Xtra
Bien, aquí estoy con el firme propósito de no levantarme de la silla hasta tener este post escrito. El motivo por el que interrumpi mi genial, obsesiva, excéntrica y apasionada emisión de blogs es un tema que ocupa más bien a la serie de posts (que aviso van a ser tres) que inició el títulado Venganza, pero puede resumirse como "falta de tiempo".
Empiezo por referir hechos, que es lo más aburrido, pero la manera de meterme en clima:
Niégal agitó el báculo trazando invisibles runas en el aire. Sabía lo que sucedería, en eso consiste la magia; no lo creía, lo sabía. Una bola de fuego surgió rápidamente en la punta, comenzó a arder de la nada, como si el aire mismo se hubiera vuelto combustible. Terminó entonces el movimiento del báculo en un arco que terminaba con un violento gesto hacia adelante, y la bola salió disparada. Impactó de lleno en la cabeza de la masa-de-músculos-sin-cerebro que se le enfrentaba, y lo quemó e incineró, asustando al ya asombrado público.
Sucedían muchas cosas mientras tanto: Atandariel, cuyo aspecto engañaba verdaderamente, asestaba al otro guerrero un flechazo en la espalda al aparecer repentinamente detrás de él, proveniente de una Umbra cercana. La banshee, en posesión del cuerpo de un fuerte hombre llamado Morgan, intentaba acabar con monstruos que avanzaban invocados en Umbras como la que Atandariel recorría.
La escena continuó, la batalla terminó con la violenta derrota de cada uno de los enemigos del grupo. Pudo así la unida compañía seguir adelante: demostró su poder y por tanto su valía en aquel vil campamento de reclutamiento. Pero no pasó largo tiempo sin que aparecieran conflictos, y aún más graves, pues los compañeros se complementaban y la compañía podía hacer frente a enemigos verdaderamente poderosos... pero no a la desconfianza y la traición.
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Fue así que, a las siete, avisé que en una hora me tendría que ir. Claudia retrocedió en el tiempo con el reloj que ya en una ocasión había salvado a mi personaje, de manera que pudimos rehacer las decisiones que habían desembocado en aquel conflicto fatal, donde acabábamos enfrentados, tirando dados unos contra otros, al principio de habilidades de engaño: luego, directamente, de violencia física, mental y espiritual. Nuestra misión ya está establecida, y aprendimos la lección de lo que acarrean las desconfianzas, aunque de entre los personajes sólo lo recuerde la banshee de Claudia.
Cerramos, guardamos, nos despedimos. Por primera vez, un número considerable de gente pisó mi casa al mismo tiempo, y pienso que para ser la primera, fui un decente anfitrión. Esto ya de por sí me dejaba muy satisfecho, de mi y de los hechos. Me tenía que ir al colegio a rendir... y contraba con lo que acababa de terminar de hacer, tan imposible en el mundo del colegio, tan reprimido y agredido en ese entonces que yo incluso temía revelarlo, me sentía agredido por sólo pensar en otras cosas que pizarrones, profesoras, compañeros y recreos. Pero aproveché justamente por eso, y fue una brillante decisión.
Me bañé, me cambié, demases. Me puse ese espantoso y árido uniforme que me reduce intentando contenerme, pero sin miedo a él: incluso en la fantasía, uno asume diferentes disfraces. Y salí de acá, perfectamente tranquilo, hasta eufórico, y entré en el colegio.
A la izquierda de la secretaría hay un espacio con asientos donde los alumnos esperan que los distribuyan. Estaban los habituales llevadores-de-materias, generalmente gente superflua, que nada tiene que ver conmigo, de hecho, probablemente, la más distinta a mi que hay en ese colegio. La que más me solía agreder, la que más me acusa. Pero no me importaba, yo simplemente me reía por dentro y sonreía por fuera. Sabía que sencillamente, si alguien se equivocaba con respecto a mi, podía invocar otra vez la bola de fuego... y ni siquiera habría paradoja para golpearme cuando la realidad entera de ese miserable se deshiciera en cenizas y cayera hasta el Tártaro.
Evocaba el recuerdo de los que me dan valor por lo que soy, como si de esa manera me acompañaran físicamente, y me ayudaran de hecho a enfrentarme con quien allí quisiera hacerlo: y de hecho lo hacen, porque es con la seguridad que me dan sus palabras que me enfrento a lo que sea.
Entramos en el aula, una vez que nos distribuyeron. Había un chico y una chica. La chica, desconocida. El chico se llama Gonzalo, le dicen Rata(tiene 16, la edad de mi hno), y tiene una historia particular: cuando me conoció era de los que me cargan porque sí, agrediendome, no físicamente, pero sí verbalmente hasta el cansancio. Yo no sabía como tolerarlo, hasta que me empecé a reir de eso. Después no sé que pasó: un día se dio cuenta de algo, y pasó de la agresión violenta a un respeto con connotaciones amistosas. Yo lo asumí inmediatamente, y supongo que de esa manera ratifiqué el respeto definitivamente. Pero hace ya más de un año que no nos cruzamos, así que ahí no nos saludamos.
Y yo miraba el aula, buscando un vestigio de algo propio. No había nada propio en las estampas de las paredes, nada propio en los ruidos de muchedumbre, ni en los uniformes, ni en los bancos, ni en la falsa madera que los cubre, ni en las tizas, ni en la pizarra verde... tampoco en las paredes con pequeños mosaicos de colores grises, tampoco en las puertas de los baños. Las persianas de las ventanas me eran completamente ajenas, tan inconcebibles a mi paradigma que me resultan increíbles. Casi el conjunto lograba convertir en ajena la misma luz del Sol.
Pero yo sé que lo propio lo llevo conmigo. Ni el documento de identidad es propio tampoco... pero no necesito focos físicos para hacer magia, y reproduzco mi poesía a cada paso. La recreo cuando escribo, y siempre puedo, como hice, anotar la fecha en números romanos. Sólo por piedad evito el "Annus Domini MMV". Y me acuerdo que hay corazones, hay sangre para mi, estrellas... la noche ausente de ese desierto lugar. Entendí a Gabi con su idea de "el mundo tiene mucha claridad, por eso en compensación hice la Tierra Oscura". No es verdad que el mundo tenga mucha claridad... pero en esa lugar, estaba todo demasiado disociado. Me recuerda a la genial frase de Petu: "La generación interior negó tanto al ángel caído que ahora les fue devuelto en formato de hijos"
Aprobé la primera... y me dieron quince minutos para la segunda. Me fui a tomar sol al patio, a dar mi cara a la estrella. Me sonreía de pensar lo equivocado que estaría el que juzgase que hacía yo allí: porque creería que mi uniforme me determinaba, que el horrible lugar donde estaba me determinaba. Por supuesto, creo que un alma suspicaz entendería, le resultaría evidente, que asumo ese rol como un disfraz, que la Realidad es para mi al revés, que soy Niégal Krúxluimid, Gourry-kun, y roleo a 32.949.064, a 4543-****, Crámer 2*** , 18 años 10 meses de existencia física...
Subí al piso donde me iban a tomar, pero aún no habían llegado las profesoras. Entré a un aula vacía... había tiza y borrador junto al pizarrón. Demasiada tentación. Es la oportunidad de trazar algo de mi en ese espantoso lugar. Dibujé un pentagrama chiquitito... y lo borré. Dibujé un hexagrama grande en el centro del pizarrón: alguien podía venir y algo de miedo tengo aún, así que lo volví a borrar. Pero me llenaba de rabia contra la intolerancia, contra los años de represión y tortura psíquica. Entonces volví a dibujar el pentagrama, pero invertido.
Me sentí muy extraño. Al dibujar soy siempre el mismo, me reconozco dibujando. Sé lo que soy y quien soy. Dibujé muchas veces en el colegio, aunque siempre me sentí algo extraño, pero no era ese el problema.
Hace poco me sorprendí, en momentos de odio enorme, buscando símbolos para mi odio, trazando esvásticas y dejando de lado esos sentimientos. Pero sólo una o dos veces, y motivado más bien por la diversión, había dibujado el pentragrama invertido. Todavía le tenía miedo. En ese momento, frente al pizarrón, descubrí que no le tenía miedo más... y que había dibujado eso en el pizarrón del colegio, convencido, amándolo, identificándome con él. Revelaba en ese mundo superficial y "luminoso" el sustrato del mundo verdadero, y la batalla de signos contrastando con las horribles estampas y crucifijos de las paredes era de dimensiones épicas.
Nunca hasta ahora, con mi mundo romántico que sostengo con Natasha, con el Rol, con la fantasía propia, con este blog, con todas mis creaciones y amistades, había fortalecido tanto mi visión que la Tierra Oscura pudiera realmente avanzar e invadir el mundo normal. La invasión empezó incluso en el terreno más esquivo. Cuando voy con uniforme al colegio, cuando concedo formas... las pocas que concedo, no lo hago como entrega, como derrota: simplemente instrumentalizo un disfraz. Podrán decir "¡El resultado es el mismo!" y tendrían razón... de no ser porque así, tengo el infinito potencial de cambiar.
Siempre dije: "voy a derrotar al mundo vano". Permitanme sólo una cursilería, pero necesaria, y algunas veces sincera: mi vida está mucho más llena desde que puedo decir "vamos a derrotar al mundo vano, y ya lo hicimos al hablar en plural". Gracias :D :'( (que me emocionan, estúpidos!!!)
¿Qué cambió en mi? ¿Qué me sume en melancolía más que el sueño, qué me sume en sueño más que el miedo, que me vuelve a animar más que darme cuenta que el miedo es una trampa, qué hace de mi vida algo que merezca la pena más que saber que no es en vano y que quienes más amo reconocen lo que hago? ¿Eso es lo que cambió en mi? ¿Saber eso? ¿Tan simple y tan complicado de alcanzar?
No voy a contar los detalles que citaría por reflejo si me preguntaran que cimenta en este momento mi autoestima. Es casi impúdico de tan íntimo... y en algunos casos, un poco perverso. Creo que sólo se lo podría decir a alguien que nada tuviera que ver con ninguno de los implicados en esas cosas.
¿Se acabó acá? Creo que todavía tengo post para rato. Iba a contar de una discusión con mi madre que acabó en tranquilidad, y un intento fallido de poner Haggard en lo de mi abuelo, que sin embargo sirvió de catalización para que Nightwish fuera recibido como un hermoso descanso.
¡¡Mañana toca Épica, tengo la entrada y todo!!
Que más dá, ya no sé que decir. Al menos lo esencial ya está dicho. Lo demás... quizás sea aburrir ojos.
Tengo (no es una inmodestia, sino sinceridad) tantos oídos a mano capaces de entenderme en estos momentos (una de las cosas que siempre soñé) que empiezo a seleccionar cosas para cada uno...
Terminé el segundo libro de Dune. El final fue uno de los mejores que he leído, y lo fue incluso en un libro que evidentemente, no fue de los mejores que he leído.
Voy a aturdirme un rato con Tristania y a dormir... adios
PD: Terminé los cinco libritos de I''s que me prestó Facundo(los hice durar poco, sólo un día :( )... pero no me cierra el final: ¿termina ahí?
Me gustó mucho... claro que era de esperar conociéndome ^^ .
Empiezo por referir hechos, que es lo más aburrido, pero la manera de meterme en clima:
Niégal agitó el báculo trazando invisibles runas en el aire. Sabía lo que sucedería, en eso consiste la magia; no lo creía, lo sabía. Una bola de fuego surgió rápidamente en la punta, comenzó a arder de la nada, como si el aire mismo se hubiera vuelto combustible. Terminó entonces el movimiento del báculo en un arco que terminaba con un violento gesto hacia adelante, y la bola salió disparada. Impactó de lleno en la cabeza de la masa-de-músculos-sin-cerebro que se le enfrentaba, y lo quemó e incineró, asustando al ya asombrado público.
Sucedían muchas cosas mientras tanto: Atandariel, cuyo aspecto engañaba verdaderamente, asestaba al otro guerrero un flechazo en la espalda al aparecer repentinamente detrás de él, proveniente de una Umbra cercana. La banshee, en posesión del cuerpo de un fuerte hombre llamado Morgan, intentaba acabar con monstruos que avanzaban invocados en Umbras como la que Atandariel recorría.
La escena continuó, la batalla terminó con la violenta derrota de cada uno de los enemigos del grupo. Pudo así la unida compañía seguir adelante: demostró su poder y por tanto su valía en aquel vil campamento de reclutamiento. Pero no pasó largo tiempo sin que aparecieran conflictos, y aún más graves, pues los compañeros se complementaban y la compañía podía hacer frente a enemigos verdaderamente poderosos... pero no a la desconfianza y la traición.
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Fue así que, a las siete, avisé que en una hora me tendría que ir. Claudia retrocedió en el tiempo con el reloj que ya en una ocasión había salvado a mi personaje, de manera que pudimos rehacer las decisiones que habían desembocado en aquel conflicto fatal, donde acabábamos enfrentados, tirando dados unos contra otros, al principio de habilidades de engaño: luego, directamente, de violencia física, mental y espiritual. Nuestra misión ya está establecida, y aprendimos la lección de lo que acarrean las desconfianzas, aunque de entre los personajes sólo lo recuerde la banshee de Claudia.
Cerramos, guardamos, nos despedimos. Por primera vez, un número considerable de gente pisó mi casa al mismo tiempo, y pienso que para ser la primera, fui un decente anfitrión. Esto ya de por sí me dejaba muy satisfecho, de mi y de los hechos. Me tenía que ir al colegio a rendir... y contraba con lo que acababa de terminar de hacer, tan imposible en el mundo del colegio, tan reprimido y agredido en ese entonces que yo incluso temía revelarlo, me sentía agredido por sólo pensar en otras cosas que pizarrones, profesoras, compañeros y recreos. Pero aproveché justamente por eso, y fue una brillante decisión.
Me bañé, me cambié, demases. Me puse ese espantoso y árido uniforme que me reduce intentando contenerme, pero sin miedo a él: incluso en la fantasía, uno asume diferentes disfraces. Y salí de acá, perfectamente tranquilo, hasta eufórico, y entré en el colegio.
A la izquierda de la secretaría hay un espacio con asientos donde los alumnos esperan que los distribuyan. Estaban los habituales llevadores-de-materias, generalmente gente superflua, que nada tiene que ver conmigo, de hecho, probablemente, la más distinta a mi que hay en ese colegio. La que más me solía agreder, la que más me acusa. Pero no me importaba, yo simplemente me reía por dentro y sonreía por fuera. Sabía que sencillamente, si alguien se equivocaba con respecto a mi, podía invocar otra vez la bola de fuego... y ni siquiera habría paradoja para golpearme cuando la realidad entera de ese miserable se deshiciera en cenizas y cayera hasta el Tártaro.
Evocaba el recuerdo de los que me dan valor por lo que soy, como si de esa manera me acompañaran físicamente, y me ayudaran de hecho a enfrentarme con quien allí quisiera hacerlo: y de hecho lo hacen, porque es con la seguridad que me dan sus palabras que me enfrento a lo que sea.
Entramos en el aula, una vez que nos distribuyeron. Había un chico y una chica. La chica, desconocida. El chico se llama Gonzalo, le dicen Rata(tiene 16, la edad de mi hno), y tiene una historia particular: cuando me conoció era de los que me cargan porque sí, agrediendome, no físicamente, pero sí verbalmente hasta el cansancio. Yo no sabía como tolerarlo, hasta que me empecé a reir de eso. Después no sé que pasó: un día se dio cuenta de algo, y pasó de la agresión violenta a un respeto con connotaciones amistosas. Yo lo asumí inmediatamente, y supongo que de esa manera ratifiqué el respeto definitivamente. Pero hace ya más de un año que no nos cruzamos, así que ahí no nos saludamos.
Y yo miraba el aula, buscando un vestigio de algo propio. No había nada propio en las estampas de las paredes, nada propio en los ruidos de muchedumbre, ni en los uniformes, ni en los bancos, ni en la falsa madera que los cubre, ni en las tizas, ni en la pizarra verde... tampoco en las paredes con pequeños mosaicos de colores grises, tampoco en las puertas de los baños. Las persianas de las ventanas me eran completamente ajenas, tan inconcebibles a mi paradigma que me resultan increíbles. Casi el conjunto lograba convertir en ajena la misma luz del Sol.
Pero yo sé que lo propio lo llevo conmigo. Ni el documento de identidad es propio tampoco... pero no necesito focos físicos para hacer magia, y reproduzco mi poesía a cada paso. La recreo cuando escribo, y siempre puedo, como hice, anotar la fecha en números romanos. Sólo por piedad evito el "Annus Domini MMV". Y me acuerdo que hay corazones, hay sangre para mi, estrellas... la noche ausente de ese desierto lugar. Entendí a Gabi con su idea de "el mundo tiene mucha claridad, por eso en compensación hice la Tierra Oscura". No es verdad que el mundo tenga mucha claridad... pero en esa lugar, estaba todo demasiado disociado. Me recuerda a la genial frase de Petu: "La generación interior negó tanto al ángel caído que ahora les fue devuelto en formato de hijos"
Aprobé la primera... y me dieron quince minutos para la segunda. Me fui a tomar sol al patio, a dar mi cara a la estrella. Me sonreía de pensar lo equivocado que estaría el que juzgase que hacía yo allí: porque creería que mi uniforme me determinaba, que el horrible lugar donde estaba me determinaba. Por supuesto, creo que un alma suspicaz entendería, le resultaría evidente, que asumo ese rol como un disfraz, que la Realidad es para mi al revés, que soy Niégal Krúxluimid, Gourry-kun, y roleo a 32.949.064, a 4543-****, Crámer 2*** , 18 años 10 meses de existencia física...
Subí al piso donde me iban a tomar, pero aún no habían llegado las profesoras. Entré a un aula vacía... había tiza y borrador junto al pizarrón. Demasiada tentación. Es la oportunidad de trazar algo de mi en ese espantoso lugar. Dibujé un pentagrama chiquitito... y lo borré. Dibujé un hexagrama grande en el centro del pizarrón: alguien podía venir y algo de miedo tengo aún, así que lo volví a borrar. Pero me llenaba de rabia contra la intolerancia, contra los años de represión y tortura psíquica. Entonces volví a dibujar el pentagrama, pero invertido.
Me sentí muy extraño. Al dibujar soy siempre el mismo, me reconozco dibujando. Sé lo que soy y quien soy. Dibujé muchas veces en el colegio, aunque siempre me sentí algo extraño, pero no era ese el problema.
Hace poco me sorprendí, en momentos de odio enorme, buscando símbolos para mi odio, trazando esvásticas y dejando de lado esos sentimientos. Pero sólo una o dos veces, y motivado más bien por la diversión, había dibujado el pentragrama invertido. Todavía le tenía miedo. En ese momento, frente al pizarrón, descubrí que no le tenía miedo más... y que había dibujado eso en el pizarrón del colegio, convencido, amándolo, identificándome con él. Revelaba en ese mundo superficial y "luminoso" el sustrato del mundo verdadero, y la batalla de signos contrastando con las horribles estampas y crucifijos de las paredes era de dimensiones épicas.
Nunca hasta ahora, con mi mundo romántico que sostengo con Natasha, con el Rol, con la fantasía propia, con este blog, con todas mis creaciones y amistades, había fortalecido tanto mi visión que la Tierra Oscura pudiera realmente avanzar e invadir el mundo normal. La invasión empezó incluso en el terreno más esquivo. Cuando voy con uniforme al colegio, cuando concedo formas... las pocas que concedo, no lo hago como entrega, como derrota: simplemente instrumentalizo un disfraz. Podrán decir "¡El resultado es el mismo!" y tendrían razón... de no ser porque así, tengo el infinito potencial de cambiar.
Siempre dije: "voy a derrotar al mundo vano". Permitanme sólo una cursilería, pero necesaria, y algunas veces sincera: mi vida está mucho más llena desde que puedo decir "vamos a derrotar al mundo vano, y ya lo hicimos al hablar en plural". Gracias :D :'( (que me emocionan, estúpidos!!!)
¿Qué cambió en mi? ¿Qué me sume en melancolía más que el sueño, qué me sume en sueño más que el miedo, que me vuelve a animar más que darme cuenta que el miedo es una trampa, qué hace de mi vida algo que merezca la pena más que saber que no es en vano y que quienes más amo reconocen lo que hago? ¿Eso es lo que cambió en mi? ¿Saber eso? ¿Tan simple y tan complicado de alcanzar?
No voy a contar los detalles que citaría por reflejo si me preguntaran que cimenta en este momento mi autoestima. Es casi impúdico de tan íntimo... y en algunos casos, un poco perverso. Creo que sólo se lo podría decir a alguien que nada tuviera que ver con ninguno de los implicados en esas cosas.
¿Se acabó acá? Creo que todavía tengo post para rato. Iba a contar de una discusión con mi madre que acabó en tranquilidad, y un intento fallido de poner Haggard en lo de mi abuelo, que sin embargo sirvió de catalización para que Nightwish fuera recibido como un hermoso descanso.
¡¡Mañana toca Épica, tengo la entrada y todo!!
Que más dá, ya no sé que decir. Al menos lo esencial ya está dicho. Lo demás... quizás sea aburrir ojos.
Tengo (no es una inmodestia, sino sinceridad) tantos oídos a mano capaces de entenderme en estos momentos (una de las cosas que siempre soñé) que empiezo a seleccionar cosas para cada uno...
Terminé el segundo libro de Dune. El final fue uno de los mejores que he leído, y lo fue incluso en un libro que evidentemente, no fue de los mejores que he leído.
Voy a aturdirme un rato con Tristania y a dormir... adios
PD: Terminé los cinco libritos de I''s que me prestó Facundo(los hice durar poco, sólo un día :( )... pero no me cierra el final: ¿termina ahí?
Me gustó mucho... claro que era de esperar conociéndome ^^ .