lunes, abril 11, 2005

Tengo ganas de escribir, aunque tan sólo sea para descargarme. Es, por supuesto, completamente inútil, y nada bello saldrá de mis dedos cuando me mueve la rabia. Pero ya llega el pateticismo, junto con las lágrimas: no valgo para ella ni una mañana.

Ayer la llamé, y hablamos, como acostumbramos, de todo un poco. Le pedí que hoy a la mañana me acompañase al colegio, aceptó, y quedamos que ella pasaba por acá a las nueve de la mañana.

Son las 10:30 cuando escribo esto. La llamé dos veces a las diez, y no atendió nadie. Pasé por su casa: nadie tampoco. ¿Esta durmiendo? ¿Salió? ¿Se olvidó? ¿Se quiso olvidar?

Yo quiero olvidar. Pero no puedo olvidar. No voy a estudiar ahora: ¿para qué? ¿de qué serviría el estudio, si ella no me da ni tan sólo una mañana?

Dios, sálvame. Sálvame de mi ahora. Sálvame del odio que me inspiro “Barro miserable, ni tan sólo para eso vales a sus ojos. ¿Cómo osas mirar a un ángel en su altura? Quédate más bien en el fango, no salgas de él, y si unos tentáculos te sumergen, sabe que te lo tienes merecido.” Sálvame de estos pensamientos.

Se me ocurren estupideces: mandarle un mail, usar el contestador para lo que sirve… ¿qué le diría? “Me dejaste plantado” “¿Por qué no viniste?” “¿Te quedaste dormida?”. Es y suena tonto, agresivo e inútil. El dinero con el que pensaba invitarla sigue entero en mi bolsillo: ¡Con qué gusto lo quemaría, si me sirviera de algo! Pero es una impiedad quemar dinero.

Me vuelvo a la cama. Si algo la conmueve mi situación, llamará a la puerta, o al teléfono, o al MSN… tenemos tantos medios para comunicarnos. Me voy a enterar, de una forma u otra. Pasaré por lo de July a la tarde, para que alguien amable me tranquilice y se apiade de mi. Supongo que oiré de su boca desalientos para mi amor ¡en vano!... falta tanto para que me desaliente.

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