Vida
Debo anunciar que, aunque yo continuaré aquí como hasta ahora, como si fuera completamente esotérico, este blog en rigor dejó de serlo. Están autorizados a entrar (y de hecho lo hacen con regularidad) algunos familiares míos, y todos mis amigos.
Se lo cuento básicamente a mis cuatro comentaristas, digo porque el resto no comentan jamás, mala costumbre en mi opinión... ¬¬
Unas gotas caen. Las gotas caen en el medio del vacío sobre una ladera inclinada, y corren por ella dejando allí parte de su humedad, y precipitando el resto con suciedad hacia un fondo perdido.
En la helada de la anchurosa soledad, en el frío sin límites de la noche de la Nada, una gota se congela antes de recorrer la fatal pendiente. Sobre ella, otra gota retrasa su camino un segundo, y se congela también. Juntas son como cera de vela endurecida a medio camino: otras gotas llegan y se acumulan en torre sobre ellas. La torre se abre, se quiebra, y lentamente va formando contra la pendiente un cóncavo recipiente de hielo donde vibra agua líquida y verdadera, la primera en no perderse en los abismos.
Las gotas siguen cayendo, dentro y alrededor del amoroso receptáculo, que crece poco a poco, y se llena más rápidamente aún. En cierta parte, el peso del agua sobre el frágil hielo está alcanzando el límite, y el agua se desborda, y quiebra el dique, y estalla el hielo, y el oro transparente se derrama. Son diamantes perdidos en la nada. Cristales rotos y humedades fuera del oasis. Pero entonces las gotas forman nuevos hielos en la libre superficie, y el receptáculo crece, y más agua habrá en la nueva marea.
Mientras más agua cae, siempre el caliz frágil de la vida y el calor, de la humedad y los destellos, se llena y se vuelve a quebrar en un ciclo inestable, creciente. Lentamente verdaderos castillos de hielo se alzan fríos pero puros contra la pendiente del tiempo. Castillos que son la fortaleza frágil que mantiene el calor de lo inestable, que lucha en vano contra el equilibrio de la gravedad, contra la fatalidad del infinito.
¡Rompan, dagas de hielo, los viles intentos de los elementos! ¡Sean quienes detengan el caos, disminuyan la entropía! El universo helado tiene dentro de sí algo que le es ajeno...
... tal es para mi la Vida.
Podría haber sido sangre en vez de agua, aunque agua es más elementalmente la idea de vida que la sangre: la sangre implica un tipo especial de vida... Aún así no lo sé, es una imagen poco pulida recogida al ver de hecho unas gotas caer perennemente e imaginar que sucedería si se las contuviera en un recipiente.
Se lo cuento básicamente a mis cuatro comentaristas, digo porque el resto no comentan jamás, mala costumbre en mi opinión... ¬¬
Unas gotas caen. Las gotas caen en el medio del vacío sobre una ladera inclinada, y corren por ella dejando allí parte de su humedad, y precipitando el resto con suciedad hacia un fondo perdido.
En la helada de la anchurosa soledad, en el frío sin límites de la noche de la Nada, una gota se congela antes de recorrer la fatal pendiente. Sobre ella, otra gota retrasa su camino un segundo, y se congela también. Juntas son como cera de vela endurecida a medio camino: otras gotas llegan y se acumulan en torre sobre ellas. La torre se abre, se quiebra, y lentamente va formando contra la pendiente un cóncavo recipiente de hielo donde vibra agua líquida y verdadera, la primera en no perderse en los abismos.
Las gotas siguen cayendo, dentro y alrededor del amoroso receptáculo, que crece poco a poco, y se llena más rápidamente aún. En cierta parte, el peso del agua sobre el frágil hielo está alcanzando el límite, y el agua se desborda, y quiebra el dique, y estalla el hielo, y el oro transparente se derrama. Son diamantes perdidos en la nada. Cristales rotos y humedades fuera del oasis. Pero entonces las gotas forman nuevos hielos en la libre superficie, y el receptáculo crece, y más agua habrá en la nueva marea.
Mientras más agua cae, siempre el caliz frágil de la vida y el calor, de la humedad y los destellos, se llena y se vuelve a quebrar en un ciclo inestable, creciente. Lentamente verdaderos castillos de hielo se alzan fríos pero puros contra la pendiente del tiempo. Castillos que son la fortaleza frágil que mantiene el calor de lo inestable, que lucha en vano contra el equilibrio de la gravedad, contra la fatalidad del infinito.
¡Rompan, dagas de hielo, los viles intentos de los elementos! ¡Sean quienes detengan el caos, disminuyan la entropía! El universo helado tiene dentro de sí algo que le es ajeno...
... tal es para mi la Vida.
Podría haber sido sangre en vez de agua, aunque agua es más elementalmente la idea de vida que la sangre: la sangre implica un tipo especial de vida... Aún así no lo sé, es una imagen poco pulida recogida al ver de hecho unas gotas caer perennemente e imaginar que sucedería si se las contuviera en un recipiente.
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