Mariana
Ya no tengo duda.
Esaba acostado, mirando el amanecer. Recordaba todos mis recuerdos de vos, e imaginaba el resto. El amanecer se te parece. Y no creo que haya cambiado nada. Las cosas no cambian. Ya no tengo duda: nunca dejé de amarte.
¿Es una condena, que baste una sonrisa tuya, un ademán amable, para que las recuerde siempre, y reaviven sentimientos que son, por imposibles, más dolorosos que alegres? Por momentos parece que fueras la única alegría de mi vida. Mas a pesar de que no te tengo, no desfallezco. Y ¡cómo quisiera desfallecer! Llevarme conmigo tu recuerdo, y cuidarlo como te hubiera cuidado, si este mundo no fuera negro. Vivimos en un mundo de sombras, donde los rayos de la alegría trapasan nubes, sólo para iluminar sueños en nuestras almas. Así, somos más concientes de cuan verdadero es nuestro dolor. Con refinada precisión fue diseñada la tortura: mas ¡Mariana!, no puedo aún creerlo. La esperanza, con el recuerdo y la imaginación, sólo me las quitará la tumba. Y después el olvido. No me importa, pues, de todas formas, nada he sido.
La esperanza, último mal que me haga arrastrarme en sombras, me mantendrá en pie, aún los ojos abiertos, aunque llenos de lágrimas. Los vientos se suavizan a mis pies para no derribarme del todo - tal es la virtud de la esperanza. Pues se le es dada al que es condenado, aquel cuya fatalidad está sellada.
Nada me muestra la luz; sólo el fantasma que persigo, y que ensombrecen las nieblas. Cuando lo pierdo de vista y me encorvo, dispuesto a caer, el velo se abre un momento, y esa lumbre pura me levanta, saca de mi una fuerza que no conozco. Aún los vientos parecen amainar. Aún los duros peñascos parecen verdes prados. Pero cuando te ocultas de nuevo ¡oh dulce fantasma! ¿Cómo se si a mi alma, no la engaña tu crueldad? ¿Caminaré por estas ciénagas, o por estos verdes prados? ¿Cuál es la trampa; dímelo desdichado: la sombra o la claridad?
Sale mi mente al encuentro de mis sombrías reflexiones, y dice ¡daos valores! ¡que si es sombra el engaño, marcharás por claridad!
Sale el sol por mi ventana ¡Asómase a un nuevo día! Ninguna noche pudo aún detener su caminar. Sin embargo tras las horas, nos abandona en poniente ¡Hallaré yo un sol tan fuerte que no menguará jamás!
Y allí estarás tú, Mariana. ¿Es ese en verdad tu nombre? Al final de la jornada, allí estarás tú, mi Sol.
Esaba acostado, mirando el amanecer. Recordaba todos mis recuerdos de vos, e imaginaba el resto. El amanecer se te parece. Y no creo que haya cambiado nada. Las cosas no cambian. Ya no tengo duda: nunca dejé de amarte.
¿Es una condena, que baste una sonrisa tuya, un ademán amable, para que las recuerde siempre, y reaviven sentimientos que son, por imposibles, más dolorosos que alegres? Por momentos parece que fueras la única alegría de mi vida. Mas a pesar de que no te tengo, no desfallezco. Y ¡cómo quisiera desfallecer! Llevarme conmigo tu recuerdo, y cuidarlo como te hubiera cuidado, si este mundo no fuera negro. Vivimos en un mundo de sombras, donde los rayos de la alegría trapasan nubes, sólo para iluminar sueños en nuestras almas. Así, somos más concientes de cuan verdadero es nuestro dolor. Con refinada precisión fue diseñada la tortura: mas ¡Mariana!, no puedo aún creerlo. La esperanza, con el recuerdo y la imaginación, sólo me las quitará la tumba. Y después el olvido. No me importa, pues, de todas formas, nada he sido.
La esperanza, último mal que me haga arrastrarme en sombras, me mantendrá en pie, aún los ojos abiertos, aunque llenos de lágrimas. Los vientos se suavizan a mis pies para no derribarme del todo - tal es la virtud de la esperanza. Pues se le es dada al que es condenado, aquel cuya fatalidad está sellada.
Nada me muestra la luz; sólo el fantasma que persigo, y que ensombrecen las nieblas. Cuando lo pierdo de vista y me encorvo, dispuesto a caer, el velo se abre un momento, y esa lumbre pura me levanta, saca de mi una fuerza que no conozco. Aún los vientos parecen amainar. Aún los duros peñascos parecen verdes prados. Pero cuando te ocultas de nuevo ¡oh dulce fantasma! ¿Cómo se si a mi alma, no la engaña tu crueldad? ¿Caminaré por estas ciénagas, o por estos verdes prados? ¿Cuál es la trampa; dímelo desdichado: la sombra o la claridad?
Sale mi mente al encuentro de mis sombrías reflexiones, y dice ¡daos valores! ¡que si es sombra el engaño, marcharás por claridad!
Sale el sol por mi ventana ¡Asómase a un nuevo día! Ninguna noche pudo aún detener su caminar. Sin embargo tras las horas, nos abandona en poniente ¡Hallaré yo un sol tan fuerte que no menguará jamás!
Y allí estarás tú, Mariana. ¿Es ese en verdad tu nombre? Al final de la jornada, allí estarás tú, mi Sol.
1 comentario:
Ay dios... es en momentos como este, cuando yo termino de leer algo asi, q deseo estar hablando con Eleazar y preguntarle si para el mañana va a llover...
No se si soy quien para comentar justo en este post tuyo, despues de todo... sólo vos podes sentir realmente lo q sientas por Mariana, y yo podria decirte "a mi tmb me pasa" y aun asi se q no seria cierto, cada amor es unico.
Weno... Feliz Navidad (atrasada :P) ya her recuperado mi compu!!! soy feliz por ahora.
Y no te pongas a discutir de musica... jamas se va a estar de acuerdo completamente con alguien sobre esto. (aguante the phantom of the opera!!! :P)
PD: Gracias x firmar en mi blog!!!!
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