Swanheart
(continúa la veta prohibida para menores)
El sexo es todo. Por el sexo nacemos, y por el sexo vivimos. Todo para perdurar.
Pero es mucho más que un instinto, que una pulsión, que cualquiera de esos nombres... es desesperación, es sufrimiento, es cruz, es lucha, es toda la vida. Dedicarle todos los pensamientos al culto a una piel, a unos ojos; el encanto y la diversidad de los rituales, la variedad de la búsqueda, la belleza, el llanto.
Ocultamos los fines últimos porque nos da pudor su sencillez. Pero al fin y al cabo, todos los objetivos son sencillos. La Vida tiene un fin sencillo: perdurar. La trascendencia, el Espiritu, tiene otro objetivo sencillo: ascender. Entre los objetivos de ambos vivimos, en desequilibrio.
Mi cruz violenta, mi sangre, persigue otra sangre. Persigue belleza, aroma, tacto, sonido... y sueña, con la pureza del que llora al evocar lo que desea y haya lejos de sí. Capáz de entregar todo por su objetivo, aunque las alabanzas son vanas, ¿puede hacer otra cosa?
Así el corazón vive, se alegra y llora persiguiendo el sueño de ella... y, ¿quién es ella sino aquella a quién desea engañar hasta penetrar su tesoro? Poco romántico, demasiado sincero: pero alguna vez debía decirlo.
Sin embargo: ¿por qué le es negado? Porque no le conviene a la Vida difundir esos insensatos genes, darle el triunfo a esa veta dudosa. Deberá luchar para demostrar que puede igual... y sino, fallar, y llorar.
Y llorar...
Lacrime spiritus mei renovatur.
¿Puedo llorar para siempre?
Sólo pido tu regazo para recibir mis lágrimas.
PD: Cómo es natural, el sitio me bloqueó el linkeado de la imagen. Si les interesa la galería, acá. Tienen cosas hermosas en esas páginas.
Cómo agradezco que el blog sea privado cuando me dan ganas de postear estas cosas.