viernes, febrero 16, 2007

Esta es una excelente ocasión para escribir y no la voy a desaprovechar: estoy sólo en mi pieza con el hace poco instalado Fibertel, sin saber que hacer o mejor dicho, sin nada que me apure a hacer nada en particular.


Esa fue la introducción ahora el sentido. Es hermoso el aire del ventilador más refrescante que el aire en la montaña. Puedo desear la montaña sin padecer su rigor y aún así disfrutarla. Cuando era chico protestaba contra la escuela y mi papá me dijo que un día iba a extrañar todo eso. Pensé que podía ser cierto porque además utilizó la retahíla descriptiva que indica que se había volcado a sus propios recuerdos "los profesores, la escuela, los compañeros...". Entonces dije que me gustaría que fuera una cajita que pudiera abrir cuando quisiera: mi papá desechó la conversación. Hoy estoy tan viejo como ese día y quizás un poco más joven, y puedo prometer que de la escuela no extraño nada. Curioso destino no estar atado a ser como mis mayores.


Ayer a la noche fui a cenar con mis abuelos y mi mamá. Ellos invitaban venían cansados de un viaje. ¿Por qué cenar afuera? Porque es lindo. Sí, claro que es lindo, rica la comida, un mozo que intenta que gastemos más de lo que pensábamos gastar y menúes encargados a un diseñador gráfico. Pero a poco de empezar la charla en la que no participé, mi abuela comentó que quien era el nuevo portero de nuestro edificio tan amable y cometí el pecado de decir que era amable pero era un gil y un imbécil. Resulta que el susodicho les había dicho a mi mamá y a abuela que que lindo color y las había ayudado, pues bien me enojé y me concentré en la comida. Luego me desenojé y me puse a pensar que de nada valía participar en la charla de gente que no tenía nada que ver conmigo. Ví un par de miradas angustiadas de mi abuelo comprendiendo que me perdía para siempre - para el poco tiempo que queda juntos. Y mi abuela... y mi mamá, hablando de lo lindo que era el restaurant, de lo malo de que estuviera tan escondido que no iba gente, de que hace rato querían ir ahí. Descubrí que mi abuelo utilizaba, para hablar un poco, el argumento del tiempo. Hablaba con su mujer del único tema que podría haber hablado con un desconocido. Mi madre y abuela, mientras tanto, no decían nada en absoluto. Intenté hacer que mi desaire hacia ellos fuera evidente, pero ahora comprendo que tenían demasiado miedo de darse cuenta.


Hay en mi escritorio un CD, un termo de agua ya fría, unos sahumerios, encededor, cortaplumas, llavero de memoria USB, destornillador, documento de identidad de mi hermano arrugado como pasa por la lluvia y una caja de hardware misceláneo.


Las crónicas baratas son tan caras como las otras pero tienen menos prensa.


Me olvidaba del paquete de paracetamol, del cual queda uno solo. Ayer ale me dio a probar el mate más fuerte que probé en mi vida y por poco no lo sobrevivo.


Pienso que si anduviera el mouse tal vez hiciera un dibujo en el Photoshop y lo subiría a Deviantart. El deseo y la ansiedad de no poder hacerlo aumentan la fuerza del momento en que lo realice.


Comprender que uno es amado es como ver la luz. Después de eso, el mundo es otro.



Pienso que me voy a preparar un mate antes de seguir este texto que es el mejor que hice en mi vida. Tengo un secreto: Juliana y las paredes rosas me inspiraron. Ayer cayó una tempestad y me limpió.


Estoy preparando una página a mi medida que llenar de todas estas cosas. No sé si me dará plata, pero será lo que quiero. Mientras tanto me puedo divertir bajando bases de datos de internet.


Che hablando de Roma me voy a hacer eso estoy aburrido de escribir quiero dinero, ¡adios!

No hay comentarios.: