La cuenta exacta
No hay nada en el mundo que no sea bello.
Primero está la flor, el sol, el cielo, la nieve, la primavera, la mujer, el bosque, las montañas. Después, algunas cosas más groseras, como el verano, el barro, los cardos y las malezas, las paredes encaladas, el hombre, los animales malolientes. Y también hay en el mundo cosas desagradables, como la carne podrida y corrupta, las ciénagas pestilentes, el estiércol, la basura, los insectos repulsivos, los callejones cubiertos de vómito.
Y así, desde la belleza imnaculada hay toda una gama, todo un juego de matices hasta sepultarse en la más horrorosa perversión y fealdad.
Pero todo es necesario.
Todo ello forma parte del mundo, de una manera u otra. Un escorpión luego de tanta saturación de resplandor nos recuerda cual es la verdad de lo suave e inofensivo, y un cadáver nos da una frialdad espantosa que hace comprensible nuestros sueños de luz.
Entonces, ¿cuál es el problema? ¿Por qué es que quienes la amamos, sentimos tan a menudo que falta en el mundo la Belleza?
El problema es la proporción. El mundo debería abundar en las cosas que amamos más, que soñamos y buscamos, dejando el lugar en que son buenas y verdaderas las cosas oscuras y ocultas. No deberíamos ver los jardines en cajitas de cristal, sino que las cajitas de cristal deberían contener estos edificios que son las paredes de nuestros deseos, y que llegan hasta el cielo. Para que los veamos y podamos maravillarnos de sus bondades, sin que sean la cárcel en la que ahogamos nuestro espíritu.
Primero está la flor, el sol, el cielo, la nieve, la primavera, la mujer, el bosque, las montañas. Después, algunas cosas más groseras, como el verano, el barro, los cardos y las malezas, las paredes encaladas, el hombre, los animales malolientes. Y también hay en el mundo cosas desagradables, como la carne podrida y corrupta, las ciénagas pestilentes, el estiércol, la basura, los insectos repulsivos, los callejones cubiertos de vómito.
Y así, desde la belleza imnaculada hay toda una gama, todo un juego de matices hasta sepultarse en la más horrorosa perversión y fealdad.
Pero todo es necesario.
Todo ello forma parte del mundo, de una manera u otra. Un escorpión luego de tanta saturación de resplandor nos recuerda cual es la verdad de lo suave e inofensivo, y un cadáver nos da una frialdad espantosa que hace comprensible nuestros sueños de luz.
Entonces, ¿cuál es el problema? ¿Por qué es que quienes la amamos, sentimos tan a menudo que falta en el mundo la Belleza?
El problema es la proporción. El mundo debería abundar en las cosas que amamos más, que soñamos y buscamos, dejando el lugar en que son buenas y verdaderas las cosas oscuras y ocultas. No deberíamos ver los jardines en cajitas de cristal, sino que las cajitas de cristal deberían contener estos edificios que son las paredes de nuestros deseos, y que llegan hasta el cielo. Para que los veamos y podamos maravillarnos de sus bondades, sin que sean la cárcel en la que ahogamos nuestro espíritu.
2 comentarios:
Las ciudades están llenas de cosas horrorosas y desagradables... falta de aire, lluvia que se pega al cuerpo como si gelatina fuese.
Uno necesita el aire libre, ver verde hasta el horizonte, árboles y pájaros, agua fresca dejándose caer de entre las nubes... Sí, en lugares como esos abunda la belleza.
Sé que de todos modos, en la ciudad hay algunas cosas que nos mantienen con vida, pero generalmente esas "cosas" son personas...
Claro, lo que quería destacar es que el problema no eran las cosas que hay en la ciudad sino la ciudad en el sentido que es la acumulación de esas cosas.
En una ciudad todo se acumula sin armonía, y no se cumple el ciclo de limpieza que puse en trayecto.
No hay problema con la existencia de humanos, y en verdad ni siquiera de piloncitos de basura, mientras sean bien pocos y estén muuuy dispersos.
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