martes, enero 31, 2006

Noche del alma

Esto primero fue escrito hace unos días bajo el influjo del "dique" que detiene mi sinceridad en mis sentimientos. Lo aclaro porque fue muy superado.

Golpeo las pueras del Reino de la Noche. Sé lo qu hay allí, y mantengo un recuerdo dulce y vivo de ello en mi corazón... pero una violenta barrera me impide desatarlo. En el Reino hay armas para cortar las ataduras, ganzúas para forzar las puertas, proyectiles para perforar el dique.

¡Por favor, ábranme, habitantes de las sombras! No busco refugio, sino Noche; me aterroriza la seca calidez del día.

Entonces comienzo a buscar medios para atravesar las puertas. Me acuerdo de las cosas que me lo han permitido, pero evocarlas no es traerlas, sino que es buscar la llave para encontrarlas, la llave de una llave. ¡Qué en vano se me hace! ¿Por qué no puedo otra vez soñar? ¿Qué mantiene en alto la barrera queme separa de la verdad?

¡Atrás, seca mediocridad! ¡Volverá a sentir cuando te haya dejado a un lado. ¿Cuánto me tomará?



Odio esta muerte que mi vida penetra enturbiando cada vaso de agua clara, justo antes de que moje mis labios.

Dadme la gracia de volver a vivir. ¡Dadme la sangre que amo, que me voy a extinguir!
¡Ahora te veo, perverso, acechante!
Enemigo oculto y enmascarado.
No me dejabas oir del amor el llamado
el susurro lejano del corazón enamorado
No oía nada aturdido por tu ruido
¡Cruel, abyecto, perverso, malvado!
¡Oh día mil veces odiado!
¡Correré a la Noche,
y allí haré derroche
de amor y de llanto!




Esto es otra cosa que no tiene nada que ver con nada, o mejor dicho, tiene que ver con todo.

Abandonar todo es algo que una sola vez en la vida puede hacerse. Tal vez en una vida larga e intensa, y con catástrofes de por medio, pudea hacerse dos. De cualquier manera es siempre una catástrofe el origen de la voluntad, decisión o acción de abandonarlo todo.

Dos cosas ocupan el ánimo del que abandona así posesiones y amores: la huída y la esperanza. La huida de los fantasmas del miedo, la mediocridad, el encierro, la rutino, y la esperanza de que aún hay allá, tras ese horizonte, una vida digna de vivirse.

Todos hemos querido alguna vez hacerlo, y quizás lo hicimos en dosis pequeñas mientras nos acostumbrábamos a la idea. Pero tener que hacerlo realmente, más allá del valor innegable que implica, no es algo que sea deseable, pues como dije, sólo por la mediación de una catástrofe puede ser salida dejar lo conocido atrás.

Si voy a abandonar todo alguna vez, será de joven, para seguir mi camino propio y sin dictar por nadie, lejos de los motivos de mis temores. Mi juventud aún dura, pero ya se acerca su ocaso, y debo saber si los cataclismos de mi familia y amistades, así como el quiebre fatal entre el paisaje de mi ciudad y lo que yo desearía, son suficiente motivo para huir. No está de más hacer intentos, ver que pasa en pequeños tiempos lejos de Buenos Aires. Mi hermano hizo eso, pasó un año en Viedma. Él eligió volver, pero él es muy distinto de mi. Huir, irme lejos, dejar todo atrás... sé que sería hermoso. ¿Qué me impulsa a hacerlo, y qué me detiene?

¿Lo haré?




Pego dos proto poesías que no pueden ir al Nimeovük.

¿Cuanto puede sangrar una herida
cuantos versos puede llorar un corazón?

No más dique, no más muro
no más freno a la pasión

Tengo miedo, tanta sangre, me podría anegar.
Tal torrente de ilusiones, ahí podría naufragar.
Y no quiero, ahora que amo, ahogado terminar.
Me desprendo, me desato, de la cuerda para ahorcar.

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Muchas voces me llaman
a alejarme de mi alma;
no hago caso, que si oyera
la tristeza me invadiera.
¡Cómo yo lo permitiera
en esta hora iluminada!

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