viernes, agosto 05, 2005

En momentos de debilidad o dolor, el ejercicio consiste en volver a ponerse en contacto con el principio motor. Me recluyo un instante en mi mismo y me acuerdo pronto como me defino; a partir de allí, recuerdo todo lo que amo en el mundo, y todas mis aspiraciones, incluso el "Ideal". A partir de allí, tomo conciencia de que ninguna hora puede ser ociosa... y a partir de allí, se con plenitud y fuerza que es lo que voy a hacer y porque tengo que hacerlo en este preciso instante.

En este momento lo que tengo que hacer es trabajar. Trabajar en este momento significa diseñar un reloj de siete posición para servir de tacómetro, y dibujarlo y pintarlo en Corel... Para que la estética sea coincidente, voy a pensarlo en colores amenos.

Otro trabajo, en cuanto termine ese (al parecer no voy a poder hacer ninguno, en realidad, porque se me va a solicitar la PC) es un trabajo para mi: terminar la figura de Amanda, que está casi completa ya.

Bueno, eso es todo. Ahora que ya lo pensé, tengo fuerza para hacerlo.

Por sinceridad tengo que aclarar que el odio a la PC manifestado en el post anterior se debía única y exclusivamente a que me andaba mal el teclado.

¡Ah, la miércoles, que ganas de escribir que tengo hoy! No sé que me agarró de golpe, en cuanto se me evaporó la angustia. Debería, y sería una muy bonita acción, inclinar mi ambición literaria hacia la fantasía y cubrir alguno de mis otros blogs ¿Tal vez?

Tal vez pueda hacer poesía acá. Cualquier tema es bueno para hacerla: cuando no solo se hace poesía, sino que el tema es poético, es que hacemos arte en su forma más pura e inútil. En realidad, todo auténtico tema poético es por eso mismo didáctico: puede enseñar bondad (la bondad es tan bella que suele ser tema de poesía), arte o simplemente sensibilidad.
Recordar entonces amaneceres en el mar en medio de la ciudad provoca ineludiblemente sentires muchos. Empiezo por una terrible melancolía, porque mi recuerdo no es claro. No se...

El sol bajaba junto al acantilado. En las costas del Sur, hay bahías que dan la vuelta y permiten al sol opacarse en el mar. Las figuras crepúsculares son recortes negros y luces rosadas, anaranjadas y violetas. Primeras estrellas.

El cuerpo está cubierto de sal y de cansancio, lleno de una calidez voluptuosa de las horas corriendo, nadando y jugando semidesnudos bajo los rayos del mediodía. El contraste con el frío se hace intenso, pero como no buscaba perderme la intensidad, caminé por entre las rocas que salen a flote con la bajamar hasta donde las olas se retiraron. Mis pies aguantaban bien los mejillones. Casi me arrepentí al sentir la ola salpicar, no completa, porque aguantamos el agua cuando cae como un baldazo, sino en pequeñas gotas, sobre la piel caliente. Dejaba, entonces, que el viento me temple, y seguía mirando el atardecer. Las nubes quebraron el disco, y las brumas y calimas lo deformaron cerca del suelo. Entonces es el ruido del mar lo que me llena, el misterio del agua filtrándose en las cavernas cavadas durante tanto tiempo.

El sol se puso. Los últimos momentos de luz carecen ya de misterio, porque sólo queda un cansancio, y la luz anaranjada lo hiere. En cambio, se alza la luz azul y pausada de las estrellas. Con un poco de suerte, sin ninguna luna.

¡Basta!

Un bosque a la media tarde. Ahora la luz otra vez, esta vez entre hojas y partículas doradas que dejan caer las flores marchitas. El pasto sólo en los claros. Caminar de la mano, llevar su mano bajo las arcadas, bajo el sol, sobre las hojas. Correr las hojas marchitas con los pies desnudos, y sentir la hierba.

¡Siguiente!

¡Quiero correr a tu lado los senderos del mundo salvaje! Quiero desbarrancarme contigo por los montes nevados entre los verdes pinos, y besar la luna con los ojos cuando se alce; nosotros sin temor a lobos, lado a lado en las frías rocas.
Tus suaves plantas sobre la nieve cálida, el correr veloz junto a los osos ¡Oh mi hada, remontarnos en tus alas!
(Este texto es antiguo, y fue escrito bajo la influencia de Sacrament of Wilderness)

¿Más?

Queda sólo mirar el fuego del hogar. El sillón de blancos almohadones, mesas de madera de pino, techo de paja y leña de piñas. Vaso de vidrio grueso con cerveza negra. Ella a mi lado, algunos niños a cansados escuchando las últimas historias antes de dormir. Una cabeza de ciervo con sus astas me mira sobre la chimenea gótica.
Las llamas reducen todo. "Igne natura renovatur integra": Por el fuego es renovada toda la creación.

PD: No pude evitar lo de "Igne..." ^^.

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