lunes, mayo 22, 2006

Post para el entusiasmo

La arenga con la que empiezo este post, que ya ha usado Milo varias veces, es la arenga de Aragorn rey de Gondor a su ejército frente a las poderosas Puertas Negras del país de Mordor. Su fuerza es casi incomparable, aunque depende absolutamente de haber visto la película:


Sons of Gondor, of Rohan, my brothers!

I see in your eyes, the same fear that would take the heart of me!

A day may come.

When the courage of men fails.

When we fosake our friends and break all bonds of fellowship.

But it is not this day!

An hour of wolves, and shattered shields,
when the age of men comes crashing down!

But it is not this day!

This day...
... we fight!!!

For all that you hold dear in this good Earth...

...

STAND, MEN OF THE WEST!

No sé de que hablar para darme ánimo. Sé qué recuerdo evocar, que recuerdo dulce que, como un sol de los recuerdos, saca de las tinieblas todos los bellos recuerdos de las cosas amadas, y convierte a mi mundo en un amanecer radiante: ella. Y es por ella que estoy por vencer, o que vencí hasta ahora.


Pero es también mérito mío, no porque lo sea, sino porque... es un proceso que sucede en mi. Por eso siento que antes de la evocación, frenandola, hay en mi una confusión que resolver.



Voy a hablar de esa confusión:



Distingo en mi dos tendencias de ánimo y un punto de equilibrio: la exhaltación entusiasta y la melancolía hibernante. Cuando estoy en estado de exhaltación, tiendo a superar mis límites, a realizar grandes logros pero igualmente efímeros y con un desgaste tan grande que no es sorprendente que luego me tire a dormir un día entero o me enferme. La melancolía hibernante es una dulce tentación que da una leve sensación de paz y me permite entregarme a sueños dulces, pero me atrae a la muerte, y a la muerte de mis sueños mismos, al alejarme de la realidad. Parecería inferior a la exhaltación, de no ser porque yo la vivo con mucha dulzura al principio, hasta que sus efectos de muerte en vida se hacen sentir en una angustia arrolladora, y deseos de escapar y vivir violentamente.


La mayor parte de la gente, por lo que he visto, observa en estos estados de ánimo los límites de su ser, y así se enfrenta a notables paradojas que los llevan al pesimismo. Al pensar en sacar adelante cosas que normalmente serían imposibles, o sencillamente seguir viviendo, muchos se inclinan por la exhaltación que pareciera capaz de hacernos trascender los círculos de acción a los que estamos confinados, y luego se hallan la sorpresa de que el enorme desgaste los termina frenando casi como si nada hubieran hecho. La conclusión parece ser "no se puede ampliar las propias limitaciones": sin embargo, digo yo, ahí precisamente está el engaño.


Cuando me sumerjo en mi melancolía es porque, desconfiando del mundo, busco consuelo y refugio es mis sueños alejados de él. La exhaltación, aunque parece lo contrario, tiene la misma esencia, porque en verdad, ni en melancolía ni en exhaltación creemos que es posible trascender los límites. Al sobreexitarnos lo que buscamos es llegar a un estado que nos convenza de que en él son posibles más cosas: como es obvio, eso quiere decir que no estamos convencidos de que son posibles. Por eso el enorme desgaste de energía, y por eso también la paradoja, la respuesta de la Realidad que llega en forma de cansancio o enfermedad. Toda paradoja es autogenerada: como no creíamos en la posibilidad de hacerlo, nos provocamos dolor para justificar que pudimos.


La tan defenestada melancolía no es tampoco el contrario del avance, ni es inútil para salir adelante: porque el tiempo consumido en sueños luego funciona a modo de un resorte cargándose, que empuja con la fuerza acumulada. Y los sueños que en ella tenemos y vivimos son claro espejo de que no hay conformismo posible para vivir. La voluntad de muerte que la huida trae consigo es clara y muestra muy bien que no es posible el conformismo. Quien llega a la melancolía conoce dos caminos: la felicidad absoluta del sueño cumplido, o la muerte. La vida sin sueños cumplidos es considerada muerte, y muchas veces el camino al suicidio.


¿Cómo solucionar la paradoja? Si procuramos huir del mundo y encerrarnos en nuestros sueños, morimos por dentro y acabamos por apagarnos como una llama que no quiere enfrentar el viento, y por el contrario si nos intentamos encender el viento consume rápidamente la yesca y nos apagamos sin haber hecho arder los leños mayores. La respuesta es que en ambos casos nos apagamos porque en ninguno creímos realmente que fuera posible encendernos bien y resistir el embate de la realidad. Pueden las gentes exhaltarse con pastillas, pero no por eso creerán que es posible resistir, sino que consumirán su energía en algo que no creen. Pueden refugiarse en la locura, que es la huida completa de la Realidad en vida, pero no por eso habrán escapado de ella, sino que estarán sometidos a ella de la manera más cruel y definitiva.


La respuesta es simple y practicamente imposible de realizar para quien lo cree imposible: creer verdaderamente que nuestros límites son superables. Es entonces cuando no necesitaremos huir porque nuestra fantasía vivirá en el mundo. Y tampoco necesitaremos exhaltarnos para producir prodigios.


Somos grandes, pero no lo creemos y por eso necesitamos hacer cosas grandiosas.



Y es así como sigo despierto. Luego de días sometido a exhaltación para lograr de mi lo necesario, seguido de largos días durmiendo, veo que simplemente no lo creía. Aún no digo creerlo del todo, pero lo creo más. Lo creí hasta acá. No creo en lo que viene de ahora en adelante, pero sí creo - que dentro de media hora voy a creer. Si yo pretendiera creer ahora en que puedo seguir despierto y hacer todo, dado que en este momento no lo creo, me sería desgastante y contraproducente. Pero dentro de poco voy a creerlo, porque creo que así será, y entonces... va a estar todo bien.


Siempre supe que podía creer en mi para hacer esto: ¿o creen que cuando le prometí a Natasha volver a Cipolletti y cuando le dije que me iba a vivir allá creía que podía hacerlo? No, en verdad que no, no creía que el yo de ese momento pudiera, porque en las limitaciones de entonces, era imposible. Pero lo importante de nosotros no son nuestras limitaciones, sino las ganas que tenemos de superarlas. Yo sabía que cuando llegara el momento, que ahora ha llegado, iba a creer en mi y saber - que todo eso era posible. Que iba a poder cumplir mis sueños y mi promesa era digna de hacerse.


A llegado ese momento. Creo.


Adios...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Bien... finalmente me puse al día. Pasé por toda una etapa donde ver demasiadas letras juntas (como en tu blog, por ejemplo) me producía unas enormes ganas de alejarme del lugar...

Está bueno lo que decís... y creo que es cierto. Aunque realmente pocas veces fue un problema el no creerme capaz de algo... Un pensamiento que solía recorrer mi mente es "tengo que ser el mejor". Y si era así era porque me creía capaz de serlo. En todo lo que me proponga.

Yo hice varias promesas que implican viajar bastante... ver a algunas personas, y demases cosas. No lo hice a la ligera, tengo toda la voluntad necesaria para hacerlo. Y voy a hacerlo... quizá no tan rápido como quisiera (osea, ya mismo =P), pero lo haré.

suerte