Las hojas caídas
Bueno, a ejemplo de Natya, volví a llenar el FrikiTest para ver que sucedía cuando no marcara (como había hecho) todas las categorías. Sólo marqué "Nerd".
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Las hojas van volando en un viento rápido. Golpean contra el suelo, giran y siguen. Marcan una cadencia con sus golpes, arcos enormes con su vuelo.
En verdad, el bosque las ha ido soltando una por una de distintos puntos y rincones. Es posible ver hojas de álamo, de roble, de plátano, de liquidámbar, de fresno. Es posible verlas mezcladas, cada una con su matiz en la carrera.
Pican sobre el asfalto o el concreto, que la luz queda hace parecer piedra. Cuando un manto de hojas, sea quieto como en un día tranquilo, sea torrentoso y móvil como en el viento que las sacude, tapa partes del asfalto, ya no parece completamente fabricado y completamente artificial. Algo en el paisaje se manifiesta puro y... salvaje.
Salvajes son las hojas que abren su camino por las calles para hallar un río en el que moverse. Asustadas las ancianas corren a sus casas. Los barrenderos protestan. Y algunas almas ansiosas de vida salvaje, intentan correr por entre las hojas.
Una muchacha - tal como ahora podría llamársela - caminaba por el parque antes de que comenzara la tormenta ventosa. El cielo cubierto era una evocación para sus ojos. Evocación de cosas que solo dice el cielo cubierto. De ciertas promesas.
Mientras que la mayoría de la gente no visita los parques, un pequeño número lo hace para jactarse de hacerlo. Ellos hacen todo el ruido que les es posible para demostrar que están visitando un parque. Tanto ruido que, en su mayoría, no disfrutan del parque en absoluto. La muchacha, Viridis, no hacía ninguna de las dos cosas: por eso algunos ojos fugazmente la fulminaban, y más aún cuando, mientras sus pies seguían avanzando, sus ojos se clavaban en lo alto.
La tormenta la hizo estremecerse, primero de frío, como a todos en aquél lugar. Luego de admiración.
Mientras los hombres huían, mientras las calles quedaban vacías de cualquier cosa que no fuera metal y cemento, los árboles empezaron su canción, tocados por el viento. Caminaba y escuchaba todos los silbidos del aire cada vez más veloz entre las hojas, silbidos únicos que cambian de centímetro a centímetro. Las hojas se empezaron a volar, y algunas la golpeaban casi con fuerza.
Entonces desde el cielo empezó a parecer que las hojas arrancadas no se acababan nunca: sino que cada hoja seca era reemplazada por una nueva, y del pequeño bosque brotaba un río eterno. Viridis soltó su cartera primero, y después su abrigo. Sentía el vértigo de encontrarse en medio de un torrente, que era a su vez las paredes de su mundo. Soltó su cabello larguísimo, e irguiéndose hacia donde soplaba el viento, extendió las manos. El viento aumentó: el aire se llenó de hojas. Dejó de ver nada más que las hojas y las ramas al agitarse; y el cielo, siempre nublado.
Empezó a correr junto con las hojas. Abandonó sus zapatos, y sintió el césped en tensión pugnando por no ser arrancado. Aceleró más y más sus pasos hasta que el cabello dejó de volarse hacia adelante para quedar, en grandes olas, atrás: hasta que corrió como el viento, y más.
La calle se veía adelante. La alcanzó descalza, y no se lastimó. La calle cambiaba de color, y el asfalto se hundía en la tierra. Las veredas dejaban lugar a las raices de los árboles. Las fachadas de las casas retrocedían.
Eligió una avenida, y por ella se lanzó, impulsada por el viento. Sus ojos veían sólo un bosque por el que corría, y poco a poco, veían solo un camino de tierra entre los árboles y un viento poderoso que la llevaba en sus alas.
Ciervos de viento y fugaces liebres de hojas aparecían para acompañarla, mientras ella las veía, claramente, vivas y a su lado. Veía el bosque que la ciudad había sido, y resucitaba, con sus comandos, los fantasmas.
Llegó al final de la avenida a la catedral. Vio sus torres como montañas, vio los dragones que la coronaban alzar vuelo y lanzar fuego protegiendo las cumbres. Vio el bosque de columnas, el ejército de santos, la caverna boscosa y todos los arcos de luz. Las enormes puertas del arco mayor se abrieron cuando ella estaba aún a cientos de metros. El viento corrió con terribles crujidos las hojas del enorme portal, y viento que subía llevando en su seno hojas como dedos empujaron las campanas hasta que empezaron a tocar melancólicamente una sinfonía lúgubre.
Viridis entró en la iglesia llevando consigo el huracán: los bancos se volaron, despedazados, y los aterrorizados parroquianos se escondieron en los confesionarios. Las hojas entraron en tropel y cubieron el lugar con su manto. El viento resucitó imágenes. Las columnas comenzaron a volverse troncos otra vez, y a desprender lentamente sus ramas de la bóveda. Todas las aves mitológicas abandonaron sus rincones y empezaron a volar en medio de sus trinos. Las hojas de cientos de colores y tonos de otoños y primavera perfeccionaron el efecto de los vitrales. Viridis se detuvo en el centro de la cruz, abrió su boca y dejó que el viento cantara por sus cuerdas vocales: y el sonido fue un hechizo, y todo el cambio se aceleró: y el techo se abrió y las torres se volvieron copas de hermosos árboles ancestrales.
Los canales de noticias no lo dijeron. El presidente no hizo, al respecto, ningún discurso. Las viejas no lo comentaron. Unos pocos adolescentes lo repitieron mientras se amaban, unos pocos ancianos de ojos vivos lo susurraron mientras se pasaban el mate. Pero todos lo vieron, y allí siguió: una calle abierta por las hojas de los árboles que había vuelto al bosque. Como el trazo de un alud, toda la avenida levantada, arroyos recorriendola en zigzag, árboles poblándola, encantados como en un bosque primordial. Y una catedral convertida en el sanctasánctorum de un bosque arcano.
La policía no puso ningún cartel de alerta, y pronto Obras Públicas comprendió que intentar reasfaltar era en vano. Pocos autos querían pasar por allí, de todas maneras.
Y Viridis dejó sobre el altar todos sus vestidos, que permanecen siempre radiantes y nuevos. Desnudó su espíritu al viento, y corrió al bosque con las hojas...
5 comentarios:
Como lo leí estando offline me olvidé en su momento de comentarlo...
Está muy bueno che, realmente me va creando imágenes mientras lo voy leyendo... puedo ver todo lo que describís.
Una canción para acompañar estas voraces sensaciones.
Se llama "Sadame", del Tenchu OST.
Bajatela, ponela y lee mientras la escuchás por primera vez.
Nice colors. Keep up the good work. thnx!
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Super color scheme, I like it! Keep up the good work. Thanks for sharing this wonderful site with us.
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