martes, marzo 15, 2005

Crisol

Mariana:

Voy a preparar un crisol místico, donde machacar los sentimientos. Al final, volveremos al principio, con la renovación de la prueba pasada: seremos de vuelta Adán y Eva, niños en el Paraíso.

Tarde o temprano quedarás libre. Y entonces voy a aceptar las reglas del juego. Vos dirás si estoy en condiciones de participar, y si tolerás hacerme participar de él; sabiendo tanto de lo que creo y pienso. Me temo, y esto me ennegrece todo panorama, estar simplemente fuera del fuego, y que no pueda echar nada en el crisol para machacar con ese juego.

Si lo aceptás, ya sabés, cual será esa vivencia. Te desafío a que me destruyas, a que pruebes que no continuaré amándote. Voy a correr conciente de él el peor riesgo de mi vida hasta entonces, pero, Mariana ¡Cuanto lo valés!

Si triunfo, tal vez seas confundida. Pero si triunfo, será porque tengo razón. Quitaré esos velos, y tendrás que afrontar la luz. Entonces, espero, no desfallecerás: al menos yo estaré allí, y con algo de suerte serviré de algo.
Si soy derrotado ¿Para qué vivir?

No quisiera seguir relegando una batalla tan imposible de esquivar. Es necesario pulverizarnos en el crisol para saber quien arde y quien no.

¡Idos, dudas de mi mente! Hay todavía dos:
1) No creo en mi valor para establecer el juego.
2) No creo que aceptes que yo lo juegue.

Sería en verdad una cobardía de tu parte no aceptarlo: pero es de esperar que te mueva una piedad. Piedad sin meta, porque nada piadoso sería, al temeroso de afrontar la realidad ante la posibilidad del fracaso, mostrarle que el fracaso es irremediable.

Eva triufará dentro de tí. Ha de triunfar ¡Le ordenaré triunfar!
Sino, nada valdrás para ti, ni para nadie más. Sentencia que no pronuncio en vano. ¡Devuelve al árbol el fruto prohibido, tú que quieres permanecer niña por siempre! ¡Olvídate de los engaños de la serpiente! Ven conmigo, niña imprudente. Yo no tengo aún la fuerza de resistir el mismo halago. Pero para entonces, la tendré. Y si me falla, no toleraría más de vida.

La vida es vida, y fluye. Allí donde se estanca, muere. Debemos dejar nuestra simiente de vida ¡Volver al Edén para criarla!
Entendiste mis palabras... no esquive tu mente la comprensión de mis indirectas. Espero que sean méritos para empezar el juego.

Marcho a mi descanso: que será, ya veremos. Pero allí donde otro tenga, yo tengo lugar también. Me lo habrás de dar, o lo recibirás de todas maneras: no será por crueldad que te lo exija. A la tumba a llorar podrás ir toda tu vida, y hallar un consuelo que no te di en vida.

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