viernes, enero 12, 2007

Eso sí, es muy rica la hidromiel y ahora que lo pienso, todo tiene sentido. Sí, es muuuy rica, tan dulce, dulce como los labios de un hada. Dulces labios entreabiertos que beso y de los que bebo, labios de ellas, las amo... rojos, húmedos, tiernos, iluminados por el sol en la tarde de primavera, iluminados por el sol del atardecer, el bosque implícito en ellos, no sé si el verde de su mirar, no sé si el azul de tu llorar, no sé porqué pero soy yo quien lloro, yo porque la extraño, mi hada a quien ya no puedo llamar, la evoco mi hada, la extraño.


Sus labios de carmesí, mi color, míos... los ansío. Derramar y compartir con ella esta dulce hidromiel. ¡Oh soy yo el que comete la profanación! Ahora lo veo, ciego, sordo, mudo, necio, traidor, ¡quiero más, más hidromiel! ¡Quiero verte con mis ojos! Dulce droga, dulce paz, dulce pasión, dulce muerte, ¡yo no moriré!


Vente, conmigo a mi sacrificio, a mi Armaggeddon, no temas compartirlo, no te rechazaré... ven conmigo en silencio, llorando y cantando, no temas, nadie nos verá.

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