Volver a empezar....
Iba a decir una enorme sarta de boludeces acusatorias, de palabras apocalípticas, de declaraciones finales, mandatos, y cosas así.
Se trataba, para favor de vuestra curiosidad y de la mía cuando ya estos hechos hayan sido olvidados, de cosas así: "no me importás más" "si yo no te importo vos tampoco a mí" "no voy a pensar más en vos así no sufro, total es inútil" "basta ya, no soy una marioneta" y peores aún.
Una posición básica y reflexiva me hizo darme cuenta que ninguna de esas cosas, ni los finales abruptos, ni las declaraciones de "para vos soy una basura por tanto mejor me las tomo" ni "me desilusionaste y no me importás más" ni "no pienso sufrir más por vos, cruel" tienen sentido, ni verdad, ni propósito. Ni siquiera como catársis en tanto son absolutamente falsas.
El motor condicional (es decir, el motor absoluto) de esa voluntad catártica es un odio arraigado. Es el rencor que me arrancaba esas expresiones: el rencor porque, cada vez que me enfrento con la realidad (que por algún motivo mi mente no asumió aún) el dolor es tan grande que se hace físico, siento que se me dobla el pecho, intento llorar a gritos entrecortados y las lágrimas que no salen me queman. Es tan fuerte ese dolor que me hace odiar a mi victimario, y por necesidad lo ponía afuera, pero es obvio a quien odio, y quien es mi único victimario: Yo.
El dolor que sentí fue tan grande que no me hubiera culpado de estallar de esa forma idiota. Pero si bien no me hubiera culpado de estallar, me hubiera culpado de ser idiota, y de perder el tiempo en eso.
Me encantaría poder echar todo al olvido y no molestar más donde sobro. Cerrar como si fuera una cortina. Pero cualquier apariencia de hacerlo es vana, es inútil: nada se puede ocultar. Hay que transformarlo o disiparlo, pero ¿taparlo? que en vano sería.
El olvido no existe. Las salidas fáciles, los finales abruptos, no existen. Ni siquiera Rocio, la persona que en este momento más motivos tengo para no querer y que más lejos está (conveniente para no tener que verla más) puede pasar a un olvido en mi cabeza. No puedo hacer como que me es completamente indiferente.
Es decir, en la práctica, lo es. Pero en el fondo, sé que no me olvido que fuimos amigos... y se que no me voy a olvidar, aunque el velo de odio intente simular que su destino me es indiferente.
La vida se marca, a nuestro querer o a nuestro pesar. Quien pasa por ella nos marca, a nuestro querer o nuestro pesar. Y no se olvida. A quien quise a mi pesar, quise. Que me pese o no, no afecta a la vida, ni al destino: no debe por tanto afectar mi felicidad.
¿A quién he de guardar rencor? ¿De quién intentaré alejarme? ¿A quién quería borrar de MSN para no tener que ver temblando conectarse y salir?
Sólo una vez puse a uno en no-admitir: una venganza idiota porque el pibe es demasiado tonto. Pero me arrepentí incluso de ello. ¿Que idiotez quería hacer? ¿Qué alivio me ibaa significar esconderme?
Y eso no quita que una y otra vez vea y me vuelva a doler, me de otra vez el dolor en el pecho, tan fuerte que rogar misericordia sería poco. No hay pastillas, no hay hierbas, no hay tés, no hay placer, no hay comida, no hay nada que detenga ese dolor infernal. Quema, parte, desgarra el corazón mientras no puedo hacer nada.
Pero no confundiré nunca más. Soy yo quien se tortura. No voy a pedir piedad.
Me quemé. Pasé por el agua, me saqué la suciedad del cuerpo como si así quitara la del alma. Me procuré placer por odio, para destruirme, sabiendo que no lo obtenía. Y el dolor volvió una y otra vez mientras intentaba dormir para siempre.
Llega el alba, y la hora de renacer de las cenizas.
Se trataba, para favor de vuestra curiosidad y de la mía cuando ya estos hechos hayan sido olvidados, de cosas así: "no me importás más" "si yo no te importo vos tampoco a mí" "no voy a pensar más en vos así no sufro, total es inútil" "basta ya, no soy una marioneta" y peores aún.
Una posición básica y reflexiva me hizo darme cuenta que ninguna de esas cosas, ni los finales abruptos, ni las declaraciones de "para vos soy una basura por tanto mejor me las tomo" ni "me desilusionaste y no me importás más" ni "no pienso sufrir más por vos, cruel" tienen sentido, ni verdad, ni propósito. Ni siquiera como catársis en tanto son absolutamente falsas.
El motor condicional (es decir, el motor absoluto) de esa voluntad catártica es un odio arraigado. Es el rencor que me arrancaba esas expresiones: el rencor porque, cada vez que me enfrento con la realidad (que por algún motivo mi mente no asumió aún) el dolor es tan grande que se hace físico, siento que se me dobla el pecho, intento llorar a gritos entrecortados y las lágrimas que no salen me queman. Es tan fuerte ese dolor que me hace odiar a mi victimario, y por necesidad lo ponía afuera, pero es obvio a quien odio, y quien es mi único victimario: Yo.
El dolor que sentí fue tan grande que no me hubiera culpado de estallar de esa forma idiota. Pero si bien no me hubiera culpado de estallar, me hubiera culpado de ser idiota, y de perder el tiempo en eso.
Me encantaría poder echar todo al olvido y no molestar más donde sobro. Cerrar como si fuera una cortina. Pero cualquier apariencia de hacerlo es vana, es inútil: nada se puede ocultar. Hay que transformarlo o disiparlo, pero ¿taparlo? que en vano sería.
El olvido no existe. Las salidas fáciles, los finales abruptos, no existen. Ni siquiera Rocio, la persona que en este momento más motivos tengo para no querer y que más lejos está (conveniente para no tener que verla más) puede pasar a un olvido en mi cabeza. No puedo hacer como que me es completamente indiferente.
Es decir, en la práctica, lo es. Pero en el fondo, sé que no me olvido que fuimos amigos... y se que no me voy a olvidar, aunque el velo de odio intente simular que su destino me es indiferente.
La vida se marca, a nuestro querer o a nuestro pesar. Quien pasa por ella nos marca, a nuestro querer o nuestro pesar. Y no se olvida. A quien quise a mi pesar, quise. Que me pese o no, no afecta a la vida, ni al destino: no debe por tanto afectar mi felicidad.
¿A quién he de guardar rencor? ¿De quién intentaré alejarme? ¿A quién quería borrar de MSN para no tener que ver temblando conectarse y salir?
Sólo una vez puse a uno en no-admitir: una venganza idiota porque el pibe es demasiado tonto. Pero me arrepentí incluso de ello. ¿Que idiotez quería hacer? ¿Qué alivio me ibaa significar esconderme?
Y eso no quita que una y otra vez vea y me vuelva a doler, me de otra vez el dolor en el pecho, tan fuerte que rogar misericordia sería poco. No hay pastillas, no hay hierbas, no hay tés, no hay placer, no hay comida, no hay nada que detenga ese dolor infernal. Quema, parte, desgarra el corazón mientras no puedo hacer nada.
Pero no confundiré nunca más. Soy yo quien se tortura. No voy a pedir piedad.
Me quemé. Pasé por el agua, me saqué la suciedad del cuerpo como si así quitara la del alma. Me procuré placer por odio, para destruirme, sabiendo que no lo obtenía. Y el dolor volvió una y otra vez mientras intentaba dormir para siempre.
Llega el alba, y la hora de renacer de las cenizas.