miércoles, marzo 02, 2005

Espero, por última vez

Las sombras trabajan para las sombras. Y quien sucumbe se oscurece. Un paso impulsa el otro. Cada escalón hacia el abismo se inclina más.
Las tinieblas se vuelven poco a poco insoportables. Parece que el próximo paso fuera seguro, pues entregarse a las tinieblas es volver a la nada, a olvidar. Pero al dar ese paso toca el escalón inferior, y sabe que está un paso más lejos de la luz. Y comienza a comprender que su pozo se torna más profundo, nunca tocará fondo. Entonces se detiene y mira hacia atrás. La lejanía de la luz lo angustia. Pero da la vuelta. Y comienza a subir.

La escalera es infinita. No tiene sentido recorrerla hacia abajo. Pero para arriba, es más difícil.

Hoy entendí que mal me estaba haciendo. Cuanto su locura me estaba confundiendo. Y que por ella dejé de subir, y me lancé hacia las tinieblas: "God I must confess... I do envy the sinners"
No quiero recorrerlas más. El miedo a volver me hace temerla, temer un nuevo encuentro. Hoy estoy solo como nunca, solo en mi casa, sin nadie que me acompañe. No necesito ya más que me expliquen como debo tornar hacia la luz. Ya me han trazado el camino. Sólo que no me atrevo a seguirlo.

Y quisiera que ella estuviera aquí para acompañarme: pero sé que ella no lo entiende, y que no puede acompañarme. No puede darme consuelo, tan sólo más motivo de llanto. Tal vez terminase llorando entre sus brazos, y ya no quiero buscar eso. No quiero pensar en verter mi sangre junto a la de mi amada, en un lecho de granito.

Algo en mi se resiste a caer. Cometí un error, y no he dejado completamente de cometerlo. Pero tengo que superarlo. Solo. No hay nadie que pueda ayudarme. Tal vez una o dos personas puedan hacerlo, pero vivimos en la realidad, y ella los aparta de mi.

No puedo intentar sostener a los demás. Luego ellos tienen que soportar mis restos. ¡A cuantos les he hecho eso! Dificilmente me lo perdonen. Quiero ahora no pensar mal de los demás, nunca jamás, y perdonarles todo lo que yo, tontamente, entienda como ofensa. Tal vez así merezca algo de piedad.

Ya saldré de las tinieblas. El mismo tiempo que todo arruina, me sacará. Pero ¿quién me borrará la tristeza que estos recuerdos van dejando en mi espíritu?
Tal vez, con semejante carga, nadie me ame, sabiendo que probablemente le acarraeré la caída. Pero aún tengo fe en la bondad, que hace milagros. Mi vivir aún es un milagro de amor. Mi pena es que he sido incapáz de responder a ese amor.

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