Sueño dulce...
Una gota de tu miel pendiendo de tus labios. La miro y te veo posarlos en mi piel, siento la gota húmeda esparcirse...
Acaricio tus cabellos con delicadeza, arrastrando mis manos por tu espalda desnuda. Siento que temblás un poco porque mis manos están frias como estos finales de otoño, pero a medida que recorren tu espalda húmeda pierden el frio y se vuelven dulces y suaves. Entonces bajo la cabeza y con una mano bajo tu mentón levanto la tuya para mirar tus ojos. Bajo mis labios y beso los tuyos.
Te tomo de los hombros y te tumbo contra la almohada. Tu pecho se ve hermoso y lo acaricio con desesperación, para envolverlo con mi mano tibia. Veo como tus ojos se pierden de dicha y sigo acariciando y me acuesto sobre vos, sintiendote gemir cuando te llega mi peso. Entonces te beso el pecho y lo cubro de las caricias de mi lengua y de la miel de mi boca. Te abrazo y me muevo acompasadamente mientras bebo todo tu pecho, y sentís la doble maravilla de mis labios fascinados por el rojo de tu pezón y mi torso presionando sobre tu cintura. Repentinamente subo lamiendo hasta el cuello y me detengo en la boca, a besarse abruptamente, clavarte los ojos y luego dejarlos entrecerrarse y languidecer.
Subo al recorrer frotando mi pecho contra el tuyo, hasta que algo en mi hace de barrera y ya no puedo subir. Me separo un poco y te acomodo la cintura, exponiendo tu caverna húmeda de paredes cálidas, y sumerjo en ella una sonda grande y ansiosa de cavar en su interior. Las paredes de la fosa se separan y la ensancho a la medida de mi sangre ansiosa. Con mis manos acelero la fusión tomándote de los hombros, y apretándote contra mi, y de tus labios abiertos y llenos de agua que mi presión en tu tierra hace brotar, salen los gemidos al ser hollada hasta las entrañas más profundas.
Entonces empieza la cadencia salvaje que son nuestros pasos internándose en el bosque. Primero mi fuego se internó hasta encender la hoguera en tu centro, y luego se retira, estremeciendo a la salida las paredes nuevamente y dejando un camino más ancho pero nuevamente vacío. Luego vuelvo a penetrar, como si dierams el segundo paso, y vos también avanzás apretando y empujando mi arpón a tu interior, deslizándote para que entre, para que le dé nuevas chispas a la hoguera que pide ser un incendio. Y volvemos a separarnos un poco, por nuestros pechos unidos y por nuestras cinturas en un vaivén pendular del largo de mi sonda.
Quisieras el aparejo que uso en vos llegando siempre profundo y hendiendote, y yo quisiera disolverlo en tu interior como si fuera posible unirse al mar. Entonces abro tu boca y me meto en ella y la envuelvo con mis labios, y bebo de allí, al tiempo que nuevamente deslizo mis manos bajo tu espalda y te tomo de los hombros alrededor del cuello. Como tanto deseábamos, nos unimos por tercera vez y tu gemir me estremece. La carrera se acelera cuando la cuarta es casi un reflejo, y nos acomodamos los cuerpos el uno al otro casi como si no fueramos de materia. La quinta perdemos humedad en abundancia y nos descargamos uno en el otro, y la caverna no se distingue de la mecha en su interior, sino que es una fuerza bamboleante que se mueve agitando tu mar, partiendo del cielo de mi interior. Un rayo te recorre y todo se sume en oleadas cada vez más veloces: a medida que nos aproximamos al centro del bosque, comenzamos a correr.
Corremos de la mano en nuestra lujuria, tocando nuestras cinturas y dandonos nuestro placer en su contacto cuando la unión es demasiado íntima. Todo nuestro cuerpo parece querer unirse a imagen de lo que sucede allí donde la tempestad descarga su lluvia de consuelo y sus rayos incendiarios, y así nuestras bocas y lenguas se hallan mezcladas, y tus pechos pegados contra mi pecho, mis manos y brazos envolviendo tu espalda. Es como si yo entero fuera un dardo y tu cuerpo un valle donde entrara, y separara tus piernas para hundirse en el valle.
Gime, gime mi amada, gime al sentir que me hundo en vos. Gime mientras mi fruto te destroza los miedos y las dudas, y las confusiones y los deseos sin concretar. Gime más y más alto como si cantaras un aria violenta al ver que tu flota se hunde bajo los cañones del enemigo, y de golpe un viento prodigioso viniera a liberarte de la derrota. Siente mi poder descargado, y gime... mucho...
Te siento estremecerte más y más, todo en vos es estremecimiento. Entrega tu dicha y sienteme vibrar a mi también así. Sienteme mientras me descargo en vos: alcancemos el centro del bosque en un solo cuerpo.
Ahora la carrera se detiene. Ahora la magia se hace real. Con gemidos gritados me abrazás muy fuerte, y yo suelto mi dicha en ese instante. El arpón de clava y madura, y lo sentís vivir y cumplir su sueño en tu interior. Alcanza tu sueño mientras se enciende con la explosión final y tu caverna detiene su palpitar. Nos miramos a los ojos y nos besamos languidamente, respirando como por primera vez.
Sí amada, el corazón de ambos se detuvo un instante. El instante en que fuimos uno para siempre.
1 comentario:
Mmmmm....
Sí, definitivamente soy una musa muy dichosa...
Te amo mi vida...
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