viernes, febrero 16, 2007

Pero no quiero irme a dormir, ¿comprenden? ¿Realmente comprenden? Nadie puede comprender si yo decreto que nadie puede, excepto tal vez quien lo lea en mi misma condición. Aunque apuesto a que quien está en mi misma condición más que leer necesita desesperadamente escribir! Sino, lógicamente, es que no está en mi misma condición.
¿Ahora que hago? Todo me falló. ¿De qué sirve tener Noveno Día, aunque muy orgulloso esté de ella? ¿De qué hubiera servido tener dinero? Agradezco a mi alma no haberlo procurado. No lo necesitaba y no lo deseo: cuando lo necesite lo tendré, pero no hoy. Ni viajar quiero. Nada más quiero a mi ángel, ¿entienden? Mi ángel. Aquél que me guía, aquél que me da sentido a vivir. Aquél que marcha conmigo a mi lado, y me obedece cuando yo soy la fuerza, pero sabe que es gracias a su capacidad para sanarme que sigo el viaje. Aquél ángel que no espera a que yo sea fuerte para fortalecerse en mí.

Acabo de comprender algo. Esa frase abrió una puerta que en mi mente tenía cerrada: necesito explorarla:


Si ella me usó para obtener fuerza de mi pero me quiere, entonces puede comprender que no es justo para mi dar siempre yo la fuerza. Es verdad que yo también robo fuerza de ella, pero no en la medida en que la necesito, o no lloraría tanto. Ella me saca más a mi que al revés. ¿Es justo eso? ¡No! Mil veces no. Acabo de comprender que ella por su amor por mi sabe que puedo llorar. Que merezco llorar. Y que ella me puede acunar, soportar mi debilidad. No puede exigirme ser fuerte. No puede. Y de sobra lo fui. Ahora lo sé.

Todavía no me convencí del todo pero me inundó una enorme paz. ¿Así que yo valgo esto? Digo, el que mi ángel vuelva a mí. Sí lo valgo. Merezco que lo soporte. Por eso lo hizo. Por eso lo soportó

POR ESO LO SOPORTó


GLORIA IN EXCELSIS DEO

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