jueves, febrero 02, 2006

Helb Engel

Empiezo a caminar... o eso siento. Siento que es todo camino, un sendero luminoso en medio de un bosque sombrío, y lo veo claro, y pienso dar el primer paso. Su fulgor es tan sorprendente, tan inesperado en la noche amarga de mi tan larga soledad, que tiemblo, y mi corazón, acostumbrado a la pesadumbre, se contorsiona como si tuviera que dar a luz la felicidad que había gestado paciente, pero casi desesperanzado. Como una especie de animales que mantienen a la cría en el vientre hasta que vienen tiempos mejores, pero a veces la cría muere en la espera, y así temí que hubiera sucedido con mi esperanza.

Ahora sé que tengo motivos para esperar, para soñar, y no solo eso, sino que tengo el deber de soñar. No en sentido moral, "social", sino que sé que no puedo hacer otra cosa, que no existiría blasfemia más grande contra el amor que negar mi propio amor y las cosas que amo. En mi fondo vive una criatura limpia como un ángel, que no puede soportar el sufrimiento, y que ama con pureza infinita, que aumenta su amor, y entrega apasionadamente, pues solo sabe hacer eso, y nada quiere más que amar.

Y amo ahora... sí, corazón incrédulo, cerrado tanto tiempo, y aún obstruído. A tí, que a pesar de todo, sigues teniendo obstrucciones, que te niegas a creer, que tiemblas aterrorizado, te lo afirmo: tus sueños son posibles. Ama. Ama en paz. No te detengas nunca de amar. Ama más y más. No dejes un solo rayo de luz sin amar, una sola tiniebla sin conocer, ningún átomo de existencia sin admirar.

Si existe un Dios, sólo "amor" puede ser su nombre. Mi ángel me lo grita así. No, no grita, porque su voz es dulce, y susceptible de ser apagada: cuando es callado, llora y pierde vida. Pero no lo voy a callar. Quiero que me siga suplicando, que le siga pidiendo a mi corazón que ame. ¡Hazlo, ángel mío!



Y tú, amada, tú que has despertado a mi ángel, tú que te has atrevido a entrar en mi noche y volver a llenarla con luz, destrabar las lágrimas de mis ojos y dulcificar mis miedos en abrazos suaves... tú, valiente valkiria de mis sueños vencidos en batalla, que me vuelves a llamar a la lucha y al gozo... tú estás atando mi destino al tuyo, estás tendiendo entre nosotros los más dulces lazos que puedo concebir, y aunque la predestinación no exista, si existe la voluntad, y mi voluntad es unir mi destino, es apretar los nudos para no soltarlos, y vivir tendiendo nuevos lazos, corriendo el glorioso riesgo de aumentar las ligaduras.
Te amo.

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