Instrumentalización de los vínculos
No es tan así.
Acabo de volver de lo de Mariana, donde estuve hablando con ella un rato.
Gracias a un intento fructifero de dejar de lado mis problemas (brevemente: gran quilombo gran con mi hermano en su vuelta, con pelea y quiebres incluidos, e incapacidad por mi parte de manejar mi situación con el colegio) estuve de buen humor y alegre. Le mostré, at last, los dibujos y diseños que tengo. En fin, todo bien.
El problema de los vínculos: cuando no hay nadie a mi alrededor, los límites de mi territorio se desvanecen, y por eso mismo, los límites de mi mismo. Pierdo gradualmente la conciencia de mi, porque me defino con la intrumentalización de los vínculos.
Es por esto que, pese a que la construcción de mi mismo se da por un proceso de contrucción interna, la observación de mi, de lo que soy, y de lo que tengo que cambiar, está en el espejo de los demás.
Es verdad que sigo dependiendo de la aprobación de los demás: pero eso es, en última instancia, inevitable: el paso importante consiste en darse cuenta de que la aprobación se recibe en tanto uno se considere digno de ella. A partir de ahí, es un círculo virtuoso.
Por supuesto, quien quebró el círculo vicioso de autoeliminación fue quien me dijo que yo merecía la aprobación, y que ya la tenía, simplemente tenía que asumir la realidad así y no como la suelo observar yo, como un rechazo genérico a mi persona.
Cada vez que recibo una aprobación externa mi autoaprobación se fortalece, y eso contribuye a mi definición de mi mismo. Esto es la instrumentalización de los vínculos.
Acabo de volver de lo de Mariana, donde estuve hablando con ella un rato.
Gracias a un intento fructifero de dejar de lado mis problemas (brevemente: gran quilombo gran con mi hermano en su vuelta, con pelea y quiebres incluidos, e incapacidad por mi parte de manejar mi situación con el colegio) estuve de buen humor y alegre. Le mostré, at last, los dibujos y diseños que tengo. En fin, todo bien.
El problema de los vínculos: cuando no hay nadie a mi alrededor, los límites de mi territorio se desvanecen, y por eso mismo, los límites de mi mismo. Pierdo gradualmente la conciencia de mi, porque me defino con la intrumentalización de los vínculos.
Es por esto que, pese a que la construcción de mi mismo se da por un proceso de contrucción interna, la observación de mi, de lo que soy, y de lo que tengo que cambiar, está en el espejo de los demás.
Es verdad que sigo dependiendo de la aprobación de los demás: pero eso es, en última instancia, inevitable: el paso importante consiste en darse cuenta de que la aprobación se recibe en tanto uno se considere digno de ella. A partir de ahí, es un círculo virtuoso.
Por supuesto, quien quebró el círculo vicioso de autoeliminación fue quien me dijo que yo merecía la aprobación, y que ya la tenía, simplemente tenía que asumir la realidad así y no como la suelo observar yo, como un rechazo genérico a mi persona.
Cada vez que recibo una aprobación externa mi autoaprobación se fortalece, y eso contribuye a mi definición de mi mismo. Esto es la instrumentalización de los vínculos.
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