domingo, diciembre 18, 2005

«Vence el que es mejor; por eso vence» Acila de los Señores del Sol

- ¡Ven! Siéntate en el sillón. Elige una mano: bien, negras. ¿Quieres un té para acompañar la mente? Las volutas del vapor inspiran la imaginación y limpian los sueños.
"¿No? Bueno, te serviré porque de todas maneras yo sí quiero uno. No, no es nada: el anfitrión debe algunas veces ser violento con los huéspedes tímidos. Esperame un segundo: no creo que puedas adelantar grandes jugadas mirando el tablero en su posición virginal, pero puedes al menos ir preparando la mente."


Poder significa posibilidad. Al menos, esa es la raíz etimológica y "filosófica" del término. El uso cotidiano le da más connotaciones, y sobre todo, se preocupa en lo concreto, en lo que se tiene, valora o intuye como posibilidad deseable.
Todo aquél que quiera elegir necesita poder, en el sentido de que necesita de las posibilidades para elegir entre ellas. No es materia de discutir en una reflexión sobre el poder el sí ese poder o albedrío es o no real: íntimamente creo que no, pero reflexiono y escribo de todas maneras, porque, real o no, las consecuencias prácticas son exactamente las mismas.

La libertad es un derecho así como un deber y una necesidad: la elección es inevitable, y como tal necesaria, pero se puede preocuparse por ella o no, y eso hará entrar en juego las otras consideraciones. Para quienes consideramos que la libertad es esencial y el ocuparnos de ella tiene muchas consecuencias en la vida (autoestima, autodeterminación, valor social, mejora del mundo, búsqueda de la trascendencia y perfección) la adquisición de poder, es decir, de posibilidad, es un tema interesante y algunas veces apasionantemente atractivo.

- Peón cuatro rey (es decir, avancé dos casillas el peón que estaba delante del rey).
"Sí, veo... supongo que era inevitable que me imites. Dos peones solos en el centro del tablero. Al menos hemos comenzado.


El desafío y el poder

Dentro de un marco concreto, tenemos libertad de acción perfecta, ilimitada. En realidad, nuetra posibilidad no suele superar una cierta cantidad de opciones, tanto seamos científicos contruyendo una planta de fusión, emperadores del mundo o amos de casa: por eso lo que buscamos, no es realmente aumentar la cantidad de opciones, sino aumentar la consecuencia de nuestra decisión. Es necesaria cierta cantidad de locura y megalomanía para considerar que nuestra decisión deba trascender, pero como si no lo hacemos nosotros lo hacen otros humanos, tampoco es salida rebajarnos y decir "no puedo hacer nada bueno".
Decía pues, aumentar las consecuencias: esa es la ciencia humana, social y material del acrecentamiento del poder. No hay duda de que es más poderoso quien tiene la posibilidad de hacer ascender o caer a un pueblo entero, a miles de seres humanos, de influir la vida de ellos, sus pensamientos bajo su regla o sus cuerpos bajo su azote.

Pero, ¿cómo sabe el poderoso que lo es? O, de otra manera: ¿cómo podemos saber que lo que vemos como posibilidad es más que una ilusión?
Existe una manera, peligrosa, muy peligrosa (ya lo dice su mismo nombre): el desafío. Desafiarnos los unos a los otros nos da perfectamente a ver, encarnado en el vencedor, quién tiene la posibilidad de vencer. Una parte de la mente está siempre atenta a lo que pierde y a lo que gana, a quién tuvo éxito donde nosotros no, y donde una manifestación nuestra dejó en claro que tenemos eso dominado.

...podría dejarlo así y gozar del escándalo, pero voy a ser piadoso y voy a aclarar: competir no es lo mismo que desear a toda costa ganar... y no es tampoco lo mismo que pisar cabezas para "probar algo". En el fondo todos sabemos y sentimos que toda competencia tiene un solo competidor, y un solo vencido o derrotado, depende del caso: nosotros mismos. El tener en la mesa de luz el Gran Premio de Mónaco no nos da necesariamente la victoria interna de la que hablo: nos demuestra, eso sí, que tenemos o tuvimos el poder de alcanzar eso, pero quizás nuestro poder de superación nos interese más y gocemos más de haber salido quintos con un Minardi.

El que en nombre de la competencia pisa cabezas... no entendió nada, y desde luego que perdió (no porque lo diga yo, él mismo se lo dice todo el tiempo, por eso necesita aplastar cabezas, para reconvencerse de que tiene esa posibilidad).

- Saco el alfil... ahí. El casillero se llama alfil cuatro dama.
"Mira con atención: los movimientos suelen estar gobernados, más tarde, por el azar o la intuición, pero estos tan iniciales son dirigidos con un frío cálculo. Puedes ver mis ideas, intuir los flancos que estoy desplegando, aunque permanezcan sutiles, ¿no?


Armas

¿Queremos llegar más allá? ¿Con qué garrocha?
Ohh, no hay puente. ¿Y ahora? ¿Dónde está la compañía de militares con sus prearmados que son capaces de soportar un tanque?

Cualquier nueva posibilidad y búsqueda de aumento de las consecuencias es en sí una ciencia. En realidad, toda ciencia es poder, porque da acceso a nuevas posibilidades de acuerdo a lo que aporta a la mente.
Un nuevo desafío, nuevas armas. Por suerte tenemos muchas formas de procurárnoslas.

- Esa jugada no tenía nada que ver. Bien, no le prestaré atención: no interrumpe mis planes. Dama tres alfil Rey.
"Oh, vamos, ¿no ves que hay allí delante? ¿No ves donde tu defensa tiembla?... ¿no?


Alerta. La vida es un desafío personal. Las armas y las jugadas prearmadas... son nada más que una ayuda.
En realidad, todos improvisamos la vida, no hay otra posibilidad: para que salga bien, una vez asumido eso, estar alerta es bastante conveniente.

- ...
"...
"¿No hay otra opción? ¿No prestas atención? Cambia la cara... bueno, está bien.
"Dama por peón... ¡Jaque mate!


Ética del poder

El poder tiene una sola norma ética. La norma que se deriva de la misma naturaleza del poder y de su naturaleza como instrumento de la libertad: "No hagas algo solo porque tienes la posibilidad. Ese es el peor de los motivos."
Para teorizar un poco y no dejarlo tan dogmático, digamos que es el peor de los motivos porque no es ningún motivo en absoluto. Es la resignación de la libertad, la perdida total de poder sobre nosotros mismos...

¡qué somos lo primero sobre lo que debemos tener poder!

- Sí, retrocede. Ya sé que no solo has soltado la pieza sino que yo he movido a continuación... pero retrocede igual.
"¿Piensas que te infligido una derrota? Sin duda, te he infligido numerosas e irremediables derrotas, de las cuales el permitirte volver atrás no es la menor.
"Pero piénsalo con paciencia, dejando de lado tu sentido de la humillación... ¿qué provecho obtuve de todo eso? O, aún mejor, ¿qué daños debemos lamentar?
"Me alegro... peón tres alfil rey... es un movimiento bastante más sensato.


Y así tener poder puede ser una alegría para el mundo... o aunque sea, asumir el poder que sí tenemos.

"Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros..."
El más poderoso usa su poder en benficio del más débil... hermoso, y verdaderamente redentor: redime el pecado (porque cuando no es inevitable es un pecado, incluso para la Iglesia) de la debilidad con la piedad, y redime el pecado de la búsqueda del poder a través de su uso fiel.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No me queda más que dejar constante lo interesante que me resultó este post, enriquecido con movimientos ajedresísticos.

Ah, hace mucho que no juego al ajedrez...

No sé si soportaría una partida en estos momentos...

Niégal Krúxluimid dijo...

Wow, me alegro mucho... últimamente creía que mis posts reflexivos gozaban de poco rating, los seguía poniendo porque me encantan y no tengo intención de evitarlos.

Yo hace demasiado que no juego al ajedrez, y después de las enormes dosis de horas de programación, lo estoy necesitando.