Pereza
Descubrí una cosa y estoy dispuesto a sostenerla frente a la hoguera y en discusión con el mismo Papa:
La pereza no existe. Existe el miedo, y el miedo a hacer aquello de lo que estamos convencidos que nos va a provocar dolor.
Sólo con convencerme de que algo no me va a provocar dolor, se me va a toda pereza. Basta con saber que puedo hacer algo, que soy dueño de ello, que estoy seguro, para que la cama deje de ser atractiva. Si estoy convencido, si viví que no tengo nada que temer en hacer un llamado, en sacar una foto, en ir a una reunión, en estudiar en la facultad, en trabajar, en ponerme a actuar... lo hago, y ninguna pereza me lo impide, ni jamás de los nuncas se me ocurriría dejar de hacerlo porque es más cómodo relajar los músculos.
Como voy a tardar en eliminar todos esos malditos miedos, carga perversa de mi formación, de la enseñanza que traigo desde temprano, cuando finalmente me los saque no voy a perder la prudencia (esto es: el temor a lo realmente temible); pero ahora, mi prudencia significa inacción, ante los demás parece pereza, y en realidad es otra manifestación del temor.
Acabo de hablar con Mariana al respecto, ella me prejuzga negativamente diciendome vago. Harto saben Vds, que no soy vago. Mucho trabajo y hago producir en mis días. Y ni hablar cuando se nota que confío en poder hacerlo.
Mi hermano, de lo contrario, sería el perezoso del siglo. Sabemos perfectamente que es el atemorizado del siglo: pero sus temores son fantasmas construidos por otros, que le han enseñado como a mí, y que le impiden avanzar.
¡¡¡Malditos fantasmas!!! ¡Malditos miedos! ¡¡¡Maldita forma de ser!!!
¿Cuanto voy a esperar para cambiarla? Hoy supe mientras hablaba con ella, que si yo no tuviera mis miedos encima, podría ya mismo ser el que ella eligiera. Tengo todo. Me sobran miedos.
Ahora es cuando pongo el Metal bien fuerte.
La pereza no existe. Existe el miedo, y el miedo a hacer aquello de lo que estamos convencidos que nos va a provocar dolor.
Sólo con convencerme de que algo no me va a provocar dolor, se me va a toda pereza. Basta con saber que puedo hacer algo, que soy dueño de ello, que estoy seguro, para que la cama deje de ser atractiva. Si estoy convencido, si viví que no tengo nada que temer en hacer un llamado, en sacar una foto, en ir a una reunión, en estudiar en la facultad, en trabajar, en ponerme a actuar... lo hago, y ninguna pereza me lo impide, ni jamás de los nuncas se me ocurriría dejar de hacerlo porque es más cómodo relajar los músculos.
Como voy a tardar en eliminar todos esos malditos miedos, carga perversa de mi formación, de la enseñanza que traigo desde temprano, cuando finalmente me los saque no voy a perder la prudencia (esto es: el temor a lo realmente temible); pero ahora, mi prudencia significa inacción, ante los demás parece pereza, y en realidad es otra manifestación del temor.
Acabo de hablar con Mariana al respecto, ella me prejuzga negativamente diciendome vago. Harto saben Vds, que no soy vago. Mucho trabajo y hago producir en mis días. Y ni hablar cuando se nota que confío en poder hacerlo.
Mi hermano, de lo contrario, sería el perezoso del siglo. Sabemos perfectamente que es el atemorizado del siglo: pero sus temores son fantasmas construidos por otros, que le han enseñado como a mí, y que le impiden avanzar.
¡¡¡Malditos fantasmas!!! ¡Malditos miedos! ¡¡¡Maldita forma de ser!!!
¿Cuanto voy a esperar para cambiarla? Hoy supe mientras hablaba con ella, que si yo no tuviera mis miedos encima, podría ya mismo ser el que ella eligiera. Tengo todo. Me sobran miedos.
Ahora es cuando pongo el Metal bien fuerte.
2 comentarios:
Paciencia...a mi me tomó más de 4 años dejar de ser vos...y todavía me falta mucho...
Deberías estar orgulloso de poder "ver", a tan temprana edad.
Nah, no puedo estar orgulloso, estuve determinado a ver. En todo caso, estoy feliz de quienes me ayudaron a ver, y agradecido con mi capacidad mental para verlo.
Hagamos fuerza que vamos a salir.
Publicar un comentario