Primavera
Amo la primavera.
No la busco en pajaritos, ni en florcitas. La veo y la siento. Los plátanos secos en la ventana de mi escritorio se brotan, sin que pareciera posible que jamás pasara algo así. Salen hojas verdes, muy claritas, extrañas como bebés, proyectos de una verdadera hoja de plátano.
Los trinares no los oigo. Pero veo más vida. Veo lo que amo, a quienes amo, veo la lluvia como siembra y el sol como sembrador. Otra vuelta necesaria para el siguiente invierno; pero esta es la vuelta más sorprendente.
En verano, las flores se vuelven frutos, las hojas se queman, empiezan a secarse. La vida continúa su ciclo de madurez.
En otoño, la vida agotada se marchita y cae.
En invierno, todo muere, y la soledad ominosa de los elementos domina el mundo.
Pero en primavera, siempre pasa algo nuevo. Pasa lo más imposible, lo más inesperado. La vida surge de la nada, de donde quedaban cosas ocultas, la vida revela su verdadera naturaleza, indestructible, triunfante, inmanente.
No había muerto ¡estaba oculto! Pero, ¡que bien oculto que estaba!
Y tengo ganas de vivir de vuelta, de darle a mi vida más vida aún. De ser feliz entre rosas, entre pastos, a la luz del sol. Abandonar toda la carga de suciedad y peso, y correr desnudo por la felicidad.
Quisiera que fuera así, y que fuera así a todos quienes esperan eso de ella. Por eso, aunque sea repetido, aunque lo gasten todos los días en vano
¡¡¡Feliz primavera!!!
"Si al mecer las azules campanillas
de tu balcón
crees que suspirando pasa el viento
murmurador,
sabe que oculto entre las verdes hojas
suspiro yo.
Si al resonar confuso a tus espaldas
vago rumor,
crees que por tu nombre te ha llamado
lejana voz,
sabe que entre las sombras que te cercan
te llamo yo.
Si se turba medroso en la alta noche
tu corazón,
al sentir en tus labios un aliento
abrasador,
sabe que, aunque invisible, al lado tuyo
respiro yo."
"Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres....
ésas... ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.
Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día....
ésas... ¡no volverán!
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar,
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.
Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido..., desengáñate,
así... ¡no te querrán!"
La segunda la sé de memoria desde los 6 años, creo.
Becquer, por supuesto, ambas.
"¡Oh amada, oh capullo
ábrete a mi luz esta estación!"
No la busco en pajaritos, ni en florcitas. La veo y la siento. Los plátanos secos en la ventana de mi escritorio se brotan, sin que pareciera posible que jamás pasara algo así. Salen hojas verdes, muy claritas, extrañas como bebés, proyectos de una verdadera hoja de plátano.
Los trinares no los oigo. Pero veo más vida. Veo lo que amo, a quienes amo, veo la lluvia como siembra y el sol como sembrador. Otra vuelta necesaria para el siguiente invierno; pero esta es la vuelta más sorprendente.
En verano, las flores se vuelven frutos, las hojas se queman, empiezan a secarse. La vida continúa su ciclo de madurez.
En otoño, la vida agotada se marchita y cae.
En invierno, todo muere, y la soledad ominosa de los elementos domina el mundo.
Pero en primavera, siempre pasa algo nuevo. Pasa lo más imposible, lo más inesperado. La vida surge de la nada, de donde quedaban cosas ocultas, la vida revela su verdadera naturaleza, indestructible, triunfante, inmanente.
No había muerto ¡estaba oculto! Pero, ¡que bien oculto que estaba!
Y tengo ganas de vivir de vuelta, de darle a mi vida más vida aún. De ser feliz entre rosas, entre pastos, a la luz del sol. Abandonar toda la carga de suciedad y peso, y correr desnudo por la felicidad.
Quisiera que fuera así, y que fuera así a todos quienes esperan eso de ella. Por eso, aunque sea repetido, aunque lo gasten todos los días en vano
¡¡¡Feliz primavera!!!
"Si al mecer las azules campanillas
de tu balcón
crees que suspirando pasa el viento
murmurador,
sabe que oculto entre las verdes hojas
suspiro yo.
Si al resonar confuso a tus espaldas
vago rumor,
crees que por tu nombre te ha llamado
lejana voz,
sabe que entre las sombras que te cercan
te llamo yo.
Si se turba medroso en la alta noche
tu corazón,
al sentir en tus labios un aliento
abrasador,
sabe que, aunque invisible, al lado tuyo
respiro yo."
"Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres....
ésas... ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.
Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día....
ésas... ¡no volverán!
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar,
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.
Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido..., desengáñate,
así... ¡no te querrán!"
La segunda la sé de memoria desde los 6 años, creo.
Becquer, por supuesto, ambas.
"¡Oh amada, oh capullo
ábrete a mi luz esta estación!"