She is my sin
En lo alto de la torre la niña esperaba junto a la ventana, aspirando el olor lujurioso de la rosa que llevaba en su mano. El olor llevaba a sus labios un sentido de pecado, y ella lo sabía sin admitirlo. Algo oscuro sucede esta noche...
Mientras en el jardín se agitaban apenas las desnudas ramas, sintió que la brisa le sacudía algo más que los cabellos, con aliento de premonición. La lamía. Se estremeció, sintiendo la lascivia crecer aún más. ¡Qué venenoso era aquel aire! Esos jardines no debían llevar rosas en inviernos. No debía haber encontrado una rosa pura desangrandose sobre la nieve, ni tampoco las señas del amante trazadas con su sangre, diciendole que esperara junto a su ventana en el aire de la noche.
Culpable, olía su rosa herida mientras trataba de sentir una escalera que subiera hasta allí. No se veía nada de los jardines, pues los árboles espinosos tapaban la luna. La luna que se envelaba en nubes, veleidosa.
Alzó la rosa voluptuosa contra la luna y un vapor de culpa la lastimó de vuelta, ¿y si alguien oía al amante venir? Pero se sentía embriagada, y aún sabiendo que era veneno cedía a las espinas de la rosa sangrienta. ¡Oh, espina, clavate en mi, desgarra algo de mi carne, bebe mi sangre y mezclala con tu ponzoña que confunde la mente! pensaba la niña, Deseo tu licor, más que el paraíso
Oyó ruidos desde abajo de la torre. Sintió terror, pero el vértigo la obligó a sumergirse en ese abismo, y en vez de huir miró para abajo. Una forma se movía. Una forma amada, envenenada, roja y sin embargo más oscura que la oscuridad. La luna brillaba en un par de ojos fascinantes, solitarios y decididos. Despiadados. La niña retrocedió cuando la forma llegó a la ventana... aquella forma, ¡no era humana!
El lobo entró con sangre temblando entre los dientes. Con sus brazos estrechó a la niña, que se entregó a ellos mirando fijamente sus ojos. Los miró y los miró, sin sentir horror ante las garras que sin delicadeza posible desgarraban su carne, sin sentir miedo ante el aliento envenenado, sin retroceder ante los largos dientes.
- ¡Te amo! - gritó y dejó la rosa caer.
Él abrió las fauces y la devoró. La puerta de la habitación se abrió de golpe y un caballero anciano gritó de horror y desesperación. Lanzó su lanza contra el intruso y lo atravesó de lado a lado, rompiendole el corazón. El lobo cayó, sonriente. Un rayo de luna acarició la sangre mientras inundaba la habitación...
Años más tarde, un caminante topó con las ruinas largo abandonadas y se cobijó en ellas de la tormenta de nieve. En el piso, junto a una extraña piedra, crecía una rosa invernal. Al lado una leyenda en sangre fresca aparecía escrita en hermosa letra de niña, pero emborronada como si en verdad la hubiera trazado con horas de esfuerzo una bestia salvaje. Decía:
"¿Dónde has visto una rosa más roja?"
No hay comentarios.:
Publicar un comentario