Claudicación, racismo e identidad
Todos los criados de cultura europea tenemos una natural inclinación al racismo. Surge de la inclinación de todos los hombres a discriminar a las razas que no sean la propia, pero en el caso europeo el racismo está fuertemente arraigado en la tradición, en los cuentos, las canciones, los ideales, los sueños, y todo lo que la cultura trae hacia nosotros.
En realidad este defecto no es propio de la cultura europea, sino que se repite con una intensidad bastante similar en todas las sociedades marginadas del intercambio cultural, y en general en muchas culturas: por ejemplo, los japoneses, cuyo desprecio racial hacia los chinos los ha llevado a genocidios espantosos. Las culturas de transcisión, que se hayan rodeadas de otras muy distintas, suelen ser más tolerantes, como la cultura árabe, o la de las zonas del sur de Europa (y la raíz del racismo tan aferrado está precisamente en el norte). Lo que hace que el racismo europeo sea de destacar por sobre los demás es su alcance, porque como resulta ser la cultura europea la columna vertebral del mundo, sus vicios afectan a todo el mundo también.
Y en verdad es espantoso: en verdad el racismo existe y funciona, y provoca muerte, dolor, marginación, miseria. Pero durante el último tiempo, el último medio siglo hubo un enorme afán de neutralizarlo y compensarlo. Tenemos ahora un montón de logros, y... un montón de errores que subsanar.
En el intento de anularlo de una vez y para siempre, y al observar que el racismo casi religioso europeo está arraigado en su cultura, la tradición europea recibió tal número de ataques, violencias, heridas e insultos que, algo rencorosa, está empezando a dejar oir su rugido. No estaba muerta, ni puede estarlo, porque la tradición de un pueblo es su misma identidad, y los pueblos no quieren, como nadie quiere, perder su identidad. La identidad europea se la intentó disolver, destruir, y abocarse a un neurótico estudio de las culturas orientales o africanas, o incluso el más mínimo pueblo indígena era motivo de fascinación por sus alcances y progresos, aunque fueran casi nulo. Resulta grotesco ver a un inglés fascinado porque en una isla del Pacífico tenían un sistema legal más avanzado que el romano. Resulta también patético ese aire de fascinación por lo externo sin llegar jamás a comprenderlo, porque ¿acaso vamos a sentir como un chino por poner un tapiz del Yin Yang en la pared? Podremos incorporarlo a la cultura global: pero no olvidemos que la idea que nos hacemos de él, es ante todo un punto de vista europeo. Otro lo mirará distinto, y no sabemos quien lo mira mejor. No podemos juzgar algo como valioso solo porque pertenece a nuestra cultura o porque pertenece a otra. Intentar alienarse de la propia identidad porque uno está horrorizado de sus defectos, ser un perfecto ciudadano del mundo igual a los demás seres humanos, blanco sobre blanco... es una forma muy poco sutil de claudicación en la lucha.
Ahora, los movimientos de rescate de la nacionalidad se vuelven a formar, y naturalmente, quieren todo de vuelta, a veces sin importarles si el pasado era defectuoso. Algo tan absurdo como nazis salen a la luz del día, masificados para el otro lado. ¿Qué pasó? ¿La lucha contra el racismo no dio resultado? ¿Hay que bajar los brazos? No hermano, no: el problema es que la lucha contra el racismo estuvo muy mal encaminada.
No se puede echar al bebé con el agua del baño. ¿Acaso es deseable o siquiera tolerable anular la identidad? Es violento, agresivo, y verdaderamente insoportable. Lo que somos es nuestra esencia, y eso no es solo estar hechos de materia, que nos hermanaría con las rocas, ni estar vivos, que nos hermanaría con las plantas, ni movernos, que nos hermana con los animales, ni ser interfertiles, que nos hermana con los demás hombres. En verdad somos hermanos, en distinto grado, de las rocas, de los vegetales, de todas vida animal, de los mamíferos, y de todos los demás hombres: y para cada uno, y es importante destacar que para todos, tenemos deberes de hermandad. Pero no tengamos miedo en decir que hay hombres de los que nos sentimos más hermanos que de otros, porque eso, ¿acaso implica que los tenemos que matar, u odiar, o lo que sea? ¿Es acaso malo compartir cosas con algunas personas y con otras no, y buscarlas, e intentar llevar con ellas adelante el camino hacia estar mejor, hacia seguir vivos? Y no es verdad que la discriminación sea racial: excepto en contados casos, la discriminación es cultural. Que ambas cosas estén relacionadas es algo absolutamente natural, porque los hijos llevan en sí la cultura de su ambiente, y principalmente, de sus padres.
El mundo verdaderamente sano no es aquél donde todos somos iguales (y ya sabemos que tampoco aquél en que todos nos agarramos a las trompadas), sino aquél donde cada cual es como es sin tener que temer ningún juicio, y permite a los demás ser como son. En este momento casi nadie puede ser como es, y paradójicamente, hasta hace unos años ser europeo en sueños y afanes era una de las cosas más intoleradas. De todas maneras la intención unificadora se extendió a todas las culturas civilizadas, por lo que el renacimiento del nacionalismo y de la defensa de la tradición no es algo que solo brilla y crece en Europa, sino que incluso asusta en el ex imperio incaico, en Arabia, y cabe suponer (pero solo cabe suponer, porque en realidad no lo sé) que en la zona del pacífico de Asia. África por ahora continúa muriendo de hambre y de sida, o al menos eso dicen la mayoría de los medios "occidentales", que son los únicos a los que tengo acceso (en parte también, porque occidente es el inventor de los medios masivos de comunicación).
Siendo que soy en realidad argentino, no europeo, y que incluso racialmente soy un poco de acá, no puedo hablar de la cultura europea como si fuera la mía, pero sí puedo decir con justicia que es un gran porcentaje y que coincide en la mayor parte de las cosas con mis sueños íntimos e ideales. No pretendo ser cipayo, porque no me aliené, sino que reclamo lo que es mío. Busco ser conciente de sus virtudes y defectos, como creo que debe hacerse sea la cultura que sea a la que uno pertenezca. Y sinceramente, no soy nazi, y no comprendo del todo bien porqué tantas cosas de las que yo amaba fueron marginadas y escondidas, ocultadas casi con vergüenza, con un pudor traidor e infame. Tardé tantos años en descubrirlas y en comprender que podía abrazarlas sin temor que me siento yo mismo marginado en mi cultura, a pesar de que en apariencia es la cultura dominante. No tengo miedo tampoco de comparar mi situación de marginación con la de las culturas indígenas, porque creo que la intolerancia nos afectó a todos de la misma manera: otra cosa muy distinta son los problemas socioeconómicos, que me dan ventaja sobre los indígenas, cosa absolutamente injusta. Pero no me libran de la marginación cultural.
Cierro con una frase genial muy a propósito, en tributo a las virtudes de lo que amo:
"Unidos en la diversidad" - Lema de la Unión Europea
PD: Estuve hablando mucho con un amigo mío, José, que vino de Perú, y me cuenta que está feliz en la Argentina, y no se quiere ir, porque allá él era "de la clase criolla" y un discriminado. Le sugerí que se quedara en la Argentina, pero que fuera a un lugar más lindo que Buenos Aires ^^. Quizás lo invite al sur más adelante, junto con el malón de amigos que pienso llevar :P . Es admirable, muy valiente y resistente, porque nació y vivió toda su vida en un pueblo de 300 habitantes hasta que se vino directamente a este infierno. Me dijo que le resultó chocante... y me asombra lo poco efusivo del artículo para un cambio así.
1 comentario:
http://www.eurosur.org/somosmundo/informacion/varios/caciqueseattle.html
Yo amo a todos.
Yo amo a todo.
Yo me amo.
Y así será por siempre.
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