lunes, enero 23, 2006

Escrito a la vuelta de la playa de noche

Estuve en la playa bajo el cielo negro lleno de estrellas y algunas nubes, la luna menguante, y el mar de terciopelo como sus cabellos, reflejando la luz plata y azulada de la noche.
Evocaba el corazón cuyo sangrante palpitar quiebra mi noche con la luz de un relámpago. Mis ojos helados y llenos de viento (como mis brazos cruzados) recordaban las lágrimas por él derramadas que hacía poco se habían secado. ¡Qué fría se vuelve la arena durante la noche! Ahora que volví el solo calor de esta habitación hace que mis pies parezcan arder, por el contraste.
Hace mucho que no me asomaba a una noche así. Era casi demasiado intensa para mi destemplado y seco espíritu, pero pedí sangre y vida a la princesa de mi oscuridad, y no me fue negada. Se me empañaron en ese entonces los ojos de nuevo. Después me concentré en resistir, triste por no tener abrigo ni cosas necesarias para quedarme allí largo rato (y las intensas luces del muelle así como las de la ciudad detrás de los médanos hacían que no se justificara permanecer a pesar del frío y el riesgo).
Pero cuando ya estaba pensando en irme vi una figura contra las luces del muelle que venía caminando por la línea de la costa. Se acercaba. Dudé que hacer, pero como venía despacio decidí separarme del mar para respetar su soledad. La marcada sombra que proyectaba la luna me hacía sentir desnudo y muy visible, pero era una impresión tonta porque con el mismo criterio yo debía ver su sombra claramente. La silueta pasó entre mi y el mar lentamente, marcada en la riela de la luna. Creí ver que era una mujer, o por los menos que tenía el pelo largo. Apenas me corrí me había ya arrepentido de hacerlo, porque se me ocurrió hablarle y conocer a un alma que buscaba aquella soledad en el frío y la oscuridad, y ahora estaba sorprendido de que fuera una muejer, porque el lugar tan vacío era, después de todo, peligroso. De todas maneras era tarde para acercarme porque lo o la asustaría, así que seguí retrocediendo hacia los médanos, cada vez más rápido. Finalmente empecé a correr, despidiendome de las estrellas (Oh amada cruz del sur que me señalas mi destino) como si fuera yo el que tuviera motivos para temer.
¡Dios mío, que Noche!
Ahora voy a terminarla soñando con mi princesa. Adios.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hier bin ich liebte Prinzen. Meine vollständige Dunkelheit ist Ihre, meine Nacht ist Ihre. Ich liebe dich

Niégal Krúxluimid dijo...

:)
Ich will deine Dunkelheit... Ich will es!!