Sueño III
Ayer me fui a dormir a las 3:20 de la mañana, cuando me despedí de Gabi, luego de que me abandonara Mariana. Mariana no va a la Plata. Novio celoso.
Estuve hablando con Gabi sobre sueños, escritores y arte, y comprobé las coincidencias que ya eran obvias, por el amor al arte gótico, al Romanticismo, a los mundos creados, etc. Le pasé mi blog poético, que agendó, y tal vez en el algún momento tenga un comentario suyo con algo de milagro.
Mientras tanto, soñé un sueño hermoso. Soñé que a partir del blog, a través de los links, llegaba a un comentario mío sobre ella, y me lo citaba. Me asustaba, pero rápidamente vi que, al margen de estar sorprendida, estaba agradecida y halagada. Así me tranquilicé, y Gabi me empezó a hablar de Calimë y decir que era injusto que no la alabáramos a ella por igual. Yo le decía que no era cuestión de alabanza sino de impresiones. Entendió y el sueño cambió.
Calimë y Gabi, y probablemente Daril también, caminaban un poco adelante, charlando. Llegábamos por un camino estrecho a una caverna amplia que era la salida de un río subterráneo, y la luz de la riela y el sonido del río llenaban todo. Sofía caminaba conmigo, y yo le acababa de contar lo de Gabi y el blog, y estábamos algo alarmados y caminábamos en silencio. Junto al río oscuro y cristalino el camino se bifurcaba, y una continuaba a la derecha junto a las rocas mientras que la otra parte cruzaba el río, o aunque sea, llegaba al centro. Gabriela y Calimë avanzaban alegres hacia el centro, pero por algún motivo Sofía y yo íbamos por el costado, hacia la luz. Seguíamos ensimismados, preocupados, y al menos yo miraba a Gabi cada tanto pensando cuál sería en verdad su pensamiento interno ante tan sorprendente y quizá absurda revelación. Cómo se lo explicaría, que pensaría de mi amistad con Sofía...
Entonces, sin solución de continuidad, Sofía y yo nos abrazábamos para soportar un poco nuestras mutuas preocupaciones (que trascendían eso, y tenían que ver con la maravillosa caverna, con el agua y con la luz) pero nos hallábamos flotando de pie, sumergidos hasta el pecho, aunque no recuerdo que nos hayamos tirado al río. Intenté vagamente besarla, en realidad interpreté mal el abrazo, pero me amenazaba suavemente y yo entendía, porque de todas maneras no era besarla lo que quería, sino no soltar el abrazo que me daba paz.
El río nos llevaba poco a poco río abajo, y cada vez salíamos más de la caverna, y había más luz en el agua cristalina. Gabi y Cali advertían que flotábamos, pero recuerdo probablemente que nos vitoreaban, alegres como estaban, por ir hacia la luz. Pero nos íbamos hundiendo también, poco a poco. El agua no estaba fría, ni siquiera la notaba. Sofía tampoco. Lo último que recuerdo antes de despertarme es la paz de su abrazo y la esperanza y la belleza que recibía de la luz.
Me desperté lleno de paz. Ahora si que no tengo motivos para tener esperanzas, pero algo en particular lo hizo el sueño más hermoso de mi vida.
Todo me hace suponer que había algo de hermandad, de comunión en aquél abrazo, y que Gabi me miraba con Sofía y me sonreía con complicidad. Después de que hubiera leído mi comentario me sentía desnudo a su mirada.
A Mariana le encantó un mail mío hecho en el estilo de este blog, así que le voy a mandar el mismo texto por separado, tal vez un poco censurado. Ah, bueno, en realidad a Mariana le agrego un par de explicaciones de mi idiosincrasia y fantasía que no son necesarios para ustedes, porque me conocen y/o conocen como son por tanto en Gabi. La Tierra Oscura, el refugio para la fantasía y demás.
Estuve hablando con Gabi sobre sueños, escritores y arte, y comprobé las coincidencias que ya eran obvias, por el amor al arte gótico, al Romanticismo, a los mundos creados, etc. Le pasé mi blog poético, que agendó, y tal vez en el algún momento tenga un comentario suyo con algo de milagro.
Mientras tanto, soñé un sueño hermoso. Soñé que a partir del blog, a través de los links, llegaba a un comentario mío sobre ella, y me lo citaba. Me asustaba, pero rápidamente vi que, al margen de estar sorprendida, estaba agradecida y halagada. Así me tranquilicé, y Gabi me empezó a hablar de Calimë y decir que era injusto que no la alabáramos a ella por igual. Yo le decía que no era cuestión de alabanza sino de impresiones. Entendió y el sueño cambió.
Calimë y Gabi, y probablemente Daril también, caminaban un poco adelante, charlando. Llegábamos por un camino estrecho a una caverna amplia que era la salida de un río subterráneo, y la luz de la riela y el sonido del río llenaban todo. Sofía caminaba conmigo, y yo le acababa de contar lo de Gabi y el blog, y estábamos algo alarmados y caminábamos en silencio. Junto al río oscuro y cristalino el camino se bifurcaba, y una continuaba a la derecha junto a las rocas mientras que la otra parte cruzaba el río, o aunque sea, llegaba al centro. Gabriela y Calimë avanzaban alegres hacia el centro, pero por algún motivo Sofía y yo íbamos por el costado, hacia la luz. Seguíamos ensimismados, preocupados, y al menos yo miraba a Gabi cada tanto pensando cuál sería en verdad su pensamiento interno ante tan sorprendente y quizá absurda revelación. Cómo se lo explicaría, que pensaría de mi amistad con Sofía...
Entonces, sin solución de continuidad, Sofía y yo nos abrazábamos para soportar un poco nuestras mutuas preocupaciones (que trascendían eso, y tenían que ver con la maravillosa caverna, con el agua y con la luz) pero nos hallábamos flotando de pie, sumergidos hasta el pecho, aunque no recuerdo que nos hayamos tirado al río. Intenté vagamente besarla, en realidad interpreté mal el abrazo, pero me amenazaba suavemente y yo entendía, porque de todas maneras no era besarla lo que quería, sino no soltar el abrazo que me daba paz.
El río nos llevaba poco a poco río abajo, y cada vez salíamos más de la caverna, y había más luz en el agua cristalina. Gabi y Cali advertían que flotábamos, pero recuerdo probablemente que nos vitoreaban, alegres como estaban, por ir hacia la luz. Pero nos íbamos hundiendo también, poco a poco. El agua no estaba fría, ni siquiera la notaba. Sofía tampoco. Lo último que recuerdo antes de despertarme es la paz de su abrazo y la esperanza y la belleza que recibía de la luz.
Me desperté lleno de paz. Ahora si que no tengo motivos para tener esperanzas, pero algo en particular lo hizo el sueño más hermoso de mi vida.
Todo me hace suponer que había algo de hermandad, de comunión en aquél abrazo, y que Gabi me miraba con Sofía y me sonreía con complicidad. Después de que hubiera leído mi comentario me sentía desnudo a su mirada.
A Mariana le encantó un mail mío hecho en el estilo de este blog, así que le voy a mandar el mismo texto por separado, tal vez un poco censurado. Ah, bueno, en realidad a Mariana le agrego un par de explicaciones de mi idiosincrasia y fantasía que no son necesarios para ustedes, porque me conocen y/o conocen como son por tanto en Gabi. La Tierra Oscura, el refugio para la fantasía y demás.
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