Inevitabilidad del Devenir
Escrito en la pensión
Marx y Smith (los economistas opuestos de la generación "moderna") tenían ambos razón. Smith, ideólogo central del capitalismo, decía que, ante la situación de que los dueños del dinero (llamados capitalistas) debían actuar con él y podían hacerlo a su antojo, el resultado de todas las interacciones de los capitalistas con sus propósitos "egoístas" - llamados así porque eran decisiones en las que tenían poder absoluto - se equilibrarían mutuamente y así el mercado encontraría un equilibrio que produciría todos los aumentos de riqueza y la movilidad social ascendente que todo teórico social considera deseable. Llamaba al principio por el cual tal equilibrio iba a llegar la "Mano Invisible", concepto terriblemente místico que parece justificar la existencia de una "religión capitalista" donde dicha Mano es el Dios Regulador del Mercado, cuya mágica voluntad opera inspirando por obra y gracia del capricho las mentes de los capitalistas hacia el bien común.
Marx sostenía que no. Después de lo escrito anteriormente - y para cualquiera que conozca las consecuencias históricas del liberalismo - queda claro que la tesis liberal de Smith tiene poco fundamento y, aunque muchos de sus propósitos y sentidos (¡incluso su fé!) fueran nobles y bellos, las consecuencias de esa voluntaria ceguera - ¡Dejemos hacer, total todo se va a arreglar solo! - no pueden ser las que Smith prometía. Marx decía que el capitalista - al que demonizó, lo cual es un error como toda demonización - en su capricho, iba a acumular y estancar el capital, desbalanceando el mercado hasta que quedara en manos de unos pocos con poder hiperricos y la masa del pueblo muriera de hambre, y finalmente el sistema no aguantara más y se produciría la revolución natural que llamaba "lucha de clases". Creía en un complejo sistema histórico basado en la lucha de clases, que se repetiría muchas veces hasta que finalmente se implantaría naturalmente el sistema que él consideraba ideal (en parte por ser opuesto al capitalista): el comunismo.
Nótese ahora lo que nunca se tiene en cuenta: los numerosísimos puntos en común entre Marx y Smith.
Para empezar, notemos lo obvio: ambos eran economistas. Sus teorías eran socio-políticas, pero la base de la que partían para la especulación era la economía. Eso hace que no sean tan distintos como se cree, porque en definitiva también para Marx lo más importante era el dinero. Después de todo, Marx llegó a afirmar que todo era una superestructura del dinero - es decir, algo endeble que variaba conforme variaba la situación económica.
Sin embargo, hay otro en punto en común que mucho más a menudo pasa desapercibido: el idealismo. Smith era claramente un idealista: su confianza ciega en la "Mano Invisible" es más que prueba de ello; y lo mismo cabe decir del sueño de Marx sobre el paraíso comunista. Pero, más aún: ¿de dónde brota ese idealismo? Tanto Marx como Smith tenían una profunda fé en algo invariable, fuera como Smith creía hacia una pronta regulación de los mercados o, como Marx creía, en una laaarga oscilación que acabaría en equilibrio: y eso invariable es el Devenir. Lo que inevitablemente vendrá; lo que, por la misma naturaleza de la Realidad, acabará por ser consecuencia de las causas actuales.
En 1930 la Bolsa de Nueva York cayó estrepitosamente y destruyó la economía mundial en cuestión de días: fue el fracaso del primer liberalismo. Los capitalistas sostenían en el mercado una situación que no reflejaba la realidad empobrecida, y se produjo (como Marx aseguraba que iba a suceder) una superproducción de mercancías que no hallaban demanda, bajando los precios y dejando las industrias en bancarrota. La ilusión se mantuvo hasta que un día el espejo golpeó contra el piso y se hizo añicos: ese día se desplomó la Bolsa como una bolsa de papas.
¡Pero! ¿No es esa acaso la acción de la "Mano Invisible" indicandole a los capitalistas que estaban haciendo las cosas mal? Lejos está de haber sido el fin del capitalismo: por el contrario, en los años posteriores las teorías sufrieron muchas enmiendas y el mundo occidental reflotó y el liberalismo (aunque bajo nuevas sutiles formas) continuó. Al mismo tiempo: ¿no sería un mercado equilibrado donde todos los actores sociales tuvieran participación un comunismo? Quiero decir: si todas las personas tuvieran igual oportunidad y fueran ricas, a pesar de ser el sistema un capitalismo se parecería más a la anarquía utópica, donde los individuos se autoregulan en la persecución del bien común.
Las teorías modernas de economía, particularmente sé de la existencia de una tesis matemática sobre eso, dicen que no es con el capricho del capitalista que el mercado alcanzará el equilibrio sino a través del capricho más la conciencia del bien común. Es entonces la búsqueda sumada del bien propio y el ajeno la que da el bien común: lo que yo llamaría la búsqueda del bien Absoluto. Es decir, del Bien.
Porque ¿desde cuando es "bien" si es "mal" para el yo? ¿Por qué esa antigua y tan ridícula separación entre el yo y el mundo? El yo es parte del mundo y también el mundo es parte del yo: hacerse bien a sí mismo es hacerle bien al mundo, y también al revés. ¿Qué ventaja sacaría alguien de hacerse "bien a sí mismo" si perjudica a los demás? Antes se pensaría que saca ventaja: pero no, pues cuando el Todo colapse, él también colapsará, porque, desde luego, es parte del Todo. Y si alguien colapsa: ¿no obliga a los demás a llenar su agujero? ¿Qué bien aporta al mundo que el yo colapse?
Marx y Smith decían lo mismo. La diferencia está en una cuestión de tiempos, de interpretación y - más que cualquier otra - el problema político-ideológico de defender una postura.
Porque desde tiempos inmemoriales existe una forma de ver el mundo, tan absurda como real "vamos los rojos, porque si sos azul te matamos" y del otro lado "mueran los salvajes rojos". Pero, nuevamente: no por estar en tribunas distinta gritándose con las venas agitándose en la sien mientras algunos exhaltados se matan en la arena... no por estar haciendo eso quiere decir que estén diciendo cosas distintas.
1 comentario:
Hola Fer... no estoy segura si lees esto, es más... no estoy segura donde estoy escribiendo, pero bueno... me pareció que tu opinión anterior merecía un comentario.
Me gustó leerla, muy a pesar de que estoy sufriendo con Marx ya que la bendita sociología no dispone de profesores capacitados de transmitir conocimientos. Estoy convencida de que serías un excelente profesor si en algun momento se te cruzara por la cabeza enseñar. Peero no es por eso por lo que escribo, quería alimentar un poco tu ego... y decirte que para mí sos brillante, sos una de esas personas con una inteligencia prodigiosa y por eso, en lo que te propongas, vas a llegar lejos. No mucho más, te admiro, como autodidacta, como persona y como idealista. Desde Buenos Aires te dejo un saludito...
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