¡¡¡Basta!!!
¿Qué te detiene?
Impío, atroz, alevoso.
Resuenan los pasos entre los matorrales, matas de flores, arbustos, un camino arbolado. Un hombre armado con su espada avanza por un sendero de lajas de granito entre hierba verde como la esmeralda, y plagado de musgo.
Las sombras de los árboles son arabescos sobre el suelo.
Aparece frente a él una sombra, un espectro. Dentro de la luz de la mañana, una figura de negro se mueve envuelta en niebla que se arremolina como un manto, y la tela negra no tiene destellos a la luz, como si fuera de noche. La sombra se cruza adelante suyo, saliendo de la floresta para volver a internarse en ella.
El día del caballero fue trocado, y la luz del sol no le parece más real, si una sombra fue capaz de eludirla. Ahora es como si la córnea de sus ojos hubiera sido espejada, y viera todo desde detrás del cristal. La luz del día es opaca, y lo que se transparenta en verdad es una sombra que aparece de desaparece.
Pero: ¿cambió su naturaleza la luz? ¿Qué debería hacer el caballero?
Se supone, al menos todo caballero cree, que su historia tiene un propósito y una moraleja, que el caos se ordena en armonía y que el azar es solo una apariencia. Se supone que las cosas no suceden solo para desestabilizar nuestro mundo.
¿Pueden explicar la historia del caballero?
Yo la escribí y no puedo.
Siento que Dios hubiera hecho cosas muy similares con mi vida. Eso se llama desasosiego.
Y el sentido de escribir es bien distinto de lo que terminé escribiendo: yo quería decir que me cansé de no soñar. Amo pensar que esto que estoy haciendo da vida a espíritus, y que ellos son el único propósito de la existencia. Lo amo con desesperación, es decir, con miedo. Pero tengo miedo. Tengo mucho miedo. Por eso mi afán de soñar se pierde en incoherencias, y mi historia se convierte en una secuencia de imágenes incomprensible.
Hoy dormí mucho, y voy a dormir mucho más. El miedo va a pasar, y solo quedará paz. ¡Por favor, ayudenme! No quiero tener más miedo...
¿Qué te detiene?
Impío, atroz, alevoso.
Resuenan los pasos entre los matorrales, matas de flores, arbustos, un camino arbolado. Un hombre armado con su espada avanza por un sendero de lajas de granito entre hierba verde como la esmeralda, y plagado de musgo.
Las sombras de los árboles son arabescos sobre el suelo.
Aparece frente a él una sombra, un espectro. Dentro de la luz de la mañana, una figura de negro se mueve envuelta en niebla que se arremolina como un manto, y la tela negra no tiene destellos a la luz, como si fuera de noche. La sombra se cruza adelante suyo, saliendo de la floresta para volver a internarse en ella.
El día del caballero fue trocado, y la luz del sol no le parece más real, si una sombra fue capaz de eludirla. Ahora es como si la córnea de sus ojos hubiera sido espejada, y viera todo desde detrás del cristal. La luz del día es opaca, y lo que se transparenta en verdad es una sombra que aparece de desaparece.
Pero: ¿cambió su naturaleza la luz? ¿Qué debería hacer el caballero?
Se supone, al menos todo caballero cree, que su historia tiene un propósito y una moraleja, que el caos se ordena en armonía y que el azar es solo una apariencia. Se supone que las cosas no suceden solo para desestabilizar nuestro mundo.
¿Pueden explicar la historia del caballero?
Yo la escribí y no puedo.
Siento que Dios hubiera hecho cosas muy similares con mi vida. Eso se llama desasosiego.
Y el sentido de escribir es bien distinto de lo que terminé escribiendo: yo quería decir que me cansé de no soñar. Amo pensar que esto que estoy haciendo da vida a espíritus, y que ellos son el único propósito de la existencia. Lo amo con desesperación, es decir, con miedo. Pero tengo miedo. Tengo mucho miedo. Por eso mi afán de soñar se pierde en incoherencias, y mi historia se convierte en una secuencia de imágenes incomprensible.
Hoy dormí mucho, y voy a dormir mucho más. El miedo va a pasar, y solo quedará paz. ¡Por favor, ayudenme! No quiero tener más miedo...
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