miércoles, mayo 10, 2006

Dies Iræ

Nota: Yo aquí había escrito un descargo que, a pesar de contener en su fondo cosas que siento sinceramente, tenía una forma amarga demasiado impregnada de mi dolor que le quitaba el auténtico sentido, y podía resultar nada más que ofensiva. El texto original lo conservo, aunque no tiene mucho interés la diferencia, más que para observar cuan dolido estaba.

El mundo oculta su propia maldad, que no es tan enorme, o no lo sería, si no la ocultara. Todo el sistema penitenciario, toda la condena a los delincuentes, no es más que una muestra dolorosa de la maldad de la masa, expuesta en chivos expiatorios. ¿Por qué digo esto? Me da algo de pereza explicarlo, pero voy a dar algunas pistas: imaginen la situación de un criminal, al que todo el mundo considera irredimible al punto que el también se considera una basura, y sabe que lleva sobre sí un estigma imborrable, y nunca más, nunca más, va a poder ser una persona normal, ni le va a estar permitida una vida normal. Que todos los "buenos" lo miran con repulsión, y debe sentirse por fuerza lejos de ellos, y lejos de su naturaleza de ser humano. Cerrar los ojos a esa realidad: ¿no es propio de una masa insensible que purga sus propios pecados sobre hombros ajenos? ¿No es culpa de la indiferencia y crueldad del pueblo el que un marginado justifique su marginación haciendo cosas que van contra sí mismo? El pueblo, que al condenar, se hace acreedor de toda maldad.


Yo creo firmemente que todo ser humano puede ser bueno. Que todos somos iguales en voluntad, deseos y sueños: todos aspiramos a volver a los brazos de nuestra madre, y dejar de llorar por adentro como siempre hacemos. Que cada uno puede ser bueno y feliz en la medida en que se sintió amado, y en la medida en que lo fue.


Los burgueses, al no querer considerarse iguales a los criminales, rebajan su propia naturaleza. Pierden el principio de humanidad que hace que seamos sensibles y buenos. Se pervierten.


Se convierten en ángeles de pureza cruel, de falsa pureza, que con su espada cercenan toda la impureza sin ver el palo que tienen frente al ojo.


¡¡Pureza!!


Si no admitimos nuestra propia maldad: ¿cómo vamos a entender la ajena? Si no admitimos que temblamos y lloramos: ¿Cómo vamos a tolerar el miedo y el llanto de los demás? ¿Qué belleza le queda al mundo si olvidamos nuestro odio para llamarlo "bronca", sin importar que al cambiar ese nombre, cientos y miles mueren para que esa falsedad se sostenga? ¿Qué oídos prestaremos al llanto y al dolor si tememos aceptar que estamos llenos de ellos? ¿Qué brazos paternos o maternos extenderemos a los demás, si intentamos olvidar que nuestra vida es un largo sollozo intentando volver a los dulces brazos de nuestra madre? ¿Qué humanidad comprenderemos si olvidamos que aspiramos a ella con todo nuestro corazón? ¿Qué fortaleza daremos si somos una torre de debilidad en equilibro inestable, tumbada a la menor ráfaga de miedo?


¿Es que acaso es posible pensar realmente que somos mejores que otro ser humano?


¿Es que acaso es posible creer realmente que "no podríamos ser como X"?


¿Es que acaso podemos creer que es posible conservar algo de mediocridad, y aún así cumplir los sueños o salvar el mundo?


¿Vamos a ver el rostro de la Belleza si tememos que al verla nuestra frágil torre se derrumbe?


¿Vamos a mirar sinceramente la Verdad, si sabemos que en nuestro edificio - se ocultan mentiras?


¿Hay algo más importante que el sueño absoluto y esencial de ser lo que aspira nuestro corazón?


¿Es posible dejar de lado algo de todo lo que nos retumba en la mente, sin perder al hacerlo toda sensibilidad por lo que los demás quieren hacer?


¿Podemos creer en la bondad del mundo si no creemos en que podemos ser buenos?


¿Podemos creer que el mundo vaya a ser sanado - si no confiamos en sanarnos a nosotros?


¿Podemos creer en que nosotros nos vamos a sanar, o en que vamos a ser buenos, si creemos que algo, por más pequeño que sea, en el mundo, es malo? ¿Si ya damos por hecho que la Realidad Tiene que ser así?


¿Acaso creo yo que alguno no pensó estas cosas, y no las cree?


Lo que yo creo, es que todos tenemos miedo. Defiéndanme, así como yo voy a dar todo lo que tengo con tal de defenderlos.


De todos los consejos que damos, de todo lo que enseñamos, de todo lo que decimos, solamente uno, uno solo, llega al corazón: el Amor que se transmite en la voluntad de ayudar. No es el consejo en sí, sino si había o no, amor en él.


Si puedo hablar, o si puedo creer que hablar es bueno, es porque he recibido mucho amor. Y no ha sido por los consejos concretos que salí adelante.


Soy tan débil...


Sin embargo, no estoy solo... no voy a ser débil siempre. No voy a ser débil ya más, cuando esté otra vez junto a quien me ama.

5 comentarios:

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