jueves, febrero 15, 2007

Apología del hombre burgués

Toda la vida se habla de seguir el camino difícil, de luchar contra la corriente, de la revolución. Es posible empezar una crítica contra ese pensamiento acusando de tonto al que supone que es necesario tal actuar como sociedad, pero más aún me interesa criticar hoy la suposición - aún más sobreentendida y dogmática - de que es necesario en la propia vida llevar el camino de la dificultad, del esfuerzo.



Todas las doctrinas de perfeccionamiento hablan de eso, y es lógico porque alcanzar la pureza es, a todas luces, una tarea ardua: sea cual sea esa pureza. Pero y si el objetivo no es ni el perfeccionamiento, no la lógica, ni la pureza?


La principal contra de mi argumento es que lo hago desde el objetivo de perfeccionar: de lo contrario, estaría durmiendo porque ya hace rato es la hora de irme a dormir. Si fuera del pensar y del entender que estoy defendiendo, no estaría escribiendo esto: aún así y todo reconozco que por momentos deseo todo menos la perfección. Es simplemente que no la necesito: soy feliz a pesar de ella, con ella o sin ella. No la necesito. Tal perfección cuidada, desarrollada, batallada, construída, me es innecesaria.



Todo me hace suponer que cuando se dice que "no todos pueden ser filósofos" o "pocos alcanzan la santidad" o "pocos tienen verdadero talento", "no cualquiera puede saberlo", el grupo de los excluídos está formado por todas aquellas personas que no necesitan ni ser filósofos, ni santos, ni tener talento, ni saber hacerlo. Tales personas nunca son tenidas en cuenta en los rapaces discursos que apuntan a los dispuestos a todo para su fin; el argumento más corriente es que son cosas deseables, no se puede concebir que sean innecesarias. Hay una bruta falacia en tal razonamiento, pues, ¿por qué habría de ser deseable lo absolutamente innecesario? Es como ofrecer un dulce delicioso a quien está satisfecho: sólo se logrará darle dolor de panza, aún cuando la tentación produzca fugaces placeres.



¿Pero no podría considerarse que quienes no necesitan esas cosas son hasta superiores a los que sí las necesitan? Los deja bastante indiferentes el desprecio de las minorías idealistas; y su indiferencia es de un cariz típico de quien se siente seguro de sí mismo. ¿Hay algún mal en ello?



Perla final: ¿Critiqué en algún lado el esfuerzo y el perfeccionamiento? No, lo que sostengo es meramente que quienes aspiramos a tal cosa no lo hacemos en honor a ningún noble llamado sino simplemente porque tenemos la absoluta e inapelable necesidad de hacerlo. Teniendo en cuenta esa necesidad, esa urgencia, ese llamado, no hacer caso sería, sí, cobardía.

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