ¿qué disfruto el resto del tiempo?
Bueno, esa es la cosa, descubrí que no solo disfruto positivamente de la tristeza, sino de casi todos los malos sentimientos. Me producen una relajación asombrosa, me siento libre, en desafío, vivo. Tal vez lo que busco es simplemente cosas fuertes que me demuestren que estoy vivo, y cuando no las hayo en lo bueno las hayo en lo triste.
El caso es que ayer mi primo se sacó un poco al empezar una discusión sobre la pena de muerte y, un poco después, sobre el sentido de la organización del estado y la sociedad. Nunca había percibido, tal vez por no prestar atención, como todo mi ánimo soporífero que me embotaba en la pseudo alegría de la cena se esfumaba ante una disputa, ante un desafío donde yo entraba, como me sentía vivo, fuerte y entusiasmado, con una felicidad casi siniestra por haberse quebrado el orden mediocre.
Mi abuelo dijo que tuvo que ir a mirar dibujitos animados para tranquilizarse, a pesar de que él no participó en absoluto en la discusión. Me resultó asombroso. Por supuesto que si yo tuviera la culpa de ponerlo nervioso me sentiría mal y, sobre todo, procuraría que no esté mal, pero realmente no esperaba que pudiera afectarles una discusión acalorada (sin gritos ni malos tratos, aclaro) entre mi primo y yo, aunque sé que bueno, no están muy de acuerdo con nuestros puntos de vista y es muy probable que cuando puteamos unánimente la mediocridad se sientan algo identificados y agredidos, ya que parte de la mediocridad puteada consiste precisamente en preferir la armonía artificial y soporífera a la discusión esclarecedora, simplemente por temor a dar lugar a cambios o "para no tratarse mal".
Bueno, ahora en el cyber me cuesta un poco extenderme sobre el asunto de la mediocridad y lo concreto que estábamos discutiendo, el post tenía como tema el asombro que sentí de relajarme y sentirme feliz en el medio de las discusiones o los ambientes hostiles. Pero seguro que voy a volver sobre el tema en concreto que discutíamos.
Encontré a mi primo asombrosamente satanista, adorador del impulso vital. Eso comprueba mi teoría de que, aunque parezca mentira, esa forma de ver el mundo subyace en la cultura que nos dieron y de la que ahora reniegan. Aunque se hagan los católicos santos, hay cosas que no se pueden ocultar. En fin.
- Sí, ahora hay guardavidas, tiene un "gran lomo", como dicen. Estuvimos al lado de su puestito.
El día anterior me había metido yo al mar agitado con viento frío, nadie en el agu y ningún bañero a la vista. Desprecio, un poco insensatamente, es verdad, la necesidad de tener a alguien cuidando.
Acoté mordazmente desde el baño, donde estaba tirando la yerba del mate:
- Je, me da más seguridad Thor que el guardavidas.
El silencio que recibí como respuesta me heló el aliento. Nadie entendió ni asumió mi chiste, pero me perturbó la impresión de que tal vez vieron el insulto que lo subyacía, el insulto contra sus dioses y contra sus temores. O incluso más allá, tal vez vieron el filo de la daga que amenaza, aunque yo creí que estaba perfectamente oculta.
Mi abuelo respondió algo vacilante, pero con un tono que reconocí como el que pone cuando no me entiende por el llamado "choque de generaciones".
- Thor... ¿el vikingo?
Más allá del error de rigor (no es un vikingo, es un dios nórdico), la pregunta me dejó desnudo: no era ni en broma mi punto expresar confianza y admiración al dios del trueno, sino más bien defenestar al guardavidas al acusarlo de más ineficaz que un ídolo supersticioso. Que mal que me salió, me hace pensar que en el fondo, mi intención era alabar a Thor, y que advirtiéndolo, se alarmaron. O quizás simplemente no pueden bajar al guardavidas del altar, de manera tal que al alabar al dios por sobre el hombre, interpretaron que le hice un gran halago.
- Sí, el vikingo... si, no, quiero decir que es lo mismo, porque yo ayer me metí en... - explicación de circunstancias.
- Ah - dijo sin interés mi abuelo, mi único interlocutor.
Ahí murió el tema en un silencio familiar, que dice "No entendimos que pasó, mejor tapémoslo".
Lo escribo antes de que quede en el olvido.
¿Es posible que yo sea, efectivamente, un Mazoku, un ser de "oscuridad"?
Disfruto de reir, soy feliz en la felicidad, pero le temo a la alegría por estar tan cerca de esa espantosa mentira, la euforia, que simula alegría y en realidad es una patética fachada que oculta una cueva de podredumbre.
Y puedo decir, o al menos eso creía, que disfruto de la felicidad por sobre todo. Sí, es verdad, disfruto por sobre todo de la felicidad, del entusiasmo romántico, del amor. Es lo más maravilloso que hay, pero no se da todos lo´s días y a toda hora... Entonces, ¿qué disfruto el resto del tiempo?
Bueno, esa es la cosa, descubrí que no solo disfruto positivamente de la tristeza, sino de casi todos los malos sentimientos. Me producen una relajación asombrosa, me siento libre, en desafío, vivo. Tal vez lo que busco es simplemente cosas fuertes que me demuestren que estoy vivo, y cuando no las hayo en lo bueno las hayo en lo triste.
El caso es que ayer mi primo se sacó un poco al empezar una discusión sobre la pena de muerte y, un poco después, sobre el sentido de la organización del estado y la sociedad. Nunca había percibido, tal vez por no prestar atención, como todo mi ánimo soporífero que me embotaba en la pseudo alegría de la cena se esfumaba ante una disputa, ante un desafío donde yo entraba, como me sentía vivo, fuerte y entusiasmado, con una felicidad casi siniestra por haberse quebrado el orden mediocre.
Mi abuelo dijo que tuvo que ir a mirar dibujitos animados para tranquilizarse, a pesar de que él no participó en absoluto en la discusión. Me resultó asombroso. Por supuesto que si yo tuviera la culpa de ponerlo nervioso me sentiría mal y, sobre todo, procuraría que no esté mal, pero realmente no esperaba que pudiera afectarles una discusión acalorada (sin gritos ni malos tratos, aclaro) entre mi primo y yo, aunque sé que bueno, no están muy de acuerdo con nuestros puntos de vista y es muy probable que cuando puteamos unánimente la mediocridad se sientan algo identificados y agredidos, ya que parte de la mediocridad puteada consiste precisamente en preferir la armonía artificial y soporífera a la discusión esclarecedora, simplemente por temor a dar lugar a cambios o "para no tratarse mal".
Bueno, ahora en el cyber me cuesta un poco extenderme sobre el asunto de la mediocridad y lo concreto que estábamos discutiendo, el post tenía como tema el asombro que sentí de relajarme y sentirme feliz en el medio de las discusiones o los ambientes hostiles. Pero seguro que voy a volver sobre el tema en concreto que discutíamos.
Encontré a mi primo asombrosamente satanista, adorador del impulso vital. Eso comprueba mi teoría de que, aunque parezca mentira, esa forma de ver el mundo subyace en la cultura que nos dieron y de la que ahora reniegan. Aunque se hagan los católicos santos, hay cosas que no se pueden ocultar. En fin.
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