viernes, octubre 14, 2005

El secreto del Universo

Las mentes buscan incanzablemente el secreto del universo. Al juicio común, una palabra, una fórmula matemática, una idea, un modelo, ha de ser perfecto y describir por completo al universo, haciendo que de él puedan surgir, como surgieron, todas las cosas existentes. Hay almas que gastan su vida atrás de él. Y si tal cosa existiera, sería en verdad un secreto similar al centésimo nombre de Dios, aquél que según la Kabbalah lo eleva por sobre la condición humana, y una vida sería digno precio por alcanzarlo.

Sin embargo, me temo que ya encontré algo que, sin explicar con esa capacidad sintética y analítica perfecta, desentraña el problema del secreto del Universo. Hallar una palabra, fórmula o modelo (en rigor es lo mismo: todas son ideas, es decir, estructuras mentales) que abrevie todo lo existente sería poseer en una idea al Ser, es decir, a Dios mismo. Es ya de por sí desmesurado, y en tanto que el Ser no puede confinarse a una cosa existente sino que es para sí, resulta imposible.

La respuesta al secreto del universo es que la frase misma es una paradoja. Toda paradoja es un error lógico, un juego de palabras. El universo es todo lo que es, y su complejidad consiste en todo, desde el primer instante hasta el último, y desde el átomo más a la izquierda al de más a la derecha. Someter su forma a una parte de si mismo (porque una idea es también universo) es una pretensión sostenida por la sobreconfianza en la capacidad de modelización de la realidad. Y, finalmente, el universo no posee ningún "secreto", sino que está todo expuesto: simplemente que es demasiado para abarcarlo. La única manera de poseer el "secreto del Universo" es poseer su ciencia completa, conocerlo entero, y eso es, poseerlo entero. Es tener omnisciencia. La Verdad termina por ser solamente la Realidad completa, y conocer la Verdad, conocer todos los aspectos de lo Real. Algo que sólo resulta posible a la fuente filosófica del Ser, al verbo creador (me estoy refiriendo al verbo "Ser", nadie me venga a decir que me copié de Juan Evangelista). Porque ser el Ser mismo es la única manera de abarcar todo lo existente, incluso el Ser mismo.

(dicho sea de paso demostré que existe un Ser - ser =/= persona - origen y fin, omnisciente y omnipotente, fuente de existencia, etc..., aunque no demostré que opine lo que la Biblia dice que opina).

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Mariana tomó un brazalete fino de dibujo celta, con filigrana, de plata. Me lo mostró, no sé porqué, no recuerdo como llegamos a eso. Me dijo que le quedaba muy grande y se lo puso. Entonces quise comprobar si era verdad, además de admirarlo, y no me pareció: se desplaza en su brazo menos que mi reloj en el mío. Me aclaró que a ella ya un leve desplazamiento le molesta. Lo toqué para ver cuanto sobraba, ella extendía su mano para mostrarme.

- Tengo que acortarlo... Sacarle este eslabón, pero es difícil, no tienen ranura.

Miré de más cerca. No disfrutaba el contacto, sabía que no debía manifestarme que algo en mí adora la cercanía, porque en cuanto me lo manifiesto, sale por cada uno de mis poros.

- No se como está hecho, no tienen cortes.

- Es verdad, está soldado. Creo que ahí se ve.

Se lo sacó, viendo que ya resultaba muy difícil verlo, y me lo dió.

- Ahí es más finito.

- En el otro lado también es más finito ahí, Fer.

Lo tomó al mismo tiempo que yo. Quiso ver lo que yo miraba, y se acercó bruscamente. Sentí su aliento, siempre perfumado. ¿Por qué hacíamos eso? Mirando los eslabones que unían los paneles de filigrana.

- Ahí está más finito. Ahí se nota que fue soldado.

Lo giré, buscando otro eslabón. Ella seguía cerca. Temí que algún olor mío no fuera agradable. Me había sentado ya en su cama.

- Mmm... No creo.
"Sería más fácil por ahí cortarlo; pero con los eslabones cerrados..."

Y yo miraba aún. Se separó igual de naturalmente como se había acercado.

- También lo podés mandar a un joyero. En realidad es así como se hace.

- Ahh...
"Puede ser.

- Me encanta la filigrana en general, parece celta este dibujo.

- Me lo dejó mi abuela... no, no murió mi abuela, me lo regaló.
"No sé que es la filigrana Fer.

- Es un dibujo, un entramado... un dibujo con aire en el medio... Bueno ¡como eso!
"¿Conocés las filigranas góticas? ¿Las piedras de las catedrales?

- No...

- Uy, ahora no tenés internet... Bueno, en mi casa te muestro o cuando vuelvas a tener te mando fotos. Son hermosas - descripción de las filigranas góticas.

Mariana mira al horizonte. Preferentemente, por la ventana. Juguetea un rato más con la pulsera de plata y la vuelve a dejar donde estaba, con un comentario distraído sobre acortarla.

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Nota: conversación no copiada y acortada. El formato MSN lo voy a modificar por motivos "editoriales".

Niégal † dice: Marian
N: Encontré paseos para hacer, pero tienen un grave defecto.

(Pausa larga. Sin embargo, para no estropear el golpe de efecto, espero.)

M: ¿Cuál?

N: Son de día completo.
N: Es decir que no podés venir.
Voy a ver si July tiene ganas.

M: Vos decime y yo veo de poder.

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M: Fer
M: La vida son las pequeñas cosas o las pequeñas cosas nos distraen de lo importante?

N: La vida son las cosas pequeñas, y que son lo importante.

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Es todo mucho más simple, mucho más crudo, y mucho más cruel. O simplemente, es.

La verdad desnuda suele parecer cruel por su desnudez.
Somos animales. Recorremos el mundo con un sólo objetivo: mantener la vida. Para eso podemos dirigir lo viviente con nuestra inteligencia, y mantener el ciclo de la nuestra propia con la reproducción. La vida del mundo entero, y tal vez, del universo, prospera con nuestra presencia. La vida que es la única excepción a la exactitud de los sistemas de equilibrio físico y químico. El único sistema capaz de disminuir la entropía de sus componentes.

Y cada célula sabe sus objetivos, su parte. Al fin y al cabo, es mezquina y pequeña. Pero ha sido programada para desear por sobre todo aquello que a la vida le conviene más, a amar la naturaleza, a necesitar de los bosques, de los árboles, del viento, de los elementos liberados. A buscar la hembra y copular con ella a toda costa.

Desesperar, y por ella entregar todo. El amor a la belleza, verdad y felicidad que ha encontrado para su vida le da sentido a sus obras. Deslumbrado por la única luz que su naturaleza ha preparado, da vuelta todo para conseguir lo que cree desear con libertad.

Y veo con emoción el teorema que el heleno Pitágoras armó y luego hago con él formas en que la vida humana se perpetuará. Y encontré a la que siento correcta, y como una criatura cualquiera, libre de razón, la persigo y me enfrento a todo por cumplir con lo que me ha sido ordenado. Y obro como lo que soy, como un sencillo animal que ve todo con espontaneidad. Y justifico con palabras lo que en verdad ya ha determinado mi convicción más profunda.

Mi fatalidad está sellada en mi naturaleza. Y macho y hembra, y varón y mujer para los espíritus sensibles de ofenderse, juegan como en el principio de los tiempos. Y se acercan y se alejan, se cortejan con un ritual arcano, pensando que hacen algo nuevo, pensando siquiera que pueden evitar hacerlo. Y su naturaleza los traiciona. Se dan cuenta de lo que han hecho cuando el engañador que deseaba su provecho ya ha triunfado por sobre las débiles voluntades que le estaban sometidas desde antes de empezar. Y quién como yo, se creía inocente, libre de voluntades impuras, descubre que su pureza está en la honestidad de sus manifestaciones, en la desnudez de sus deseos, en la espontaneidad de sus juegos infantiles. Todos somos niños, y nuestra voluntad es una ilusión muy tentadora.

Incluso puedo oir voces hablando de juegos sucios, o de juegos planteados, directos. Porque quienes admitiendo su situación de criaturas, se entregan al juego convencidos, no están sin embargo por eso mucho mejor posicionados. La pureza del auténtico hace de nos animales sublimes, así como nos hemos hecho los más bajos.

Admito mi fatalidad. Tal vez sea la naturaleza la que ha determinado mi actuar, quizá incluso de antemano. Quizá también mi destino sea el de Werther; o la decepción, o el triunfo. Y debo saber si no estoy loco, si no trabaja en mi cabeza una alimaña antinatural que procura mi destrucción. Si no fui hechizado para actuar así. Pero el hechizo es mutuo, los faunos no perdonan, ni hay sátiros en vano. Las hadas recorren transparentes las paredes de los cuerpos y sus fuentes de fuerza y poder.

Y así es como sucede en la vida. Un muchacho, al que no nombraré por no traicionar secretos, tiene una historia extraña.
Se apasionó por una mujer mayor que él, casada, habiendo conocido antes al esposo. Ella se las arregló para acercarse, porque tenía el poder de hacerlo. Incluso usó a sus hijos como excusa. Y ella estaba lo deseaba aún más que él a ella. El tiempo entregaba sus rituales, y las criaturas se acercaban. Finalmente se unieron, rogando que todo pudiera mantenerse en secreto, y que el marido jamás lo supiera. Pero la naturaleza no es burlada tan fácilmente. Ella concibió, y el marido supo que el vientre de su mujer no le pertenecía. Y ya no hay solución, no existe solución sin tragedia. La misma vida produce vida y acarrea el final de otras. La de él, la del esposo... la del niño concebido. Alguna pagará con sufrimiento o incluso se exinguirá por esto. Los hombres que con tantas voluntades han armado lazos de amistad y cariño se ven enfrentados por fatalidades que apenas habían podido atisbar. Y con igual perplejidad, dominados por la misma desesperación, voluntad de vivir, toman los cuchillos y derraman la sangre.

Y así también la historia de un amor inevitable y fatal puede acarrear un final de sangre. Tal vez sea la mía la que, en el final, corra. Entre los dioses del Olimpo, en sus paraísos de placer y libertad, la sangre corría tan rauda como el vino. Quienes admirando la capacidad del hombre para continuar con la vida, con el espíritu natural con que el Hado lo condena, desearon para él otra cosa, soñaron con la trascendencia, adoraron aquello que está "más allá", y puede explicar los restos de esta vida cruel. En su doctrina escribieron las palabras de piedad y amor, serenaron los ánimos y decidieron ordenar las pasiones, dándole a sus resultados caóticos el nombre de Mal. Y su obra continuaba con el plan de la vida, y ambos conviven. Y hubo quienes los nombraron enemigos de la Naturaleza. Hubo sangre, y habrá.

Admiramos con que fuerza nos arrastra nuestro destino. Y con que maravilla nos traspasa la idea de otro sentido, de otra verdad. Imposible saber cual es más auténtica. Sucumbimos a la que el mundo nos permite mejor. Librenos nuestro Dios, o el genio dictaminador de nuestro ímpetu vital, de sacar las armas de la vaina por esta causa.

Ese es el secreto de mi Universo. Dos posbilidades, dos divinidades, dos amores, poderosos y arrastrantes, que coinciden en algunas cosas, que en otras difieren por completo. Ella es el secreto que hallé para mí, mi divinidad pagana y blasfema, diosa a cuyo altar quiero subir y compartir. Y la trascendencia, esa idea sublime, perfecta, irreal, donde un Dios ilumina el mundo en sombras, y borra los restos de crueldad y dolor como el abrazo sincero de mi madre.

Necesito hablarlo con alguien. Estoy confundido y aturdido, y en mi mente se vuelve a dibujar, y recuerdo con dolor cada juego, cada espontáneo acercamiento, cada pequeña histeria que le hice y que me hizo, cada demostración de cariño, y las débiles y sencillas demostraciones de deseo.

Tal vez mi error sea crucial. Pero no puedo saberlo. Hasta tanto los caminos sean uno sólo y no haya llegado a la encrucijada, seguiré recorriendo el que me conduce a ella, que conozco bien claro. Y no es el más fácil. Y probablemente, muchos dirán que es el que más me conviene.

No puedo creer que la amo tanto. Algo anda mal, o no la amo, o la adoro, o mi obsesión es mortal. O ella me hace amarla en esa grado. Tal vez, empiezo a sospechar, hemos caído en una trampa preparada para los dos, bien ajustada por el destino, para aniquilar sanamente mi existencia o hacer salir de nosotros alguna raza de nuevos dadores de vida. Tal vez sea incluso el Hado quien haya decidido que yo le diera a leer Werther, como un fruto prohibido, para que jugásemos hasta el final nuestros papeles. La vida real es mejor que cualquier novela. Los hombres hacen, bajo el influjo del amor y de la vida, cosas más increíbles que en la ficción. Y por demás, son verdaderas. Ahora mismo lo pueden ver.

Estoy loco. Adios.