jueves, octubre 13, 2005

...that voice that calls to me, and speaks my name.

No sé si sentirme culpable, tonto, o simplemente satisfecho. Acabo de despertarme de 16 hs de sueño. Haber dormido tanto interrumpe labores indispensables, como estudio, trabajo y deberes sociales, pero al mismo tiempo tengo la impresión de haberlo necesitado.

¡Ah, es que el desgaste de vivir en el aire pudo ser tan grande! No tenía imaginación para otra cosa que para la evocación de ese recuerdo hechizante, y sin imaginación no funciona ni la memoria, ni la inteligencia. Absolutamente bloqueado por la fuerza con que me arrastraba la imagen de Mariana.

Ayer me acosté con la intención de continuar el sueño de Marjala. Saber que sucedía cuando nos tirabamos al atardecer en la orilla del mar, ver si continuábamos caminando, o el mundo se acababa en ese anfiteatro. Intenté armar trozos de historia antes de dormir, en los que contemplábamos el fuego, o marchábamos por un bosque de primavera, o mirábamos el atardecer abrazados (y yo no era yo sino su actual novio) o incluso se me entregaba. Ninguno prosperó.

En cambio, soñé que estaba con July en la orilla del Río Negro, en un lugar que conocí bien de chico y que ya no existe. Había algo rosa y naranja en la atmósfera que lo hacía parecido a Neverland. July, siendo levemente pelirroja y sus ojos grises en arcoiris, cumplía evidentemente mejor el papel de hada. Pero nos limitábamos a juegos infantiles en los mansos del río entre los árboles.

Y soñé muchas cosas más, ninguna de las cuales recuerdo, aunque intenté conservarlas. Mi imaginación pasó en su sueño como por una pileta, y está nueva, fresca para seguir adelante. Canto al alba (que ya no es tal) de pura felicidad.


17 DE MAYO

«He hecho conocimientos de todos géneros, aunque sin formar sociedad con nadie. Algún atractivo, que no me doy cuenta, debo de tener para muchas personas que espontáneamente se me acercan con deseos de intimar; por mi parte, siento el separarme de ellas cuando sólo un breve rato seguimos el mismo camino. Si me preguntas cómo es la gente de este país, te diré: «Como la de todos.»

La raza humana es igual en todas partes. La inmensa mayoría emplea casi todo su tiempo en trabajar para vivir, y le abruma de tal modo la poca libertad de que goza, que pone de su parte cuanto puede para perderla. ¡Oh destino de los mortales!