Romanticismo
¿Se dan cuenta del poder que subyace al romanticismo? Es la fuerza vital absoluta. El espíritu irreductible de rebeldía y construcción, de amor definitivo y poderoso, de impulso y emoción, de vida y de flujo.
Todos los terrenos de la realidad se formaron en los sueños de los que la construyeron. Y el romántico no tolera la realidad si no es como la pensó, si no es como la intuyó y admiró: hermosa y perfecta.
Me dirán que desfallecerá de decepción y sufrirá toda la vida: ¡Pesimistas! ¡Macabros artistas de la muerte!
¿Quienés sois para decir lo que es la vida? ¿Por qué de la muerte trágica y artística de algunos infelices inferís el fracaso definitivo de todo sueño y aspiración? Semejante osadía representa una blasfemia contra todo lo bueno que hay en el hombre. El arte macabro del melodrama ha querido demostrar que los poetas sufren por su condición, y que es necio procurarse tanto sufrimiento. Que la única salida es apagar la mente y capear la tempestad... y dejar que la vida se nos vaya en nada.
¿Quién les apagará las lágrimas cuando entendáis que no habéis vivido?
Estoy seguro que el mundo es así, y al final les quedará claro. Nadie podrá dudarlo. Y vengan tras de mí, prometo abrir camino para que les sea más fácil. Pero no busquéis excusas para refugiaros en la absurda indiferencia o la baja y pervertida tramoya de la ironía. La ironía es una crueldad del peor pecador, el escéptico a los sueños. Morbosa, abyecta y blasfema.
Sarcasmo de quien vive doliente y quiere extender su condición al mundo entero. De quien no tolera la fe y la apostrofa de ilusión.
Toda mi fuerza sale de mi esperanza de cumplir mis sueños, así como toda mi desesperanza de las desilusiones de la realidad. Pero, ¿permitiré a esas absurdas desilusiones obligarme a resignarme, cuando jugué mi vida en mis ideales? ¡No! Antes me van a matar. Y si tienen razón los escépticos, simplemente moriré.
El Romanticismo no es darky. No es Tierra Oscura. No es muerte y sombras. Eso es lo que las almas resignadas quieren ver de él. El Romanticismo es guerra sin tregua. Es pasión y fuerza por la Belleza, el Bien y la Verdad.
¡Eso es el Romanticismo!
Todos los terrenos de la realidad se formaron en los sueños de los que la construyeron. Y el romántico no tolera la realidad si no es como la pensó, si no es como la intuyó y admiró: hermosa y perfecta.
Me dirán que desfallecerá de decepción y sufrirá toda la vida: ¡Pesimistas! ¡Macabros artistas de la muerte!
¿Quienés sois para decir lo que es la vida? ¿Por qué de la muerte trágica y artística de algunos infelices inferís el fracaso definitivo de todo sueño y aspiración? Semejante osadía representa una blasfemia contra todo lo bueno que hay en el hombre. El arte macabro del melodrama ha querido demostrar que los poetas sufren por su condición, y que es necio procurarse tanto sufrimiento. Que la única salida es apagar la mente y capear la tempestad... y dejar que la vida se nos vaya en nada.
¿Quién les apagará las lágrimas cuando entendáis que no habéis vivido?
Estoy seguro que el mundo es así, y al final les quedará claro. Nadie podrá dudarlo. Y vengan tras de mí, prometo abrir camino para que les sea más fácil. Pero no busquéis excusas para refugiaros en la absurda indiferencia o la baja y pervertida tramoya de la ironía. La ironía es una crueldad del peor pecador, el escéptico a los sueños. Morbosa, abyecta y blasfema.
Sarcasmo de quien vive doliente y quiere extender su condición al mundo entero. De quien no tolera la fe y la apostrofa de ilusión.
Toda mi fuerza sale de mi esperanza de cumplir mis sueños, así como toda mi desesperanza de las desilusiones de la realidad. Pero, ¿permitiré a esas absurdas desilusiones obligarme a resignarme, cuando jugué mi vida en mis ideales? ¡No! Antes me van a matar. Y si tienen razón los escépticos, simplemente moriré.
El Romanticismo no es darky. No es Tierra Oscura. No es muerte y sombras. Eso es lo que las almas resignadas quieren ver de él. El Romanticismo es guerra sin tregua. Es pasión y fuerza por la Belleza, el Bien y la Verdad.
¡Eso es el Romanticismo!