Se podría pensar que mi fuerte, lo que me habilita a vivir, es la inteligencia. Es verdad - no me parece soberbio decirlo - que tengo una inteligencia y una memoria poco comunes. Que fui educado con mucha erudición y entrambas desarrollé considerable talento. Esto se pone de manifiesto cuando me destaco con poco o ningún esfuerzo, cuando saqué 9,66 en Física sin estudiar, mientras que no pocas compañeras obtuvieron 2 de promedio anual. Pero todas estas cosas las miro de afuera, con un asombro que no me corresponde. Es un instrumento que uso, y que estoy muy agradecido de tener: pero nada más. No estoy orgulloso de ser capaz de pensar. Si estuviera orgulloso, no manifestaría que soy conciente de esa capacidad, porque la mejor forma de ser soberbio es una modestia hipócrita.
Me parece flaco favor a los que hice puré en las olimpíadas matemáticas decir que soy tonto. Por instinto, alabamos al que nos derrotó: al menos, de esa manera, no fuimos derrotados por ser malos sino porque el otro era mejor ^^.
(Y si me siento mundanamente orgulloso de esas victorias, no es porque realmente me agraden. Es porque allí derroté en mi imaginación a todos los que me habían sobrepasado y me habían agredido. Yo solo, sin que los demás lo supieran, le gané a todo el colegio. Nadie supo que había sido yo. El premio se repartió entre cuatro, y además, a nadie le interesaban las matemáticas. Pero en mi mente me había vengado. Aunque es una idiotez y no estoy de acuerdo con ese uso de la memoria y de la mente, por algo no lo olvidé.)
Lo que quiero decir, es que hay algo de mi que parece ser mi carta de victoria, y es la paciencia. Tampoco estoy "orgulloso" de ella: la recibí, como todo lo que soy. Pero es verdaderamente lo que me marca, casi lo que me caracteriza, lo único que da utilidad a cualquier talento que tenga. Incluso ayuda a la suerte. Sé esperar.
Estoy contento de eso.
Me parece flaco favor a los que hice puré en las olimpíadas matemáticas decir que soy tonto. Por instinto, alabamos al que nos derrotó: al menos, de esa manera, no fuimos derrotados por ser malos sino porque el otro era mejor ^^.
(Y si me siento mundanamente orgulloso de esas victorias, no es porque realmente me agraden. Es porque allí derroté en mi imaginación a todos los que me habían sobrepasado y me habían agredido. Yo solo, sin que los demás lo supieran, le gané a todo el colegio. Nadie supo que había sido yo. El premio se repartió entre cuatro, y además, a nadie le interesaban las matemáticas. Pero en mi mente me había vengado. Aunque es una idiotez y no estoy de acuerdo con ese uso de la memoria y de la mente, por algo no lo olvidé.)
Lo que quiero decir, es que hay algo de mi que parece ser mi carta de victoria, y es la paciencia. Tampoco estoy "orgulloso" de ella: la recibí, como todo lo que soy. Pero es verdaderamente lo que me marca, casi lo que me caracteriza, lo único que da utilidad a cualquier talento que tenga. Incluso ayuda a la suerte. Sé esperar.
Estoy contento de eso.