miércoles, marzo 22, 2006

Progressive Knife

El puñal se clava, deja la marca de su punta, y luego su filo va trazando con sangre la profundidad de la herida. Penetra violentamente, destroza aquello que debía estar unido, rompe los ligamentos y las formas, convierte los espectros de nuevo en nada.


Pero el puñal de acero hiere el cuerpo, mientras que el de luz, alivia el alma. Nosotros mismos no somos más que puñales de luz quebrando fantasmas de sombras que nos cercan y que velan la existencia. No somos más que rayos atrapados por telarañas de sombra, rompiendolas o dejándonos vencer por ellas.


¡Filo violento, agudeza de luz, calor de fragua, hoja perpetuamente recién templada! Como una daga en que todos los átomos de su filo tuvieran vida y cortaran en movimientos rápidos, hecha verdaderamente de la sutilidad de la luz, nuestro brillo es nefasto a las telarañas en su sola presencia. En dos capas, nuestro terreno tiene un substrato absolutamente luminoso, y un superestrato sombrío que nos nubla. En el medio entre ambos, una batalla apocalítica. Millares de restos de telas de araña destrozados a velocidades que darían vértigo a las estrellas, millares de espinas de fuego blanco arrancadas y perdidas en un vacío horroroso, en la noche de nuestras telarañas. ¿Hay entre ellas arañas espantosas que fomentan las pesadillas y tejen las tramas de las trampas?


Yo, en verdad, he visto nuevos hilos, persistentes sobras de telarañas que me arrancaban pedazos mientras las destrozaba. Pero nunca ví una sola araña.


Será, tal vez, que no sobreviven a la luz.

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