domingo, octubre 09, 2005

In sleep he sang to me, in dreams he came...

En los terrenos todo era oscuro, porque sólo el castillo podía llamarnos la atención.
Entramos. En el grupo estábamos el padre de la princesa (posiblemente hermano del Rey), la princesa misma, un primo de sangre real y algunos caballeros de estirpe.
No tenía muralla la fortaleza, por lo que entramos directamente en el gran salón de la torre del homenaje. Los pisos con rombos de losa estaban muy oscuros, y a la derecha había una escalera que llevaba muy empinada a un entrepiso quince metros más arriba. Subimos por ella.

Habíamos encontrado toda suerte de objetos en el camino, y ya estábamos antes de entrar advertidos de la presencia de un hechizo flotando en ese lugar. Algunas de las cosas que caían al vacío se rompían y desaparecían: pero otras (como un par de objetos que dejamos caer) se dividían en un montón de esos objetos que habíamos encontrado antes, al parecer mágicos, y de gran valor, aunque escalofriantes. Entre las piezas que se dividían de un objeto mágico siempre había una réplica del original. Esa era nuestra única esperanza si caíamos.

Había a nuestra derecha, en el entrepiso, un relicario gótico. Las filigranas eran tan abundantes que no se veía nada adentro. A la izquierda de la escalera había una zona vacía del entrpiso, y más allá, oscuridad impenetrable. Algunos caballeros y yo nos internamos en el relicario, dejando atrás a las damas y a alguna de sus altezas mayores de edad. No llegamos muy lejos, pues avanzabamos con cautela. Había una fuente de luz en el centro del relicario. Una luz fatua e irreal, evidentemente mágica, pero tal vez peligrosa.

Retrocedimos hasta donde esperaban los demás, no sé bien porqué. Quizás para decir que estábamos bien. Pero entonces oímos un grito de la princesa, que por algún motivo se había ido con su aya a las zonas de oscuridad. La inocente volvió helada del pánico, aunque nada le sucedió. La aya estaba más calmada, y contó algo, aunque yo no oí. Muchos otros empezaron a temblar entonces, y querían huir. Mi princesa seguía gritando, y como nadie podía callarla, la besé con fuerza. Siguió llorando, pero dejó de gritar. Entonces subí al palco del orador - metafóricamente: en cine, las cámaras hubieran tenido ojos sólo para mi, y en teatro,habría sufrido un reflector en mi cara - y empecé a contar la parábola del prisionero liberado. Todos querían huir, escapar del hechizo, dejar el relicario en paz, pero yo insistí. La parábola se encuentra en alguno de los evangelios* y habla de un hombre que fue apresado por el señor de su tierra. Su familia pasaba hambre y llanto, y él un día logró escapar de la injusticia. Pero antes de volver con su familia se aseguró no sufrir nunca más. Trabajó sin descanso durante semanas hasta que pudo comprar la madera suficiente y construir una catapulta. Destruyó el palacio del señor y vivió feliz para siempre.
Si un hombre débil y de pueblo se pudo enfrentar así al autor de su injusticia ¡cuanto más nosotros flor y nata de la caballería!

Así es como, aún dudando, los tranquilicé, y partimos a inspeccionar el relicario. Llegamos hasta la fuente de luz, que resultó ser una figura humana ricamente vestida dentro de una cámara de procesión. Estaba hecha de una materia sutil y mágica, capaz de cambiar de forma revelando su naturaleza, luminosa y traslúcida, líquida.
Reconocimos la figura: era el hijo de mi tío. Entendimos que el relicario anunciaba quien sería el próximo Rey. Luego la figura cambió y fue otra vez ese príncipe, pero más gordo y más anciano.
Y cuando se volvió a deformar, nunca alcanzó la siguiente forma. El hermano del Rey supuso que aún el Hado no estaba definido; yo no le dije nada, pero supe que el relicario anunciaba el fin del Reino.

Salí de allí con dolor de cabeza y los pelos pegados a la cara, ojos lagañosos y con esperanzas de haberme llevado a mi princesa a casa - todavía me duran las primeras, en cuanto a la esperanza, tambien :).

* No busquen rastros de esta absurda parábola. La suposición de ser evangélica es parte del surrealismo onírico.

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Ayer vino July diez minutos para hacer tiempo. Al volver al edificio, y por un problema con la llave, me quedé hablando con el guardia de seguridad. Resultó muy simpático y gané otra vez el inconveniente de tener que quedarme quince minutos hablando cada vez que llegue a mi casa (cosa que me sucedía con el anterior y por la cual había decidido no volver a hacerme amigo así). Pero bueno, dejo de lado esos inconvenientes idiotas y burgueses que por supuesto no considero válidos. Lo divertido fue que descubrí que aún intentando rebajarlo por amabilidad (para no ser un insoportable rebuscado) mi lenguaje era muy aproximado al que empleo en este blog y en el chat. ¡Y se supone que aquí y en el chat lo hago para divertirme! Pero me encuentro usando contra mi voluntad tiempos compuestos, conjunciones extrañas y vocablos hispanos. Incluso arcaicismos, cuando no tecnicismos (que es de lejos lo peor de todo: al menos lo otro puede sonar poético, el tecnicismo suena invariablemente snob y pedante).
Como no tengo intenciones de transformarme en una leyenda viviente (uhh, me acabo de acordar que creí ver que le caigo bien a Gabi :D, al menos siempre contesta mis boludeces por grandes que sean) todo esto me parece atroz. Sobre todo porque conozco otra persona que hace las cosas así - mi abuelo - y sé que resulta todo menos simpático.

Me reí mucho con el J-Pop. Mucho. No puedo escucharlo seriamente :P .
Y el Gothic Metal ese, Lovelorn creo que es el grupo (Leaves'eyes el disco, un hermoso nombre) está bueno, muy sinfónico y lindo, pero muy gothic metal y la voz de la minita es como la de Theatre of Tragedy, nada gloriosa.