martes, marzo 14, 2006

Desprecio

No, para qué tomarse la vida en serio. Se sufre más. No te hagas drama, dejalo así. Mejor, lo pudiste ocultar. ¡Qué bueno, pudo disimular que había asesinado a su amante, y no se quebró la familia! ¡Todo pudo quedar como si nada! No importa, mientras nadie se entere. ¡Cuanto dinero tengo en el banco! ¿De dónde habrá salido? ¿Importa? ¡No, disfrutá la vida! ¡Olvidate y fue!


¿¿Qué mierda se toman en serio, sino es la vida misma?? ¿Está mal tomarse la vida en serio?


La vida es tragedia. Lo que sucede en ella se multiplica, tiene cientos de miles de consecuencias, y tiene verdad, tiene realidad. La realidad no es aquello que desearíamos que fuera a costa de olvidar todo lo que nos molesta: la realidad es la realidad. Tapar no la niega, sino que nos fractura en dos, nos fractura entre aquél que sabe como es, y el que ingenuo feliz. Y el ingenuo feliz es una mentira que vive como un equilibrista, entre cristal, pues su mundo es una cajita de música. En cambio, el otro "nosotros" es un ser destrozado, aterrorizado, temblando con un horror de infierno por una realidad que lo viene a destruir, temblando porque siente la ola que arrasa avanzando sobre él. Agonizando en medio de fantasmas que no se atreve a enfrentar, fantasmas que presiente a sus espaldas. Y mientras esté vuelto de espaldas, el ingenuo feliz puede sobrevivir, olvidando, tapando, distrayéndose, sin saber que la firma que acaba de poner será la muerte de varias familias como la suya, porque le sería necesario mirar la realidad para saberlo. No lo va a saber nunca: limpia sus puras manos en la inocencia de su fantasía. Y en su mundo todo es suave y acolchonado, comedias, risas, soluciones. La tragedia es un vicio de los amargados, aquellos que han perdido el amor por la vida para enfrentarse a los fantasmas que los acosan. Aquellos que se atreven a llorar.


¡¡¡Basta!!! Si digo todo esto, es porque lo ví. Hace poco tiempo oí comentarios sobre una historia trágica, en que un hombre, lleno de cobardía, asesina a su amada para no perder su comodidad. ¡¡¡Qué vileza, que bajeza, que destrucción!!! Y al final, aunque parece que no, el todo se logra ocultar, y su familia ficticia, su esposa a la que nunca amó y su trabajo normales, pueden continuar, de espaldas a esos fantasmas.


¿Pueden creerme que la mayor parte de la gente se alegró de que haya podido ocultarlo?



Perdón, pero estas cosas me desesperan. Porque esa misma gente, que se fascinaba viendo que no había otra solución y que se alegraba de que pudo taparlo, son los mismos cobardes que matan su amor para vivir en la ficción de su mente. Y son los mismos que toman un avión, cargan su bodega de bombas, y las arrojan sobre quienes amenazan su seguridad. Ríanse de los cadáveres, ríanse de la sangre, ríanse del hambre y del dolor. Ironizen con sus niños muertos, con sus esposas violadas, con sus padres caidos en un pozo. Haganlo. Y después, ríanse de mi tragedia, burlense de mi teatro universal.

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