Otra vez, durante la noche en la pensión
¿Cómo conciliar todos los caminos...?
Mientras en mi corazón arden los deseos de una cosa, otra cosa grita por mi atención, también en él. Pero así y todo no sé porqué sucede lo que sucede, ni que lo que quede quede sucede no me sé que me ... exactamente eso, ¿se entiende?
A ver... para variar, voy a tratar de ser claro. Imaginemos que somos un hacker, un ultra hacker superexperimentado, conocedor de al menos 40 lenguajes de programación (lo cual no es taaanto, después de todo: yo ya me sé como 7), y con efectivos virus ya probados circulando por ahí. Nuestra página personal es una de las mejores de la red, nos consideran un net.god y somos autores de algo del mejor código Open Source, además de habre brillantemente perjudicado a Microsoft. Incluso el Jargon (diccionario del hacker) tiene nuestra traza, con algunos vocablos aportados.
Entonces, cuando nos disponemos a compilar el primer software de generación de inteligencia artificial, viene a suceder algo harto desagradable: ya nuestra mente no da más. Cansada de años y años de lo mismo, ve evaporarse sus sueños al sentir el abismo que le provoca no poder. No puede, porque ya cree que no puede más. Siente afán de mares, de cascos antiguos, de sueños de otros mundos, de gritos de gaviotas... suplica por vida social, suplica por una mejor postura al andar, incluso por caminar un poco... ¡correr! Algo de ejercicio, un poco más de músculos, tal vez parecerse un poco más a Schwarzenegger que a Cerebro - y me refiero a la ratita de labotario. Y teminar la novela, hablar en vez de chatear.
Y no es que deteste el mundo cybernético; no. Porque si así fuera, sencillamente patearía la computadora y estaría listo. Ya está, parte a otro lado. Pero no. El desea horrible e intensamente terminar ese lenguaje de programación, preparar un mejor compilador, aportar su parte intensa a la Web. Desea terriblemente lograr aquello que se proponía. Entonces, cuando se disipa, buscando paz en otra cosa, sólo logra empeorar la sensación con una nueva y terrible Culpa.
La culpa lo domina todo, y la tensión es insoportable. No puede leer un libro en paz: tampoco puede compilar un sólo programa. Nada de nada puede hacer ¡¡¡nada de nada!!! ¡¡¡¡NADA DE NADA!!!!
Sólo se consume en la angustia... y no puede escribir.
¡¡¿Qué hago diciendo esto?!!!
Dios mío, ¡¡¡YA NO ME SOPORTO MÁS!!!!! Sean piadosos conmigo, por favor ¡libérenme de mi!
Adios,,,, ·$%"·&%4|\º"ª!"(/=&%#~5·$&634@€~#·$%·$#~€
"Todo guerrero de la luz ya tuvo miedo de entrar en combate.
Todo guerrero de la luz ya traicionó y mintió en el pasado.
Todo guerrero de la luz ya recorrió un camino que no le pertenecía.
Todo guerrero de la luz ya sufrió por cosas sin importancia.
Todo guerrero de la luz ya creyó que no era un guerrero de la luz.
Todo guerrero de la luz ya falló en sus obligaciones espirituales.
Todo guerrero de la luz ya dijo sí cuando quería decir no.
Todo guerrero de la luz ya hirió a alguien a quien amaba.
Por eso es un guerrero de la luz; porque pasó por todo eso y no perdió la esperanza de ser mejor de lo que era."
Paulo Coelho, Manual del guerrero de la luz
Hay dos estados de lo que es: aquello que verdaderamente es, y aquello que aparentemente es. Las cosas no son buenas ni malas de por sí, pero sí al relacionarse con otras cosas: si por ejemplo, en vez de comida ponemos veneno, eso es malo. Pero el veneno muchas veces es medicamento, y a nadie se le ocurriría poner un estofado donde deberían ir unas gotas de elixir.
Quizás toda la vida consista en aprender a distinguir esto. Felicidad de euforia, fuerza de sobreexcitación, dolor de rencor, perseverancia de terquedad, valentía de temeridad...
Me recuerda, siempre que veo o leo o hablo de "formas puras" y "formas degeneradas" al resumen de formas políticas de Aristóteles, donde las contraponía en pares: Monarquía - Despotismo, Aristocracia - Oligarquía, Democracia - Demagogia.
¿Cuál es la forma buena y cual es la corrupta? ¿Cómo saberlo sin un Dios que me lo diga? Tal vez Dios no se halle donde lo esperamos, aunque para mí se haya hallado sobre los altares, y lo haya encontrado luego en los atardeceres, en los cantos; y más asombrosamente, en internet, en la tecnología, incluso luego en la magia, en la ciencia, y finalmente, para confusión total, en mi propio interior. Ahora todos esos lugares, incluso yo, me parecen secos y vacíos: y no sirve buscar nuevos lugares, porque el destello que caracteriza a la Verdad brilla engañadoramente en ellos, sólo un instante, para luego desvanecerse y que pasen a formar parte del Todo Gris, cómo llamaría ahora a mi mundo tan vacío.
Voy a contar un poco de eso. Desde hace un tiempo me ha comenzado a pasar que siento que lo que busco va a llegar después, o que todavía no estoy en condiciones de tenerlo. Sea un vaso de agua, ir al baño, un poco más de comodidad, una mínima configuración del teclado, el color de la tinta... sea lo que sea, algo me molesta y me frena, y me impide escribir la "obra maestra" que en esos momentos tengo la impresión de que escribiría sí pudiera. Todas mis ideas se suelen volver confusas, siento cosas extrañas - como, en este momento, que mis dedos son demasiado grandes para el teclado O.O - y a la postre, sencillamente no puedo. Me pregunto porqué, y finalmente termino por descubrir que es porque no tengo paz. Entonces opera lo que ya conté, y empiezo a saltar de una cosa a la otra buscando en vano esa paz. En vano digo no porque no la vaya a encontrar, sino porque no la encuentro. No sé, no entiendo porqué. Pero no la encuentro. Ya no me acuerdo de qué estaba hablando... esperen que vuelvo un poco para atrás.
Ah, sí. Bueno, la cosa es que voy a buscar cosas nuevas, porque las que tengo no me sirven. Antes yo hacía eso y funcionaba. Ahora no, ahora no encuentro la paz en ninguna de ellas, por mucho que busque. En ninguna de ellas. Voy atrás de una nueva ilusión de respuesta y sólo encuentro el momentáneo brillo que proviene de la esperanza antes de la decepción. Al parecer, nadie puede darme respuesta. Nadie o nada, bien no lo sé.
Ahora descubro que pretendí elevarme por sobre mi mismo, y un ocèano de culpa acompaña estas palabras. Culpa porque recién ahora entiendo el verdadero significado de ellas, aunque la culpa debilita la fuerza conque lo digo. En verdad, intenté elevarme, y eso es santo. Pero en una mezcla de vanidad con temor, recelo ante lo que no conocía y autosuficiencia, así como, por sobre todo y especialmente, una enorme cantidad de odio, odio llameante e intensísimo; por todo eso, digo, fue que no logré elevarme. En cambio fue otra cosa lo que hice: intenté hacer que mi condición actual fuera más elevada sin tener que cambiar mi condición por una más elevada. Es decir, en vez de usar las alas para volar, intenté volar con las piernas, y luego, al ver que fracasaba, intenté levantar el suelo o probar si el engaño funcionaba llamándolo "aire". No basta con llamar al suelo "aire" para volar. Volar es volar, y la naturaleza de la sabiduría no procede de las palabras que se utilicen para llamarla. Tampoco viene de adentro completamente, como no viene de afuera en su totalidad. La sabiduría tiene su propia naturaleza, que si describiera hoy a la luz de lo que sé sobre ella, para ustedes siempre la contaría a medias, porque la otra mitad reside dentro de ustedes. Y esto sin tener en cuenta la enorme cantidad que procede de otros lados, que no es de mi precisamente. Y, - ¡oh, debilidad occidental! - estoy ya contabilizando lo incontabilizable. Para algunos de ustedes, mis palabras serán el alfa y el omega. Yo puedo ser otra vez el Profeta. Eso no será para mi, será para quien su alma resuene ante mis palabras: que no nacieron de mi, y es por eso que tampoco conmigo morirán. Dicen que el Ser Interior, o el Alma, prevalece. La verdad es que el alma es otra cosa que nosotros mismos. Y es muy difícil hablar de ella. Lo mejor es hablar sencilla y llanamente, sin vueltas, y diciendo lo que Es. Pero, ¿quién se atrevería a hacerlo, más allá de los temerarios o los ignorantes, que más que hablar - parlotean?
Tal vez no haya encontrado mi sabiduría, ni mi camino, que son las cosas que buscaba. Mucho menos mi grandeza. Pero aprendí algo sobre la naturaleza de la sabiduría, en cambio. Ese algo es que es inmanente: está más allá de nosotros, sea por encima o por debajo. No es por mi propia fuerza por la que voy a llegar a ser sabio: ni siquiera es fuerza que yo deba buscarla. En cierta forma, va a venir a mi porque quiere que sea sabio, porque Ella me reclama para sí. Incluso, en cierta forma, a mi pesar. Más allá de mi deseo o mi voluntad. Hagia Sofía tiene su propia voluntad.
Y eso aprendí: que el Mundo, el Todo, tiene su propia voluntad.
Muchas veces ante la pregunta "¿Sabés X cosa?" (por ejemplo, tal ciencia, o tal lenguaje de programación, idioma, historia) me encuentro confundido y algo obnubilado. Porque no conozco respuesta a tal pregunta.
En las ocasiones en que se me hace esa pregunta, respondo aquello que se pregunta, pero no se disìpa así mi perplejidad ni tampoco la sensación de asombro de que alguien me haga una pregunta tan inocente. Tan vaga. Tan intrínsecamente errada.
No voy a hacer injusto: yo mismo la he hecho muchas veces y tampoco alcanzo a imaginar un reemplazo, ni siquiera la pregunta "¿tenés pistas sobre X cosa?" ni "¿qué pensás sobre X cosa?". A decir verdad, el sentido en el que fluyen los pensamientos reflejados por mi perplejidad es completamente distinto del sentido por el que fluyen los motivos de la pregunta. Sin embargo hay un punto de contacto que no llego completamente a dilucidar.
Lo importante es, ¿es siquiera posible saber algo? Y si en verdad sabemos algo... ¿no es más bien que lo sabemos todo? No olviden, al leer mis extrañas palabras, la connotación que claramente ha de tener la palabra saber. Es como el sabor. No es un conocimiento, no es leerse el manual: no es conocer las propiedades químicas de la manzana. Es tenerla en la boca.
¿No es sentir algo - sentir el Universo?
¿No somos ya perfectos?
¿No es nuestro alma - el Todo?
Esta es la imagen con que respondió el I Ching a una pregunta mía:
"Al pie de la montaña, el lago: la imagen del decrecimiento. El hombre superior controla su ira y restringe sus instintos.
El lago al pie de la montaña se evapora. En este sentido, la mengua beneficia a la montaña, que se enriquece con su humedad. La montaña . permanece corno el símbolo de la fuerza obstinada que puede llevar a la ira. El lago simboliza la alegría desenfrenada que puede llevarnos a alocadas carreras v malgastar nuestras fuerzas. La mengua es necesaria; la ira se disipa manteniéndose quieto y el instinto es domeñado por la restricción. por el decrecimiento se enriquecen los aspectos superiores del alma."
Yo sé porque lo dijo.
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