Crónica de un día de Biblioteca
Para que hubiera habido realmente silencio, se haría necesario acallar los autos y colectivos. Sin embargo, era un salón vacío de ruido humano. Las muchas personas que había estaban en completa quietud.
Fernando miró la autopista a través de la ventana. El edificio de esta biblioteca es fantástico, se dijo. En verdad, el edificio es asombroso, con dos grandes pisos en lo alto (quinto y sexto) sostenidos por enormes columnas de concreto. Tiene incluso cierto aire de nave espacial.
Sinceramente se preguntó que estarían hacuendo los demás mientras él escribía. Le causaba gracia pensar en que a lo mejor pensaban que él estaba estudiando. Pero el tipo de al lado se estaba limpiando las uñas. Es bastante obvio que, pese a la solemnidad, bastantes debemos ser los que paveamos mirando el techo.
Era bastante lógico, viendo que eran jóvenes, seres humanos y, sobre todo, porteños. Es notable que en una ciudad de 12 millones de habitantes menos de cien estén en la mejor biblioteca un día de semana a la tarde. Y en principios de diciembre (es decir, con los exámenes por venir).
Fernando miró al tipo d la mesa de al lado mirar por la ventana. Otro desconcentrado. ¡¡Vamos!! ¡Denme buen ejemplo! Ya sé que un libro abierto no significa nada; díganmelo a mí, que parezco concentrado en apuntes mientras Ética de la publicidad (ediciones Paulinas, o sea, punto de vista eclesiástico) yace abierto en la página 17 "Perjuicios causados por la publicidad", y yo en realidad estoy escribiendo para el blog.
Sucede también que, como sospechó al recibir el librito (casi un cuaderno), ya lo había leído de fotocopias del colegio. No tenía mucha ansiedad por releerlo, y se lo acordaba casi de memoria (principalmente porque, como es de esperar, estaba lleno de obviedades). El tipo de la mesa en la que se sentó, que tenía un despliegue fascinante de carpetas inútiles, volvió de su segunda excursión en menos de quince minutos. Está nervioso, sentenció Fernando apenas reprimiendo una sonrisa ante la ironía de su pavada profesional, se rasca, se limpia las uñas, juega con la lapicera... ya se pudrió hace rato de estudiar ¡Tomátelas pibe! Yo me quedo porque algún buen motivo debe haber.
Eso, desperezate. Si supieras como te estoy escrachando...
Fernando dejó la lapicera (que dice "Museo de la Plata", pero no trae recuerdos porque es un poco ancha y hace doler los dedos) un segundo, pensando que hacer. Intentó volver al libro, se rascó la cabeza. En realidad, ya sabía que iba a terminar por leer el bodrio: seguramente después intentaría ver de pedir más libros, y conseguir alguno de esos adorados y jamás encontrados de Novalis o Chateaubriand. "Memorias de ultratumba" es definitivamente un título interesante...pero muuucho más en el absurdo y muerto ambiente en el que estoy.
El bueno que se rascaba la nariz se desperezó de vuelta. ¿¿Tengo monos en la cara?? El de la mesa de al lado me clavó una mirada asustada y no la bajó aunque se la devolví dos veces.
Viendo lo absurdo de todo recordó que estaba muy cerca de lo de Argüe, que podría tocarle el timbre... pero se dio cuenta de que no se acordaba de nada más que del piso donde vive.
No tenía plata para el pasaje de vuelta (salió haciendose el héroe por tener plata sólo para la ida). Ni siquiera tuvo la moneda para el locker, y dejó la mochila sin llave.
Lo único que queda por hacer es seguir leyendo. Cuando termine pido algo de Novalis, y sino sencillamente pregunto la hora (no tengo reloj xD) y doy vueltas hasta ir a lo de mi primo.
Retomó la lectura con una inocultable sonrisa irónica. Irónica y hasta sarcástica, pero realmente divertida ^^ .
PD: ¿¿Pueden creer que el tipo de mi mesa está jugando a la viborita en el celular??
PPD: Acá hay una afirmación digna de análisis:
"El hombre, impulsado por el deseo de tener y gozar, más que de ser y creer, consume de manera excesiva y desordenada los recursos de la tierra y su misma vida... Cree que puede disponer arbitrariamente de la tierra, sometiéndola sin reservas a su voluntad como si ella no tuviese una fisonomía propia y un destino anterior dados por Dios, y que el hombre puede desarrollar ciertamente, pero que no debe traicionar."
La pregunta es: ¿El hombre puede traicionarlos? No me pregunto si debe, sino si puede.
Mi fé mágica me dice que no. Fuimos hechos para expresar nuestro paradigma alterando hebras de la Teluria.
Mi tío, que es medio extremista, va un poco más allá, y no le preocupa en absoluto, por ejemplo, la conservación de las especies que no se adaptaron al nuevo mundo. Opina que el hombre es ecológicamente un factor alterador similar a cualquier otro. Y concibiendo al mundo como Gaia, como un ser viviente completo, tiene razón.
Notas reflexivas post escrito:
Todo eso (con detalles alterados) lo escribí ahí en la Biblioteca. Restituyo el bueno nombre del lugar: era buenísimo, la biblioteca esa es fantástica y se la puede pasar muy bien. Las críticas no fueron referidas a eso sino a mi situación absurda de ir hasta ahí para estudiar y encontrarme conque puedo conseguir mucha más y mejor información al respecto en internet.
Saqué Himnos a la Noche de Novalis, el tipo de cantos románticos a las tierras tenebrosas que les gustarían a los góticos. A mi en ese momento por contraste a la irónica "luminosidad" del entorno, me resultó fascinante. Tampoco es la gran cosa, eh, es Romanticismo, es decir, ya sabemos exactamente qué es lo que dice.
Después me fui a Libertador y por allí hasta lo de mi abuela, que vive muy cerca del Solar de la Abadía. Le envidio terriblemente el barrio a Argüe: sino fuera porque ya había escrito todo eso, en más de un lugar me hubiera parado a escribir o dibujar, porque era hermoso.
Bueno, eso es todo. Estoy sin banda ancha. Escribo en el notepad muriendome de rabia contra los de Arnet y sin siquiera poder bajarme las cosas para trabajar. No puedo trabajar, no puedo estudiar... es un desastre. Me voy a poner a ordenar la casa, siendo que es lo único que puedo hacer. No debo buscar amigos para salir, por más tentado que esté, porque tengo que cumplir con esas "obligaciones" en cuanto me sea restituído el internet.
Fernando miró la autopista a través de la ventana. El edificio de esta biblioteca es fantástico, se dijo. En verdad, el edificio es asombroso, con dos grandes pisos en lo alto (quinto y sexto) sostenidos por enormes columnas de concreto. Tiene incluso cierto aire de nave espacial.
Sinceramente se preguntó que estarían hacuendo los demás mientras él escribía. Le causaba gracia pensar en que a lo mejor pensaban que él estaba estudiando. Pero el tipo de al lado se estaba limpiando las uñas. Es bastante obvio que, pese a la solemnidad, bastantes debemos ser los que paveamos mirando el techo.
Era bastante lógico, viendo que eran jóvenes, seres humanos y, sobre todo, porteños. Es notable que en una ciudad de 12 millones de habitantes menos de cien estén en la mejor biblioteca un día de semana a la tarde. Y en principios de diciembre (es decir, con los exámenes por venir).
Fernando miró al tipo d la mesa de al lado mirar por la ventana. Otro desconcentrado. ¡¡Vamos!! ¡Denme buen ejemplo! Ya sé que un libro abierto no significa nada; díganmelo a mí, que parezco concentrado en apuntes mientras Ética de la publicidad (ediciones Paulinas, o sea, punto de vista eclesiástico) yace abierto en la página 17 "Perjuicios causados por la publicidad", y yo en realidad estoy escribiendo para el blog.
Sucede también que, como sospechó al recibir el librito (casi un cuaderno), ya lo había leído de fotocopias del colegio. No tenía mucha ansiedad por releerlo, y se lo acordaba casi de memoria (principalmente porque, como es de esperar, estaba lleno de obviedades). El tipo de la mesa en la que se sentó, que tenía un despliegue fascinante de carpetas inútiles, volvió de su segunda excursión en menos de quince minutos. Está nervioso, sentenció Fernando apenas reprimiendo una sonrisa ante la ironía de su pavada profesional, se rasca, se limpia las uñas, juega con la lapicera... ya se pudrió hace rato de estudiar ¡Tomátelas pibe! Yo me quedo porque algún buen motivo debe haber.
Eso, desperezate. Si supieras como te estoy escrachando...
Fernando dejó la lapicera (que dice "Museo de la Plata", pero no trae recuerdos porque es un poco ancha y hace doler los dedos) un segundo, pensando que hacer. Intentó volver al libro, se rascó la cabeza. En realidad, ya sabía que iba a terminar por leer el bodrio: seguramente después intentaría ver de pedir más libros, y conseguir alguno de esos adorados y jamás encontrados de Novalis o Chateaubriand. "Memorias de ultratumba" es definitivamente un título interesante...pero muuucho más en el absurdo y muerto ambiente en el que estoy.
El bueno que se rascaba la nariz se desperezó de vuelta. ¿¿Tengo monos en la cara?? El de la mesa de al lado me clavó una mirada asustada y no la bajó aunque se la devolví dos veces.
Viendo lo absurdo de todo recordó que estaba muy cerca de lo de Argüe, que podría tocarle el timbre... pero se dio cuenta de que no se acordaba de nada más que del piso donde vive.
No tenía plata para el pasaje de vuelta (salió haciendose el héroe por tener plata sólo para la ida). Ni siquiera tuvo la moneda para el locker, y dejó la mochila sin llave.
Lo único que queda por hacer es seguir leyendo. Cuando termine pido algo de Novalis, y sino sencillamente pregunto la hora (no tengo reloj xD) y doy vueltas hasta ir a lo de mi primo.
Retomó la lectura con una inocultable sonrisa irónica. Irónica y hasta sarcástica, pero realmente divertida ^^ .
PD: ¿¿Pueden creer que el tipo de mi mesa está jugando a la viborita en el celular??
PPD: Acá hay una afirmación digna de análisis:
"El hombre, impulsado por el deseo de tener y gozar, más que de ser y creer, consume de manera excesiva y desordenada los recursos de la tierra y su misma vida... Cree que puede disponer arbitrariamente de la tierra, sometiéndola sin reservas a su voluntad como si ella no tuviese una fisonomía propia y un destino anterior dados por Dios, y que el hombre puede desarrollar ciertamente, pero que no debe traicionar."
La pregunta es: ¿El hombre puede traicionarlos? No me pregunto si debe, sino si puede.
Mi fé mágica me dice que no. Fuimos hechos para expresar nuestro paradigma alterando hebras de la Teluria.
Mi tío, que es medio extremista, va un poco más allá, y no le preocupa en absoluto, por ejemplo, la conservación de las especies que no se adaptaron al nuevo mundo. Opina que el hombre es ecológicamente un factor alterador similar a cualquier otro. Y concibiendo al mundo como Gaia, como un ser viviente completo, tiene razón.
Notas reflexivas post escrito:
Todo eso (con detalles alterados) lo escribí ahí en la Biblioteca. Restituyo el bueno nombre del lugar: era buenísimo, la biblioteca esa es fantástica y se la puede pasar muy bien. Las críticas no fueron referidas a eso sino a mi situación absurda de ir hasta ahí para estudiar y encontrarme conque puedo conseguir mucha más y mejor información al respecto en internet.
Saqué Himnos a la Noche de Novalis, el tipo de cantos románticos a las tierras tenebrosas que les gustarían a los góticos. A mi en ese momento por contraste a la irónica "luminosidad" del entorno, me resultó fascinante. Tampoco es la gran cosa, eh, es Romanticismo, es decir, ya sabemos exactamente qué es lo que dice.
Después me fui a Libertador y por allí hasta lo de mi abuela, que vive muy cerca del Solar de la Abadía. Le envidio terriblemente el barrio a Argüe: sino fuera porque ya había escrito todo eso, en más de un lugar me hubiera parado a escribir o dibujar, porque era hermoso.
Bueno, eso es todo. Estoy sin banda ancha. Escribo en el notepad muriendome de rabia contra los de Arnet y sin siquiera poder bajarme las cosas para trabajar. No puedo trabajar, no puedo estudiar... es un desastre. Me voy a poner a ordenar la casa, siendo que es lo único que puedo hacer. No debo buscar amigos para salir, por más tentado que esté, porque tengo que cumplir con esas "obligaciones" en cuanto me sea restituído el internet.