domingo, diciembre 10, 2006

Dolor

Nos enseñan a temer el dolor. ¿Por qué nos enseñan a temer el dolor?


El dolor no es temible. No es agradable, pero esencialmente porque agradable casi puede definirse como lo contrario del dolor, pero el dolor sí puede llegar a ser deseable. Pero no es eso lo que hemos aprendido, ¿no? El dolor es malo. Qué se yo, algo muy bueno del cristianismo era entender que el dolor tenía - aún cuando no sea por los motivos que dice el cristianismo - sentido y no era malo. Sin embargo, tal vez como la raiz misma del dolor estaba asociada al mal, a la larga esa era la conclusión que se sacaba; que el dolor es malo.


Como pueblo y como cultura los "occidentales" vivimos esquivando el dolor. Bueno, calculo que los demás pueblos harán lo mismo, pero como esto parece ser un rasgo cultural no me voy a meter a decir lo que hacen. Es bien cierto que nuestra cultura considera la comidad y el bienestar no-doloroso como bienes indiscutibles. Proponer que el dolor es "bueno", o al menos aceptar que es deseable, suena pecaminoso a los oídos de los desprevenidos. Pero, ¿por qué? La vida está llena de dolor. Muchas veces, el dolor mismo es vida. Alejandro Dolina escribió dentro de su opereta un tango llamado "Tango de la Muerte", uno de cuyos versos dice "y no sentir ningún dolor es lo que duele más..." ¿Por qué? Porque no sentir ningún dolor, no ser capaz de sentir ningún dolor, sólo significa que uno está muerto. Sentir es doler.


Si ha de explicarse el origen de la visión mala sobre el dolor, será el exceso. Pero no voy a ser Albertiano (en la novela de Goethe "Werther", Alberto era el opuesto de Werther. Werther era impulsivo y animoso. Alberto según palabras de Werther simepre que afirmaba un absoluto aclaraba su contrario y lo relativizaba hasta que finalmente no quedaba nada de su argumento).


Una cita algo trillada sería el dolor del parto. Hablando de cosas similares Émile Durkheim refirió que el delito entendido como desobediencia a las leyes no podía ser considerado mórbido dentro de una sociedad, ya que por lo visto en las estadísticas siempre había cierto margen de delito, y que sin ese delito la sociedad se estancaba. El asunto es que presumir que no hay delito es presumir que las actuales leyes son perfectas. Pero Sócrates para su época era delincuente, y por eso fue condenado.



¡Tanta persecución, tanto miedo! Duele, duele, dueleeee.... ¡¡dueeeeeeleeeeeeee!! ¡Ay! Duele más el miedo al dolor. ¿O no?


El miedo al dolor es terrible. El cuerpo paralizado, alterado. La mente enloquecida, el deseo de huir. ¿Vieron a algunos chicos con pánico a la vacuna? Y, ¿sintieron una inyección? El dolor de la inyección no es nada comparado al sufrimiento que produce el pánico previo. Todos nos hemos cortado alguna vez un dedo o la mano con un cuchillo en la cocina o un vaso roto. El dolor, ¿fue tan fuerte? A veces ni siquiera se siente. ¡¡¡Es mucha mayor la impresión!!! Intenten cortarse el dedo, aunque sea levemente, con el cuchillo. A veces pasar la hoja suavemente rozando la mano es más doloroso que cortársela sin querer.



El dolor tan odiado... se potencia a la enésima en el mismo odio. Es como el mal, que reprimido explota y destruye haciendo más daño aún. El camino a la superación y al equilibrio es la aceptación. La hipocresía potencia lo tapado.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es inútil... No hay que temerle a lo inevitable. Y el dolor es inevitable si se pretende vivir.

Además, si una persona lograra evadir suficientes dolores, el primero que la golpee la mataría...

Tenemos que sufrir el dolor para hacernos más fuertes. Sin dolor sólo somos criaturas débiles y temerosas.