martes, julio 12, 2005

Sueño II

Detengamos por un rato la expansión mística (y tendamos un velo de piedad sobre mis intentos de invocar un hechizo de relámpago entre las manos) para comentar otro sueño de carácter perturbador.

Una mariposa verde y no demasiado linda aletea en torno al balcón al lado de la escalera... Suena romántico: no lo era. El balcón es un balcón Bauhaus, como la escalera, todo de concreto y metal. La mariposa, no es un animal, sino una máquina imperfecta, porque el controlador no incorpora mi algoritmo de inteligencia artificial.
El balcón y la escalera están encajados en el costado de un edificio: yo voy subiendo por la escalera, y la mariposa me precede (el balcón está a mi izquierda). Hay alguien en el balcón, sentado en una reposera. Mira la mariposa y, ante una corriente de aire adversa o un intento de atraparla, la mariposa cae. Ahí es donde yo le afirmo a esa persona, el creador de la mariposa, que el sistema de IA está mal hecho, y que la caída es inevitable.

La escena salta a un intento lujurioso de que la mariposa copule con un par. Pero dificilmente fuera una mariposa lo que recuerdo de eso. Sólo una especie de horror, con trompas y cosas que más bien parecían vegetales, pedúnculos y pistilos.
Ahí es cuando despierto. Lo mantengo en la memoria no sé bien porqué.

Estos sueños pueden entrar en la caracterización de pesadillas, porque partiendo de un horror que siento adentro, me dejan un sabor molesto al despertar. He soñado cosas horribles, como que mi hermano asesinaba, que yo quedaba cercado en peligro mortal o que algún ser querido moría: pero es entonces cuando el despertar ha sido lo más maravilloso que podía pasarme, y esas fantasías, totalmente inverosímiles, sólo me hacían alabar la luz del día.

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