Marjala
No sé si ayer, o tal vez hoy, pero antes del momento en que el relato continuado empieza, había yo bajado del edificio a los terrenos de atrás. Cual juego de carreras donde detrás de una barrera de pared o árboles el escenario se extingue en nada, se alzaba a mi izquierda un paredón de ladrillo rojo, sucio y embarrado bajo la luz opaca del cielo encapotado. Había en la parte de atrás del edificio, cruzando el hall y con salida a los terrenos, un salón de fiestas. No lo recuerdo al salir entonces. Tal vez llevaba mucha inquietud en mi deseo de verde y de aventura.
A la izquierda la pared era eterna: a la derecha, un lago pantanoso donde más de una vez tropecé y acabé completamente mojado. Todos los árboles tenían rastros de hongos, la hierba embarrada estaba muchas veces arrancada, y había algo de basural en la escena: sin embargo, era maravillosa, e ideal para mi carrera y mi aventura.
Llegué hasta un claro con declive en forma de anfiteatro, y me detuve ante la barrera de matas enroscadas que los rodeaba. Allí volví a sumergirme en el agua turbia. No recuerdo más de esa vivencia.
En el piso 18, departamento A, había cierto ambiente de inquietud, en la preparación del cumpleaños. Es verdad que desde su pieza no se ve gran cosa de la casa, así que más bien lo recibí por intuición, o por observaciones momentáneas. Nosotros dos hablábamos pausadamente, yo sin decidirme a abrazarla finalmente. Ella tampoco tenía muchas ganas de sumarse a la agitación general.
Pero llegó el momento de bajar. Nos abrazamos al despedirnos, casi con miedo, y yo me quedaba arriba, en el departamento ¿Quedarme arriba? Es que no podía bajar en el ascensor con ella. Si bien mis ropas habían perdido por artes misteriosas todo rastro de barro y humedad, ella debía bajar sola. Abajo, junto con toda su familia (para quienes yo era un elemento inerte, tal vez una roca catalizadora) esperaba Él(que-no-debe-ser-nombrado). Sería desubicado que yo bajara con ella vestida de fiesta, el vestido largo y blanco con algunos moños y volados y tules, sin ser ni el padre ni el novio, ni tan sólo pariente.
Pero había un deslizador, justo al lado del ascensor.
Ella no tenía miedo de bajar conmigo, pero me aconsejaba que no me vieran. El deslizador era una plancha que bajaba de acuerdo a una cuerda que yo sostenía con las manos, sin ningún motor: para cuidar de no caer, bajé mucho más lento que el ascensor.
Sin embargo, tal vez la pared intermedia fuera de vidrio, vi todo lo que allí sucedió. Al llegar abajo, aparecieron varios muchachos bien vestidos, entre los que supuse con ansiedad debía estar el novio. Decidí que no estaba preparado para ver eso y voltée la visión. Estaba también el padre, que tan bien me cae y una multitud de pululantes familiares en mesas vestidas. Era el salón de fiestas con ventanal a los terrenos.
No se como lo vi si no estaba mirando, pero ella se zafó del novio o ni siquiera se dirigió a él. Yo andaría por el piso 4 (estaba alto) cuando abandonando los tacos y levantando un poco la falda empezó a correr. Salió a los terrenos, que no eran soleados, sino otra vez siniestros. Allí la perdí por un momento de vista.
Entonces salté de mi deslizador directamente a los terrenos, y la fiesta y el mundo conocido quedaron atrás. Tal vez ninguno de los de allí toleraría entrar en este lugar. Me desgarré la ropa y muy probablemente la piel en varios lugares para alcanzar su carrera con la ventaja que me llevaba. Creo que grité su nombre un par de veces. Me crucé en el camino con dos inoportunos dignos personajes de fábula, que interpreto eran Rocio y alguien así más. No entendían nada, y no pertenecían ni a la fiesta ni a la huida, nada más importunaban y vivían en el barro de los marjales. Se unieron unos segundos a mi carrera y me hicieron preguntas, pero luego al ver que se aburrirían se quedaron atrás.
Entre dos matas de arbustos y árboles espesos y lacerantes la alcancé. Las puntas de su vestido estaban desgarradas y embarradas, toda mojada, pero concentrada en su huída y sin dejar de correr, tan rápido que me costó llegar hasta ella.
- ¡Mariana!
Se sorprendió dos veces. Porque evidentemente no esperaba que la siguieran, que nadie se atreviera a seguirla: y segundo de sí misma al no sospechar que yo sí me atrevería. Es más, era yo el que le había contado de la maravilla de áquel lugar, de la aventura que había corrido a buscar y de los seres barrosos que lo habitaban. Sólo vaciló, pero no se detuvo, sino que siguió invitádome a correr con ella. Yo podía entender la carrera - huíamos de un enemigo común. No recuerdo que hablamos entre las ráfagas de aire helado y las espinas que dejábamos atrás, pero sí que nos mojamos juntos en las ciénagas y que tropezamos y nos levantamos entre las cañas hasta quedar más unidos que lo que hubiera jamás podido alguien el el soleado salón. Y llegamos al anfiteatro, donde mi recuerdo es de nosotros tomados, ella completamente embarrada, sin miedos, sentada mirando el mar.
* * * * * * * * *
Observaciones del soñador:
Unos días atrás estuve hablando con Mariana de probar cosas, de vivir aventuras, de no tener con quien pasear. Sólo me acordé de lo mucho que a ella le gusta eso después de haberlo dicho, y en parte por el tono de entusiasmo y el desafío con que me preguntó en concreto que querría hacer.
Debo decir que conseguir una "compañera de aventuras" es mi ideal de amistad. Eso es lo que me falta, porque nadie comparte lo suficientemente mis intereses, o los que lo hacen, no tienen suficiente tiempo para compartirlos. Es natural que la sorpresa me llevara a fantasear al respecto. Después de todo, ir a La Plata, la primera aventura que se me ocurrió cuando me lo plantée, Mariana sola de entre toda la gentes que no hubieran ido por pereza (y porque pensarían "¿A hacer qué?") aceptó ir.
Ese puede considerarse el disparador principal.
Está después el segundo, que se ve en el sueño en el hecho de que las situaciones más sinceras y por eso mismo en cierta forma más íntimas Mariana las compartiera conmigo. Juego perfectamente el rol de conciencia, de fantasma de la fantasía. Eso es porque siempre tuve una convicción de ser la persona que más entiende y comparte con ella: luego reubiqué un poco esa convicción al comprobar que no es tan así, pero me quedó esa sensación de "terreno propio" que parece connformar el baldío salvaje y cenagoso de los terrenos de su edificio.
Ahí está también el interesante quiebre entre la realidad donde soy una serpiente, un oculto, algo menor, y donde Mariana está tras una careta, la realidad del salón donde están bien vestidos, del padre y del novio (al que nunca le ví la cara ni en sueños). Me llama la atención no haber visto a la madre, que estoy seguro debería haber abrazado a su hijita, tan hermosamente vestida, durante el aplauso.
El mundo cambia al salir a los terrenos, e incluso el sol que brillaba espléndido a través del ventanal le devuelve parte de la noche a la Tierra Oscura.
Rocio y el otro que se hallan como poltergeist entre el barro, son algo que me intriga mucho. ¿Qué de mi subconciente me llamó a ponerlos ahí? ¿Los considero seres de barro, desarmables, superficiales?
Nunca toqué a Mariana en sueños. Tampoco en ensoñaciones. No la toqué más que lo poco que en la realidad, y de hecho menos. Sin embargo en este sueño creo haber estado tentado. Creo que el barro al final, que confunde al mundo y el mundo se enturbia, la habré llevado en brazos varias veces.
Y todo acabó en esa unión, mirando el infinito. Unión que, pese a todo el misticismo, no trasgredía la amistad, aunque lo compartido residiera en dejar atrás todo el mundo luminoso, así se fueran con él deudos, padre y novio.
Notas más normales:
Hoy tenía previsto levantarme a la hora que fuera. Debo decir que no tenía apuro, siendo que ayer prácticamente terminé el programa del motor de la manguera GNC. Hoy lo voy a entregar lo que tengo, es más.
Pero habiendome acostado a las 12, levantarme a las doce me dá mucho rabia, y me acuso mucho por eso. Ayer no toqué una gota de alcohol, así que tampoco es ese el motivo. Salí de la cama contracturado y sin querer levantarme. Sin embargo, poco rato después caí en la cuenta de este sueño, y entendí porque había dormido tanto. La vivencia fue tal y tan bien ordenada que me recordó al anterior que tuve con un tema así, distinto a todos los demás que suelo tener, y francamente más relajante y descansador. Me perdoné el haber dormido tanto y me quedé quince minutos haciendo memoria, asínpude transcribir acá lo más parecido a una auténtica historia de ficción que he logrado en varios meses.
Bueno, ya escribí durante una hora, me voy a comer y llamar a la numerosa gente del "lado luminoso" que me solicita.
A la izquierda la pared era eterna: a la derecha, un lago pantanoso donde más de una vez tropecé y acabé completamente mojado. Todos los árboles tenían rastros de hongos, la hierba embarrada estaba muchas veces arrancada, y había algo de basural en la escena: sin embargo, era maravillosa, e ideal para mi carrera y mi aventura.
Llegué hasta un claro con declive en forma de anfiteatro, y me detuve ante la barrera de matas enroscadas que los rodeaba. Allí volví a sumergirme en el agua turbia. No recuerdo más de esa vivencia.
En el piso 18, departamento A, había cierto ambiente de inquietud, en la preparación del cumpleaños. Es verdad que desde su pieza no se ve gran cosa de la casa, así que más bien lo recibí por intuición, o por observaciones momentáneas. Nosotros dos hablábamos pausadamente, yo sin decidirme a abrazarla finalmente. Ella tampoco tenía muchas ganas de sumarse a la agitación general.
Pero llegó el momento de bajar. Nos abrazamos al despedirnos, casi con miedo, y yo me quedaba arriba, en el departamento ¿Quedarme arriba? Es que no podía bajar en el ascensor con ella. Si bien mis ropas habían perdido por artes misteriosas todo rastro de barro y humedad, ella debía bajar sola. Abajo, junto con toda su familia (para quienes yo era un elemento inerte, tal vez una roca catalizadora) esperaba Él(que-no-debe-ser-nombrado). Sería desubicado que yo bajara con ella vestida de fiesta, el vestido largo y blanco con algunos moños y volados y tules, sin ser ni el padre ni el novio, ni tan sólo pariente.
Pero había un deslizador, justo al lado del ascensor.
Ella no tenía miedo de bajar conmigo, pero me aconsejaba que no me vieran. El deslizador era una plancha que bajaba de acuerdo a una cuerda que yo sostenía con las manos, sin ningún motor: para cuidar de no caer, bajé mucho más lento que el ascensor.
Sin embargo, tal vez la pared intermedia fuera de vidrio, vi todo lo que allí sucedió. Al llegar abajo, aparecieron varios muchachos bien vestidos, entre los que supuse con ansiedad debía estar el novio. Decidí que no estaba preparado para ver eso y voltée la visión. Estaba también el padre, que tan bien me cae y una multitud de pululantes familiares en mesas vestidas. Era el salón de fiestas con ventanal a los terrenos.
No se como lo vi si no estaba mirando, pero ella se zafó del novio o ni siquiera se dirigió a él. Yo andaría por el piso 4 (estaba alto) cuando abandonando los tacos y levantando un poco la falda empezó a correr. Salió a los terrenos, que no eran soleados, sino otra vez siniestros. Allí la perdí por un momento de vista.
Entonces salté de mi deslizador directamente a los terrenos, y la fiesta y el mundo conocido quedaron atrás. Tal vez ninguno de los de allí toleraría entrar en este lugar. Me desgarré la ropa y muy probablemente la piel en varios lugares para alcanzar su carrera con la ventaja que me llevaba. Creo que grité su nombre un par de veces. Me crucé en el camino con dos inoportunos dignos personajes de fábula, que interpreto eran Rocio y alguien así más. No entendían nada, y no pertenecían ni a la fiesta ni a la huida, nada más importunaban y vivían en el barro de los marjales. Se unieron unos segundos a mi carrera y me hicieron preguntas, pero luego al ver que se aburrirían se quedaron atrás.
Entre dos matas de arbustos y árboles espesos y lacerantes la alcancé. Las puntas de su vestido estaban desgarradas y embarradas, toda mojada, pero concentrada en su huída y sin dejar de correr, tan rápido que me costó llegar hasta ella.
- ¡Mariana!
Se sorprendió dos veces. Porque evidentemente no esperaba que la siguieran, que nadie se atreviera a seguirla: y segundo de sí misma al no sospechar que yo sí me atrevería. Es más, era yo el que le había contado de la maravilla de áquel lugar, de la aventura que había corrido a buscar y de los seres barrosos que lo habitaban. Sólo vaciló, pero no se detuvo, sino que siguió invitádome a correr con ella. Yo podía entender la carrera - huíamos de un enemigo común. No recuerdo que hablamos entre las ráfagas de aire helado y las espinas que dejábamos atrás, pero sí que nos mojamos juntos en las ciénagas y que tropezamos y nos levantamos entre las cañas hasta quedar más unidos que lo que hubiera jamás podido alguien el el soleado salón. Y llegamos al anfiteatro, donde mi recuerdo es de nosotros tomados, ella completamente embarrada, sin miedos, sentada mirando el mar.
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Observaciones del soñador:
Unos días atrás estuve hablando con Mariana de probar cosas, de vivir aventuras, de no tener con quien pasear. Sólo me acordé de lo mucho que a ella le gusta eso después de haberlo dicho, y en parte por el tono de entusiasmo y el desafío con que me preguntó en concreto que querría hacer.
Debo decir que conseguir una "compañera de aventuras" es mi ideal de amistad. Eso es lo que me falta, porque nadie comparte lo suficientemente mis intereses, o los que lo hacen, no tienen suficiente tiempo para compartirlos. Es natural que la sorpresa me llevara a fantasear al respecto. Después de todo, ir a La Plata, la primera aventura que se me ocurrió cuando me lo plantée, Mariana sola de entre toda la gentes que no hubieran ido por pereza (y porque pensarían "¿A hacer qué?") aceptó ir.
Ese puede considerarse el disparador principal.
Está después el segundo, que se ve en el sueño en el hecho de que las situaciones más sinceras y por eso mismo en cierta forma más íntimas Mariana las compartiera conmigo. Juego perfectamente el rol de conciencia, de fantasma de la fantasía. Eso es porque siempre tuve una convicción de ser la persona que más entiende y comparte con ella: luego reubiqué un poco esa convicción al comprobar que no es tan así, pero me quedó esa sensación de "terreno propio" que parece connformar el baldío salvaje y cenagoso de los terrenos de su edificio.
Ahí está también el interesante quiebre entre la realidad donde soy una serpiente, un oculto, algo menor, y donde Mariana está tras una careta, la realidad del salón donde están bien vestidos, del padre y del novio (al que nunca le ví la cara ni en sueños). Me llama la atención no haber visto a la madre, que estoy seguro debería haber abrazado a su hijita, tan hermosamente vestida, durante el aplauso.
El mundo cambia al salir a los terrenos, e incluso el sol que brillaba espléndido a través del ventanal le devuelve parte de la noche a la Tierra Oscura.
Rocio y el otro que se hallan como poltergeist entre el barro, son algo que me intriga mucho. ¿Qué de mi subconciente me llamó a ponerlos ahí? ¿Los considero seres de barro, desarmables, superficiales?
Nunca toqué a Mariana en sueños. Tampoco en ensoñaciones. No la toqué más que lo poco que en la realidad, y de hecho menos. Sin embargo en este sueño creo haber estado tentado. Creo que el barro al final, que confunde al mundo y el mundo se enturbia, la habré llevado en brazos varias veces.
Y todo acabó en esa unión, mirando el infinito. Unión que, pese a todo el misticismo, no trasgredía la amistad, aunque lo compartido residiera en dejar atrás todo el mundo luminoso, así se fueran con él deudos, padre y novio.
Notas más normales:
Hoy tenía previsto levantarme a la hora que fuera. Debo decir que no tenía apuro, siendo que ayer prácticamente terminé el programa del motor de la manguera GNC. Hoy lo voy a entregar lo que tengo, es más.
Pero habiendome acostado a las 12, levantarme a las doce me dá mucho rabia, y me acuso mucho por eso. Ayer no toqué una gota de alcohol, así que tampoco es ese el motivo. Salí de la cama contracturado y sin querer levantarme. Sin embargo, poco rato después caí en la cuenta de este sueño, y entendí porque había dormido tanto. La vivencia fue tal y tan bien ordenada que me recordó al anterior que tuve con un tema así, distinto a todos los demás que suelo tener, y francamente más relajante y descansador. Me perdoné el haber dormido tanto y me quedé quince minutos haciendo memoria, asínpude transcribir acá lo más parecido a una auténtica historia de ficción que he logrado en varios meses.
Bueno, ya escribí durante una hora, me voy a comer y llamar a la numerosa gente del "lado luminoso" que me solicita.
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