miércoles, febrero 15, 2006

Werewolf

Se levanta con un jirón de ropa andrajosa. ¿Cómo se ve, al menos en las películas, un hombre de las cavernas? Esperamos, la gente sensata, que no hayan vestido así nuestros antepasados, simplemente porque para cubrir el cuerpo de esa manera no hay que ser atrasado, sino tonto, o, lo que es más o menos lo mismo, terriblemente atacado por la vida.
¿Alguna vez hombre alguno prefirió que la piel del animal que había cazado anduviera colgando unida por raíces carcomidas por el tiempo a ir desnudo o cazar otro, sino fue porque lo obligó la desesperación? En Siberia hasta el cartón sería seda para no morir helados. Pero afortunadamente la visitamos con abrigos de piel arrebatada a animales cuya existencia consideramos (no sin relativo acierto) menos importante que la nuestra.
Los huecos de tela desgarrada sobre la piel desnuda son asombrosos: nunca creí ver en persona la efigie de Tarzán. La piel oscura por el sol, pero resistente, músculos fuertes y ojos alegres en el contraste, en la desgracia que presupongo que estaría sufriendo. Pelo y barba crecidos, por supuesto, salvajes, como toda la forma de andar y vestir.
No sé que más decir, habría que verlo. Levantándose como de una siesta en la jungla - aunque tal vez lo sea - en una pequeña parcela de césped, en el parque, allí en la avenida, en Buenos Aires. Y mis ojos lo vieron. Nos distrajo un segundo de la charla, pero no podíamos hacer más que asombrarnos y, en cierta forma, admirarlo. No ha de ser fácil. No puedo ponerle los ojos encima como a una bestia del zoológico: pero al menos puedo escribir en tributo a su valor y a su desgracia. O, quién sabe, a su locura. Sea como sea es casi inexplicable, al menos en el sentido burgués de la palabra.
Se levantó de su siesta porque el sol se había puesto insoportable, y cuando, después de pasar, voltée la cabeza, vi que se estaba acomodando bajo un árbol con sus cosas.

¿Algo que decir al respecto? Pienso que hay mucho que saber. Valdría la pena encontrarlo, si no me hubiera embarcado en otras cosas arriesgadas que ocupen mi tiempo.
La historia es por supuesto de verdad, un hombre así nos cruzamos Argüe y yo caminando por Libertador a las 11 de la mañana.

No hay comentarios.: