sábado, marzo 04, 2006

¡Salven a Bécquer!

Los autores se valoran por su obra, no por sus influencias. Intentar valorar a un autor por las influencias posteriores es pensar que el valor reside en la masividad del fenómeno, destacando lo social y acordado, mientras que por el contrario, lo importante del autor es su autenticidad y originalidad. Muchas veces el autor original deja influencias, pero eso solo bueno en el aspecto de que da a conocer las maneras que a él se la ocurrieron: no así si se piensa que es rigor seguir esas maneras.

Me parece hasta insultante poner en la contratapa de un libro de Bécquer que su poesía influyó mucho en los estúpidos de los modernistas, cuando lo que importa es Bécquer de por sí, sin pasado ni futuro, pues sus palabras lo dicen todo. Pareciera ser que si Rubén Darío no hubiera intentado imitar su estilo Bécquer no saldría publicado. Imbécil masificadores.

Se me acaba de ocurrir que si ponen ese tipo de cosas no es tanto por imbéciles como por comenciantes: el imbécil es el que compra el libro de un autor al leer que tuvo mucha influencia. Y hay que admitir que hay gente que los compra precisamente por eso.
Otra cosa que detesto es eso en las contratapas de los libros de Nietzsche, lo que demuestra que el buen Friedrich es en la mayoría de los casos, como dice mi viejo, un producto del marketing.

Originalidad, impulso vital, creación personal, magia, satanismo y sueños.
Basta de masificarnos. Si me leen y no están de acuerdo puteenme, no me den bola solo porque lo dije.

El primer pecado es la estupidez, porque la soberbia es solo una manifestación de ella. Es necesario caer en la imbecilidad para creerse perfecto. Es preferible el conflicto a la paz conformista, porque eso no es paz, es miedo, represión y deshonor.

No lean a Nietzsche porque está de moda. Antes que hacer eso, lean a San Agustín. Tampoco lean a Bécquer porque los modernistas le dedican poesías. Antes que eso, saquenle las tapas a todos los libros que se les crucen. Y en verdad, ¡sáquenle las tapas a todos los libros que se les crucen!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. Ése fue uno de los libros más valiosos que tuve, aún tengo; y fue por sus tapas en cierta forma. Jamás las arrancaría ni las trataría mal.

Lo presté en su momento hace ya varios años, y sufrió un accidente donde se rompieron sus tapas... y la persona a quien se lo presté le construyó por sí misma unas nuevas, je, no sabía que estaba haciéndolo valer mucho más que antes.